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Réquiem de fuego
Las caléndulas se habían regado con cada una de sus lágrimas. Las leyendas le prometían un camino feliz, protección, los sueños cumplidos. Pero nada de eso llegó con las flores que cerraron apenas el sol se escondió.

El último golpe que recibió la llevó al jardín, frente a las flores que también la dejaban sola con la puesta de sol. Los colores amarillos y naranja resplandecían en sus ojos, arrancando las flores de raíz del jardín. Regó sus pétalos por sus pies descalzos e hinchados y se imaginó que era fuego.

Se limpió las lágrimas y sonrió. Conocía a la muerte… y era hora de invitarla a su casa.

Entró dejando los pétalos que quedaban entre sus dedos en el camino, dejando un rastro que se iba perdiendo al interior. Se cambió, se maquilló y peinó acorde a la ocasión.

Era por él. Siempre iba a ser por él.

Cuando el sol se escondió para no ver lo que haría, los demonios se sentaron en primera fila, alentándola. Las caléndulas cantaban el réquiem que los llevaría al otro mundo.

Mariana tenía un bidón con nafta sólo para él. Otros dos para el resto de la casa. Primero, derramó los otros en el interior. El olor de la nafta la mareaba, pero aún siguió con su plan hasta que llegó a su cama y lo vio dormir. Dormía tan plácido el desgraciado que le dio asco. Imaginaba que metía la mano en su pecho y apretaba su corazón hasta hacerlo explotar.

Pero con el fuego iba a alcanzar.

Destapó el bidón y comenzó a rociarlo. Él seguía durmiendo hasta que el olor y la humedad que sentía encima lo hizo despertar.

Ella se sintió feliz de que abriera los ojos.

Arrojó el bidón. Sintió a los demonios vociferar por ella. Las caléndulas volaban a su alrededor y con el fuego de su ser, soltaron las primeras chispas. Ella no se quedó atrás y encendió un fósforo. Luego dos. Luego tres, hasta que se quedó con la caja vacía, viéndolo arder.

Ella lo veía arder y retorcerse. La maldijo, la puteó y le rogó también. Había una mezcla de sentimientos en él por la desesperación de ver a la parca tan cerca que podía olerla. A Mariana ya no le importaba.

Se fue de la habitación entre las llamas. Las caléndulas brotaban del suelo en llamaradas que consumían todo. Una bella música se formaba con el crepitar de la casa. Era el réquiem que los mataría a los dos. La salida estaba obstruida por el fuego y ella seguía tranquila viendo el fuego esparcirse por la casa. Hasta ahora se ponía a pensar que ella nunca pensó en escapar de ahí.

******


Tuvo que mudarse a una habitación que pagaba gracias al seguro, hasta que la casa estuviera restaurada. Mariana sobrevivió al incendio. Ni ella misma creía contar con la suerte de salir con vida de aquella muerte segura, pero ahí estaba. Parte de su cara había sido desfigurada por el fuego y su brazo y pecho derecho. Apenas tenía una quemadura en la pierna de ese lado por un par de cosas, que le habían dicho, le cayeron encima y sirvieron de aislante. Ella no le prestó atención a nada en el momento que le dieron su diagnóstico, sólo podía pensar que estaba viva, que estaba sola, que no había más verdugo que la persiguiera ni la castigara.

El incidente había sido catalogado como un intento de homicidio, y con la suerte de su lado, lo habían acusado a él, tan sólo por una vieja denuncia que ella había hecho haría unos años. Volvía a ser la víctima y no el victimario por una extraña razón del destino. Intentó escapar de sus garras y murió antes de ser incinerada con él. Ella no podría haber pensado en una historia así, pero la policía que estaba con ella insistía que era una pobre mujer que sólo había sufrido hasta el final de su tormento.

Pero ya no pensaba en él, ni en los demonios ni las caléndulas que lo consumían todo. Ya no había un réquiem de soledad que iba en crescendo a medida que se le hacía más difícil respirar. Le dolía el cuerpo y le ardía la herida de la cara, pero nada de eso se comparaba a estar viva para disfrutar de su muerte.

******

Dos meses pasaron hasta que pudo volver a su casa, ya restaurada. La tierra quemada ya no servía, debía preparar de nuevo el jardín, pero esta vez, sin caléndulas. Llenaría el jardín de Alstroemeria de todos los colores. Había dado su corazón para conseguir esa libertad, sin la necesidad de que el cóndor rociara su sangre y se la entregara a los dioses. Si conseguía, también llenaría el jardín de gladiolo de todos los colores para celebrar su victoria.

Mariana se sintió en paz después de muchos años. Los dos primeros días estuvo bien, tranquila, hasta que escuchó su voz.

—Tu alma es mía.

La voz repetía lo mismo. Que su alma era de él, que debía serle fiel. Que no iba a escapar sin importar qué tan lejos se fuera.

Mariana corrió y se encerró en la habitación. El dolor en su mano empezó a aumentar. Ardía, quemaba, se estaba llenando de ampollas en el brazo y en la cara.

Huyó de la casa pidiendo ayuda. Después de todo, con la ayuda de la parca vendría a buscarla.

Desde las llamas del infierno…

Y las caléndulas quemadas…


Día nueve: Escribe un relato que ocurra en la casa de tu infancia.
¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? ¿Bien? Espero que sí, que hace un tiempo que tengo descuidado un poco el blog. Mucho trabajo y poco tiempo para sentarme a hacer lo que quiero y eso incluye escribir ¡más ahora! Mi hermana tuvo a su bebé y la casa está más agitada con el nuevo integrante de la familia ¡Jo! Yo que nunca me había visto conviviendo con un niño, ahora, hasta lo hago dormir (las vueltas de la vida).

Pero he vuelto a escribir <3

Un poco de terror/horror para la casa de mi infancia. Le tenía cariño, pero la casa intentaba matarnos ja, ja, ja. Suena a chiste, pero es anécdota. Tanto mi madre, mi hermana y yo tuvimos varios accidentes casi mortales en esa casa, de esos que cuando ves en retrospectiva, te salvas de milagro. No saben la cantidad de accidentes con autos que hubo en esa casa (que literal, acabaron metidos en el living de la casa), hasta que al fin nos mudamos y pudimos tener paz y no temer por nuestras vidas ahí ¡Jo!

Mi madre siempre dijo que esa casa estaba maldita por la primera esposa de mi padre, que fue ella quién construyó la casa y será que nunca nos quiso ahí, que fue hasta que nos mudamos que las cosas raras dejaron de pasar (el dueño actual jamás tuvo problemas). Así que da a qué pensar.

Es una de esas cosas de creer o reventar. Vaya a saber.

Así que aproveché un poco esto y una pesadilla que vengo teniendo bastante seguido ¡para sacarmela de encima! A ver si puedo dormir tranquila ahora.

Espero que les haya gustado.

¡Un abrazo!

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2 Comments

  1. El Demiurgo de Hurlingham 25 agosto, 2020 at 9:04 pm

    No hace falta que te disculpés. Cuando regresás, lo hacés con todo.
    Por ejemplo, con este relato, que es demoledor.

    Toda una serie de venganzas sucesivas. Ella se libró de él, en una forma drástica, a un alto precio.
    Parecía que estaba libre, aunque dañada, herida. Pero el espectro, irá por ella.
    Bien contado, bien logrado el clima de terror.

    Convoqué un jueves de relatos.

    Besos.

    Reply
  2. Citu 25 agosto, 2020 at 10:11 pm

    Estupendo relato muy vivido espero que ella pudiera ahora si huir de su verdugo ahora que él le obligo a morir . El relato te da algo de miedo Te mando un beso

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