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¡Hola a todos, mis queridos soñadores! ¿Cómo están? Yo sigo con el reto. Espero a terminar algún capítulo hoy así voy continuando mis novelas y termino alguna que ya están cerca del final. Por lo pronto, me toca el reto.
A ser sincera, este es uno a los que más le tenía ganas porque ya tenía un historia en mente, pero por esto de hacerlos al día y continuados, me demoro más de la cuenta en hacer los que más me gustan. Aunque es uno de los pocos sencillos que este año la pusieron bastante complicadita a la lista, que en el diez me veo a cuadritos.

Día nueve: Escribe un relato que integre las palabras ‘luz’ y ‘cuadro’ como elementos relevantes del argumento.
Museo
Cuatro guardias en menos de un mes. Aunque habían hecho las denuncias en la policía por la desaparición de esas personas, temían hacer una nueva o pedir al personal que vigilara el museo. Un museo de por sí no era muy visitado. Nunca había las congregaciones masivas del último estreno, y temían que con la noticia de que las personas desaparecían iban a tener muchos menos visitantes. 

El director estaba entre la espada y la pared. El último recurso con el que contaba era un investigador privado. Se había puesto en contacto con un detective privado para que investigara qué es lo que sucedía en el museo ¿Quién estaría detrás de las desapariciones? Sólo alguien muy observador y dedicado podría descubrirlo ya que él era demasiado viejo para eso y en ello, encontraba la excusa perfecta para escapar de casi, la mayoría de sus responsabilidades, delegándoselas a alguien más. 

El detective comenzó en el turno nocturno. Todos los guardias habían desaparecido cuando el museo estaba cerrado al público. Estaba oscuro pero iba con una linterna revisando cada uno de los pasillos. No había nada sospechoso allí dentro. Ni tampoco fuera, hasta había revisado los ventiluces, tomacorrientes y cada espacio ínfimo que había en el museo, intentando encontrar una pista consistente en ello. Y nada. 

Se pasó de esa manera durante una semana. No había nada y ya estaba dando por hecho de que no iba a cobrar el caso por no poder resolverlo ¿por qué no pasaba nada? Se suponía que él estaba oficiando de guardia, así que si iban detrás de los guardias, era lógico que él estuviera en la mira. Y ni así tuvo suerte. 

Apagó la luz de la linterna y se sentó contra la pared, dándole la espalda a un cuadro. Sacó una caja de cigarrillos, tomó uno entre sus labios y buscó el encendedor. Estaba solo así que nadie le iba a reclamar que fumase dentro y poco importaba realmente si no iba a obtener nada después de eso. 

Le dio una larga calada al cigarrillo cuando sintió pasos. No eran pasos comunes, eran de alguien pesado, como si pisara además, algo viscoso con los pies descalzos. Tanteó la linterna sin llegar a tomarla al sentir que una mano gigante lo tomó entre sus largos y peludos dedos. O más bien, garras. Podía sentir las uñas incrustasen su piel, habiéndolo horadado del pecho a la espalda, lo malo es que no lo había matado y el dolor persistía. Como pudo, tanteó el encendedor con las últimas fuerzas que le quedaban, más, al ver aquellos ojos furiosos clavarse en él, la bestia abrió sus fauces y le arrancó la cabeza. 

Masticó escurriendo sangre de su boca, dejando manchas hasta llegar al cuadro y meterse dentro de él, saboreando al hombre lentamente. 

Al día siguiente, la policía volvió al museo. No sólo había matado a un hombre, sino que habían manchado una valiosísima pintura. Sólo había pisadas desde donde se suponía que había estado el detective hasta el cuadro. Pero era ridículo pensar en ello, el único sospechoso que podría cumplir con esos requisitos, era Saturno, del cuadro de Goya que había sido dañado. Pero siendo lógicos, la policía sólo podía pensar que había sido un loco al que nunca le había gustado la pintura, por lo que acabó dañándola. Lo que nadie se dio cuenta, es que el hijo de Saturno había cambiado, se podía ver la gabardina beige y el celular sobresaliendo del bolsillo del detective decapitado en el cuadro, el detective que había muerto en sus manos por un caso que jamás podrían resolver porque jamás lo iban a creer. 

Supongo que la mayoría debe conocer a Goya. Una de sus pinturas más conocida es la de Saturno deborando a uno de sus hijos. Desde que vi el cuadro tuve la idea de su origen, que sería básicamente, Saturno alimentándose de personas y escondiéndose tras la fachada de la pintura.

Espero les haya gustado.
¡Se cuidan! Pasan un hermoso día y una bella noche.

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