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¡Hola a todos! ¿Cómo están? La verdad, es que me duele la cabeza y tengo el cansancio acumulado de todo el día, pero escuchar el entusiasmo de Dolina en el program me motivó a escribir algo hoy, que no quiero irme a dormir sin publicar nada, así que sigo un poquito con el reto y ya retomaré el otro que tengo en curso, quizás, mañana publique algún capítulo de mis novelas.
Día tres: Imagina que eres un superhéroe con una gran fobia a la oscuridad, escribe un relato de superación.
Miedos infantiles
Contaban con él. ¡Por supuesto que iban a contar con él! Era el único que tendría la fuerza, la habilidad y el poder de entrar y salvarlos pero era justo él quién no podía entrar. Los bomberos iban a tardar con sus máquinas, sin importar lo mucho que se apresurasen, pero estaban en aquella cueva, en aquella oscura y desolada cueva. Pero por sobre todo, oscura cueva. No se animaba. Había algo que hacia que sus sentidos se paralizaran y las palabras de los rescatistas y los curiosos que se habían acercado a ver los destrozos del alud más de cerca también se preguntaban porque el bueno de Valentino no se apresuraba a entrar y salvar a los que habían quedado atrapados dentro.

El oficial de policía lo apuró, pero tampoco fue suficiente para hacerlo reaccionar. Se quedó viéndolo todo. Probablemente, si le hacia espacio a la policía y los bomberos… No, corría el riesgo de un derrumbe dentro de la cueva y ellos no podrían hacer nada si eso sucedía: el tenía la ventaja de sus poderes.

Levitó cruzado de piernas, pensando la forma de salvarlos sin tener que entrar, meditando el medio murmullo estrepitoso de la gente que lo rodeaba.

—¿Este es el asombroso Valentino? Es sólo un cobarde —espetó un niño que no tendría más de diez años. Un policía quiso contenerlo y acabó por recibir un puntapié en la canilla mientras el niño se metía por un hueco que había visualizado, perdiendo todo contacto con el mundo exterior.

Valentino intentó detenerlo. Lo siguió rápidamente, penetrando el muro de piedras, quedando lleno de yesca. Su cabello negro se vio aclarado por el polvillo cuando se dio cuenta, estaba dentro de la cueva. El impulso de salir corriendo, volando y desaparecer lo atrapó por completo. Estaba oscuro, se sentía tenso, maltrecho. Se dejó caer al suelo, ovillado en un ataque de pánico.

Estúpidos poderes, que si no fuera por ellos, nadie lo estaría presionando para estar ahí dentro. A veces, deseaba haber nacido como cualquier persona normal, sin tener que estar al pendiente de todo, sin tener que estar pasando por todo eso.

Cerró los ojos con fuerza, haciendo que los pliegues de los mismos se intensificaran, aunque no había nadie que los notara y nadie más que él tuviera la vista agudizada como ver a través de la penumbra.

Era un cobarde, efectivamente. No podía hacer nada ante una situación en la que lo necesitan ¿cuántas personas había ahí dentro? Dos, tres cuatro, diez, veinte. ¿Cuántas personas dependían de él y sólo de él para volver a ver la luz? Quizás, y si no se apresuraba, tan sólo iban a morir dentro, fuera por estar heridos, por la asfixia, por un derrumbe, por el olvido.

Se arrepintió de ello y les pidió perdón en silencio, sin salir de su patética postura. Se sentía estúpido, pero sería un estúpido vivo. Sólo su respiración rompía el silencio hasta que el grito del niño lo acompañó.

Se puso de pie de un salto, elevando sus plantas del suelo, mirando a lo lejos: seguía oscuro. Se le puso la piel de gallina y se insultó internamente. Su conciencia no iba a ser buena con él ni en un momento como ese. El grito se repitió y sin poder hacer nada más, cerró los ojos y pensó en su lugar feliz.

No iba a mirar, no iba a mirar.

No iba a mirar.

No.

No.

No podía mirar o el poco valor que había llegado a juntar del interior de sus entrañas iba a esfumarse como se esfumaba su respiración a cada segundo. Se había dado cuenta de que estaba conteniendo el aliento a medida que avanzaba en el estrecho camino que había dejado la tierra. Se detuvo y tomó aire, usando su audición para encontrarlos, no abriría los ojos hasta llegar afuera. No abriría los ojos hasta llegar afuera. Se repetía eso como un mantra, como si fuera capaz de darle las agallas que había perdido.

Y mientras volaba en busca de las victimas, pensaba en otras cosas, por ejemplo, su nombre. Debía tener algo en qué pensar o de lo contrario, iba a salir disparado en la dirección contraria. Valentino. No era su nombre real, por supuesto, era el pseudónimo que le había puesto su mejor amigo cuando decidió que iba a ayudar a salvar a las personas de lo que fuera. Valeroso y honorable, eso era Valentino, dos cosas que él no era en lo absoluto y de las que no podía hacer gala aunque quisiera.

El grito se oyó con más fuerza, poniéndolo nervioso, pero estaba cerca, podía oírlo.

Llegó hasta el final del camino, donde había un nuevo desprendimiento, por eso había gritado.

—Cúbranse lo mejor que puedan —les pidió a los que estaban del otro lado y destruyó las piedras, haciendo una polvareda importante por los restos y la tierra. Había cuatro personas allí. Una mujer y tres niños, uno de ellos inconsciente y con una herida en la cabeza.

Y aunque se había dicho que no iba a abrir los ojos hasta llegar afuera, cuando sintió el desprendimiento, no pudo evitarlo, llenando nuevamente su vista de aquella densa oscuridad.

Tragó duro y miró a su alrededor, sintiendo una mano cálida que lo tomaba y le daba las gracias por haber llegado allí a salvarlo. No lo había visto por concentrarse en la niña, pero la mujer tenía la pierna cortada desde la pantorrilla al tobillo, razón por la que no podía moverse y se veía bastante pálida.

La tomó en brazos y le pidió a los niños que se subieran a su espalda y se sujetaran lo más fuerte que pudieran para salir de allí. Ellos obedecieron.

De pronto, el camino hacia el exterior no fue tan terrorífico como había sido al entrar, quizás, por estar acompañado o por haber visto la mirada del sufrimiento en el rostro de aquella madre. Se sintió más estúpido al poner los pies en la tierra y dejar a los damnificados para que recibieran atención médica.

Miró por sobre su hombro el agujero por donde había entrado y por donde habían salido. La mano del niño que antes lo había insultado, se posó una vez más en la suya y le dijo unas palabras que no esperó oír de ninguno de los presentes:

—Gracias por salvarnos.

Y él estaba a punto de decir lo contrario, pero el niño había llegado tan rápido como se había ido, con esa energía tan propia de los infantes.

Valentino, por esta vez, fue salvado y no al revés. De pronto se había dado cuenta de que no valiente el que no tiene miedo, sino que, a pesar de tenerlo, enfrentarse a él, con la esperanza de vencer.

Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

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16 Comments

  1. El Demiurgo de Hurlingham 17 enero, 2017 at 2:20 pm

    Una historia de superación.
    Cerrar fue una buena idea, tal vez tenía oídos desarrollados, para servirle de guia.

    Me da la impresión de que el pequeño es una manifestación de si mismo o de algún ente que ayuda a los heroes.

    Buen personaje. Tal vez merezca más historias.

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 19 enero, 2017 at 3:22 am

      ¡Gracias! La verdad, es que alguna idea tengo para este personaje, así que quizás, lo suba más adelante.

      ¡Un abrazo!

      Reply
  2. Mia Lozano 17 enero, 2017 at 5:04 pm

    Vaya,yo no he tenido miedo nunca a la oscuridad, pero debe ser muy difícil. Un buen relato, como siempre.

    Un besito guapa!

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 19 enero, 2017 at 3:22 am

      Pues, tener miedo y enfrentarlo es complicado, sea cual sea XD

      ¡Un abrazo!

      Reply
  3. Kath Hartfiel 17 enero, 2017 at 5:05 pm

    ¡Oh! Una historia con moraleja final. Me ha gustado, Valentino… es un nombre poco común.
    Animo guapa.
    Un besito

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 19 enero, 2017 at 3:22 am

      Bueno, aquí se puso de moda hace unos años y he llegado a conocer a varios XD

      ¡Un abrazo!

      Reply
  4. Sakuya Aikawa 17 enero, 2017 at 9:25 pm

    (。◕ ‿ ◕。)/ Holaaa!!!
    hermoso relato me ha gustado la enseñanza que deja sigue así! 😀

    Ten bonito día espero puedas pasar a visitarme un abrazo!

    穛 S4Ku SEK4i®

    Reply
  5. Cyn 18 enero, 2017 at 2:32 am

    Me encantó la idea de fondo y el nombre del héroe. Muy tierno el final. Muy humano el protagonista.
    ¡Saludos!

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 19 enero, 2017 at 3:23 am

      ¡Gracias! Costó, que mira que el reto no era nada sencillo XD

      ¡Un abrazo!

      Reply
  6. J.P. Alexander 18 enero, 2017 at 3:29 am

    Muy cierto el valiente es el se enfrenta a sus miedos y isgue . Descansa te mando un abrazo

    Reply
  7. Yessy kan 18 enero, 2017 at 3:44 pm

    Tu relato es muy encantador. La trama de tu personaje es fuerte, dinámica y decidida. has sabido transmitir la enseñanza y la reflexión que nos deja Valentino, tu protagonista. Posee las mejores intenciones, todo lo que necesitaba era una recarga de fuerza y decisión.
    Bso

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 19 enero, 2017 at 3:24 am

      Sí, exactamente, es cuando uno tiene la intención y le falta el empujoncito para seguir adelante.

      ¡Un abrazo!

      Reply
  8. Dafne Sinedie 12 septiembre, 2017 at 11:35 am

    Me ha encantado la resolución del relato: cómo muestras a un superhéroe que no se diferencia tanto de una persona normal debido a sus miedos e inseguridades, que al final logra vencer ese miedo gracias a un niño pues, como bien has explicdo, es él quien lo salva y no viceversa.
    Un besazo, Roxy

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 28 febrero, 2018 at 12:43 am

      Fue uno de los retos más complicados porque no era como que pudiera elegir el miedo ¡y más en un superhéroe! Pero fue divertido y me ha encantado llevarlo a la práctica, que Valentino me ha dado muy buenas historias <3

      ¡Un abrazo!

      Reply

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