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¡Hola, hola, mis queridos soñadores! ¿Cómo están? ¡Retomo reto! Y ya era hora de hacerlo, que a éste lo he tenido tan abandonado, que a veces, creía que no iba a ser capaz de retomarlo >.< pero finalmente, he vuelto con ello, aunque éste en particular, es de los 52 días de escritura del año pasado, que aun no he tocado los de éste año (?) a ver si me pongo las pilas y termino todo antes de finalizar el año +w+

Por lo pronto, los dejo con el día 29, que posiblemente, los vaya haciendo salteados, pero los haré a todos, eso es seguro +w+
El peor enemigo
Día 29
Mata al chico. Literal o figuradamente, mata a esa figura infantil que habita cerca de ti, Jon Nieve.





Quería quitar esa estúpida sonrisa de su rostro. La odiaba. Odiaba como se veía cuando sonreía al hablar de las personas que quería. Odiaba cuando hablaba de sus logros, de su vida. Era un sentimiento que brotaba en la boca del estómago y le llegaba a la garganta como ácido.

Se había imaginado más de una vez matarlo, acabar con su vida y quitar la maldita sonrisa de su rostro. Hasta su estúpido corte de cabello o esa camisa que se le veía tan bien.

Todo.

Quería destruirlo.

Lo miraba y se lo imaginaba de cientos de formas. Corriendo su sangre de sus venas lentamente, así sufriera. Se imaginaba que nadie iba a extrañarlo. Nadie. Simplemente, dejaría de estar.

Odiaba verlo solo y, aun así, verlo feliz, como si eso no importara. Odiaba que nunca reclamara nada de lo que debía hacer. Lo dejaban de lado, lo hacían menos, lo habían humillado de tantas formas y seguía poniendo la maldita sonrisa y la mirada tierna.

Lo vi llorar varias veces y actuar como si nada para no preocupar a los demás. Y nadie se preocupaba por él.

Merecía morir, se lo decía mil veces, lo pensaba al detalle, al punto de que sabía exactamente qué instrumentos usar para llevar a cabo su plan. El cuchillo, el martillo, el bisturí que estaba cuidadosamente escondido entre sus libros, la navaja suiza que todavía no había estrenado… había tantas formas de llevarlo a cabo, aunque fuera sólo una la que necesitaba.

Tomó la decisión de hacerlo un día. No fue nada especial. Sintió la rabia que él no demostraba cuando lo invitaron al bar tan sólo para burlarse al no llegar mientras él esperaba horas con ansias e ilusiones cada vez menos y menos claras.

Se fue a la medianoche, con la misma tranquilidad de siempre.

No estalló.

No gritó.

No lloró.

Se fue de la misma manera que llegó: solo.

Y entonces, ya no pudo soportarlo. No merecía eso. Era demasiado para una persona. Y no dudó en sacar la navaja y cortarle el cuello una, dos veces. No llegó a la tercera.

La mano le tembló, el aire le faltó. Ya era tarde. Nadie lo salvaría.

Pensó que si hubiese actuado como su conciencia se lo decía, hubiese llegado a hacerse valer y no habría tenido que tomar la decisión de suicidarse. En su último halito de vida, se dio cuenta de que la persona que más se odio en vida, fue él mismo.

Día 28
Dia 30

¡Un abrazo!

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2 Comments

  1. Yessy 17 mayo, 2019 at 5:33 pm

    !Yay! pobre, debió luchar contra el mismo. Los desprecios de los demás aniquilaron su autoestima, y lo llevó a tomar una errónea decisión. Me gusto como elaborastes la trama.
    Abrazo

    Reply
    1. Roxanabr 18 mayo, 2019 at 5:37 am

      ¡De hecho que sí! Pero a veces, con un autoestima nulo, deprimido y sin apoyo, es difícil que algunas personas salgan adelante, como el caso del protagonista.
      ¡Un abrazo!

      Reply

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