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¡Hola, hola, mis amores ¿Cómo están? De nuevo, no llegué al reto de la semana. A pesar de que lo tenía bien armado, no conseguía redondear bien la idea y que me gustase el resultado final, así que lo escribí varias veces ¿Les ha pasado que tienen más versiones de un relato que relatos? Bueno, así me sucedió con éste ¡hasta que lo conseguí!

Esta semana nos coordina Neogéminis y nos propone escribir un relato usando al menos dos de los cinco elementos que nos propone. Estos son:

Un ángel
Una casa antigua
Hojas de otoño
Un violinista
Un atardecer.

Los invito a leer a los compañeros por aquí.
La magia del violín
Ese violinista era capaz de crear. No creas que hablo sólo de que era un gran músico y componía bellas obras. Cuando deslizaba sus dedos en el violín y el arco sacaba notas de las cuerdas, su magia comenzaba. No, no era sólo eso. Cuando él tocaba, era capaz de plasmar en imágenes lo que su melodía transmitía.

Cuando lo escuché por primera vez, la melodía era eufórica, casi que parecía hacer a sus cuerdas hablar. Los ángeles danzaban a su alrededor. Entre notas y armonías, era capaz de volverlas reales y así, no sólo nos hacía escuchar y sentir lo que su música decía: también se lo podía ver.

Al día siguiente, volví al mismo lugar. Interpretó la bella melodía de Las hojas muertas y ahí, justo en medio de la peatonal, cerca de la fuente, un árbol grande se forjó a su lado. El piso se cubrió de hojas secas. El hermoso tono entre amarillos, rojos y naranjas que tuvo el suelo mientras la melodía sonaba, deteniendo a los transeúntes en su andar, era mágico.

La última vez que lo escuché fue el día siguiente a ése. Fue un día que marcó un antes y después: me liberó. Salí del trabajo y acorté camino por esa peatonal. Ya ni si quiera iba por ahí por llegar más rápido a casa sino, por escucharlo tocar. Deseaba que sus notas sacudieran mi alma de alguna forma y me hicieran recordar que seguía vivo más allá de mis obligaciones. Porque cada uno de sus acordes hacia latir cada fibra de mi cuerpo como si renaciera en cada compás.

Y me reinventé.

Recordé esa canción y me vi de niño, jugando en la puerta de aquella casa que había marcado mi infancia, mi adolescencia y mi mediocre adultez. Me vi sonriendo, pintando un atardecer, jugando con la pelota. Me vi feliz. Me sentí vivo. No sólo existía cumpliendo una rutina cansina y sin sentido, hacia lo que quería, tenía sueños, pasiones esperanza.

En esa melodía veía la casa, veía mi infancia. Veía mi oportunidad.

Corrí a tomar el colectivo y llegué a mi casa. Hice un bolso, saqué mis ahorros y esperé a la mañana.

Con la mochila al hombre, con los sueños por delante, con este sentimiento impetuoso que ansía salir y crecer, me fui al primer rayo del sol.

Y aprendí a vivir. Aprendí a dejarme llevar por la magia que me mostró aquel hermoso y triste violín.

¡Un abrazo!

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8 Comments

  1. El Demiurgo de Hurlingham 21 agosto, 2018 at 2:58 pm

    Recuerda al mito de Orfeo. Lo que está bien, ya que hay grandes historias que tienen inspiraciones míticas.
    Me gusta eso de que la música haya inspirado un cambio en el personaje.
    Besos.

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 23 agosto, 2018 at 5:24 am

      Mira que no había pensado en el mito cuando lo escribí ¡suerte que son de dominio público! XD
      Me encanta eso de la música, puede llegar a ser muy profunda <3
      ¡Muchos besos!

      Reply
  2. Cyn 22 agosto, 2018 at 12:23 am

    Qué ternura. Yo quiero escuchar ese violín también.
    Precioso relato.
    Un abrazo.

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 23 agosto, 2018 at 5:25 am

      ¡Ganas no me faltan tampoco! Me alegra que lo hayas disfrutado.
      ¡Un abrazo!

      Reply
  3. J.P. Alexander 22 agosto, 2018 at 3:16 am

    Uy que hermoso relato, hasta me sacó un suspiró

    Reply
  4. Yessy kan 23 agosto, 2018 at 2:05 pm

    !Qué texto más encantador!
    La melodía le hizo hacer un viaje de introspección a su interior para buscar ese cambio que necesita para crecer. Te quedo un relato muy enternecedor. !Que pasada, me fascino!
    Abrazo

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    1. Roxana B Rodriguez 27 agosto, 2018 at 8:48 am

      A veces sólo falta un empujón y uno puede encontrarlo casi en cualquier lugar, más si la magia es quién lo guia.
      ¡Un abrazo!

      Reply

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