Al final del camino

¡Hola, hola, mis queridos soñadores! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Hace mucho escribí esta historia, casi a principios de año, especialmente, para un concurso de Escritensistas. El tema era libre, sólo que había que incluir una paloma como elemento principal de la trama. La cosa no es sencilla considerando que la paloma es un ave que jamás llegué a usar para escribir y finalmente, lo hice. La verdad, es que el cuento no ganó, pero yo quedé muy satisfecha con el resultado.

Espero les guste 🙂
Al final del camino

Las plantas de sus pies estaban casi en carne viva. El vestido largo había quedado raído, con la cola arrastrándose mientras caminaba. Ya no tenía fuerzas para cortar la tela, de lo contrario, ya se habría deshecho de él. Pero no podía. Y no es que no hubiese hecho el esfuerzo, tan sólo, ya no tenía fuerzas para seguir. Estaba segura que, si caía, ni siquiera iba a poder levantarse por lo que se aferraba a cada cosa que veía; fuera una roca, los restos de un árbol, hasta aquellos restos de huesos gigantes, que al principio sólo le daban impresión, ahora, la salvaban de rendirse.

No recordaba en qué momento había perdido sus zapatos, sólo cuando el suelo desnivelado, lleno de rocas, algunas más filosas que otras, entre otras tantas cosas que no había podido identificar comenzaron a lastimar su piel, se dio cuenta de ello. Entre la desesperación, la garganta seca y el dolor que sentía tanto mental como físico, no encontraba razón lógica para seguir de pie.

El maquillaje había quedado arruinado por completo. Los restos del rímel caían como ríos negros por sus mejillas. Ni hablar de las sombras o el labial. Ella que había llegado sintiéndose la más bella del salón, ahora, ni siquiera era capaz de compararse con un vagabundo.

Y entre hipidos, recordaba lo sucedido sin poder creerlo. Sin tener fuerza para llamarlos una vez más, como lo había hecho desde el momento en que cayó a ese oscuro agujero que le estaba costando la vida…

La fiesta de aniversario la había dejado loca de la emoción. Pero el tiempo fue pasando y al llegar el momento en que su novio la tomó de la mano cuando su canción favorita comenzó a sonar, tuvo un mal presentimiento. Cuando hizo una voltereta y vio una paloma brillante sobre la araña del salón, tuvo un escalofrío y la necesidad de salir de ahí. Fue un impulso que no pudo llevar a cabo cuando su novio la jaló del brazo atrayéndola a su pecho y en ese preciso instante, el aire se atragantó en su boca al mismo tiempo que la saga de mango de plata se incrustó en su pecho.

Su cuerpo cayó hacia atrás. Su hermoso vestido color lavanda se iba manchando con su propia sangre y ya no sabía si es que no había un suelo al qué desplomarse o era su imaginación. No podía hablar ni pedir ayuda, apenas su voz sonó como un ronquido cuando quiso decir el nombre de su pareja.

El momento en que su cuerpo siguió descendiendo le pareció eterno, aunque apenas fueron unos minutos antes de que terminara por golpear su espalda contra la tierra rígida y puntiaguda. Por un instante brevísimo, le pareció ver unas plumas que resplandecían caer alrededor suyo y disolverse en el aire. Pero lo dudó. Nada de eso podía ser real. El cielo púrpura, el piso tan mortal como viscoso y mal oliente, incluso, esos rayos que provenían del suelo y se esparcían por el cielo. Y aunque parecía ser un lugar inhóspito para cualquier tipo de vida, encontró algunos seres deformes y tan asquerosos como el mismo sitio.

Sentía arcadas y al ver sus brazos chorreantes de aquella materia desconocida y de color marrón verdoso. Se limpió haciendo cara de asco, no podía mantener la compostura en ese momento, hasta que notó algo que le llamó particularmente la atención: el pecho no le dolía. Se palpó el mismo por sobre e vestido y se animó a estirar el escote del vestido y mirar su pecho directamente, percatándose de que la herida que la llevó a aquel sitio había desaparecido por completo. Sin embargo, aún estaba la sangre en su vestido confirmando que sucedió. Lo que ahora tenía que averiguar con precisión es qué es lo que le estaba sucediendo, por qué del salón llegó ahí; por qué su novio la hirió de esa manera; por qué no había muerto.

Tragó saliva y miró con miedo a su alrededor. Jamás fue una mujer muy dada a la aventura. La ciudad era lo suyo y sin mapa y sin rumbo jamás se había mandado a ningún lado. Ahora, no sólo estaba en tierras extrañas, sino que también estaba sola y muerta del miedo, tanto así que no se había dado cuenta de que estaba temblando hasta que se vio las manos y las apretó contra su pecho, así como apretó los labios y los ojos evitando las ganas de llorar.
Respiró profundo varias veces cuando volvió a ver a la paloma. El ave se veía más brillante y mística que antes, cuando la vio por primera vez en la fiesta. Ésta, se quedó mirándola y como si le hubiese dicho algo con la mirada, extendió sus alas y comenzó a volar. Iba a altura considerable, pero aún, ella era capaz de seguirla ya que el ave parecía estar guiándola a algún sitio y siendo el único ser vivo que le inspiraba confianza, no lo dudó y aunque estaba mal, siguió por el camino que iba marcando con el vuelo.

Fue fácil seguirla, al principio… a medida que se iba adentrando más en aquellas tierras, el panorama se veía mucho peor. Entre restos de cadáveres, cuerpos putrefactos y esqueletos gigantes de animales que ella jamás había visto en su vida, andar, respirar, mantenerse completa y cuerda se iba volviendo mucho más difícil. Lo peor fue cuando llegó a un risco y la única forma de pasar era por los restos putrefactos de una caja torácica. Aún quedaban restos de los músculos y al pisarlo por accidente, sintió tantas ganas de vomitar que no pudo seguir aguantando y tuvo que detenerse hasta que vació su estómago y pudo hallar la fuerza para volver a ponerse de pie.

La paloma se detuvo, parada en los restos humeantes de lo que fue una caja torácica. Ella dudó, pero había una luz, había una posibilidad de salir; de lograr sobrevivir; de poder respirar tranquila y dormir en paz hasta que su cuerpo se recuperase del impacto sufrido y tuviera la entereza mental para afrontar que estaba sola a partir de ahora. Como si esa luz fuera una recarga de energía, comenzó a correr sin importarle que sus pies estaban a la miseria o que su podía no tener más que una desilusión. Estaba claro del otro lado, no olía a muerte ni a putrefacción y esperaba, no encontrarse tampoco con los restos ni escuchar los gritos de nadie.

Asomó una mano desde aquel sitio, una mano humana, una que ella conocía bien. La forma de los nudillos, las uñas, la forma cuadrada de sus dedos ¡todo! Sus ojos se llenaron de lágrimas y una sonrisa floreció en su rostro. Agitada, feliz, llena de esperanza, aumentó el paso aguantándose el dolor para finalmente, llegar y entrelazar sus dedos ágilmente con los de él. Podía sentirse feliz, tranquila ahora que tomaba su mano.

Sintió su cuerpo ser jalado con suavidad hacia el otro lado. Su corazón aun latía tan rápido que le dolía en el pecho y entre la luz y las lágrimas que empañaban sus ojos, casi no distinguía nada a su alrededor. Pero se sintió segura y eso era algo que desde hacía horas o días que no experimentaba. Más, poco a poco fue recuperando sus sentidos y ante aquella sensación en su rostro de la mano que corrió sus lágrimas, sintió un repentino escalofrío que nació en su columna y se esparció por todo su cuerpo: ya no era una mano, era lo que quedaba de ella. Los dedos huesudos corrían sus lágrimas, encontrándose con aquel frio esqueleto que la sostenía de la cintura. El grito se atoró en su garganta mientras se le terminaba de desgarrar el alma.

El esqueleto, movió su mandíbula y aunque la vista era tétrica, le pareció que sus huesos reflejaban una sonrisa y eso la hizo temblar aún mucho más. Justo cuando creía que era capaz de conseguir un poco de paz, de esperanza, algo que prometiera la salvación que buscaba, el miedo volvía a reclamar cada uno de sus nervios y las lágrimas como los temblores seguían apoderándose de su cuerpo, sin poder dar con una forma de escapar. El esqueleto era fuerte, a pesar de que no lo pareciera, sus huesos se habían enredado con mucha fuerza en sus muñecas, dejando enrojecida la zona de donde la sostenía.

Todavía, a ella le quedaba algo de fuerza para oponer resistencia y así, a rastras y lastimando más sus piernas y parte de sus piernas, consiguió llevarla a pesar de oponerse. Y lo peor no acababa de llegar. A medida que avanzaban, una respiración fuerte, ronca y con un aliento putrefacto llegó a sus fosas nasales. Cuando ella creía que no podía sentirse peor, le sucedía esto. El esqueleto se detuvo en el precipicio, al borde del mismo, sólo se veía un oscuro y denso vacío del que no se podía apreciar nada más que ese fuerte ruido de la respiración, como si una bestia morase en el fondo del mismo.

El miedo la paralizó, especialmente, cuando el esqueleto volteó hacia ella y al caer su mandíbula inferior, se escuchó una chirriante risa que sacudió todo su sistema nervioso. Tembló, lloró e intentó oponerse. El esqueleto luchaba por tirarla al vacío y ella, hacia sus esfuerzos, entre suplicas, llantos y balbuceos inentendibles, quería rogarle que no lo hiciera. Pero él no se rendía y ella, no cedería a morir de esa manera.

Por un momento, su esperanza se renovó cuando logró desencajar la mano del esqueleto, o lo que quedaba de sus huesos y soltarse de él, al menos, la fuerza que ejercía era menor, pues, aún seguía apretándole la muñeca. Más, no consiguió mantener esa luz por mucho tiempo al ver la paloma, la que antes había sido como una pequeña ave común y corriente, al acercarse a ella, iba aumentando de tamaño, el suficiente como para que sus patas la tomaran y la llevaran volando. Fue un segundo el que pensó que ella podría ser salvada, que podía tener una vida después de eso. Pero fue un segundo también el que le confirmó que la paloma nunca había intentado ayudarla. Apenas estuvieron debajo del abismo, la soltó, cayendo a las garras de la bestia.

Un grito, el último que ella pudo dar, se escuchó haciendo eco mientras un crujido intensificado por el precipicio y el sonido de las fauces de la bestia, rompió la barrera del sonido, exclamando con fuerza cuando acabó de devorarla.

El abismo que mantenía a la bestia cautiva, se agrandó al momento en que terminó de comer.

Ya sólo faltaban tres sacrificios más para que la bestia reviviera.

La paloma, que se posó en el picaporte de la puerta que había llevado a la muchacha ahí, aleteó un par de veces antes de volver a cruzar el umbral, llegar al mundo humano, hacer algún trato con los hombres y conseguir las almas que faltaban para poder traer a su amo a la tierra una vez más. Para que, al fin su reinado pudiera prosperar lejos de aquellas tierras de oscuridad.

¡Un abrazo!

¿Te gustó la entrada?

Haz clic en los corazones ¡y vota!

Votos / 5. Votos:

6 Comments

  1. Yessy 26 mayo, 2019 at 9:29 am

    Hola Roxana,
    Dejame decirte que has tenido el perverso placer de hacerme palidecer ante la angustia espeluznante de tu protagonista. Me hicistes creer que esa inocente paloma lo unico que queria era ayudarla!! y la mano humana que se le apareció, y ella creyo reconocer!!se me congelo el corazon al ver la horrorosa odisea por la que tuvo que pasar hasta llegar a ese final macabro. Me dejaste boquiabierta, magnífico y horripilante relato!
    Un abrazo y feliz dia!

    Reply
    1. Roxanabr 26 mayo, 2019 at 5:36 pm

      Oh, qué genial comentario <3 me alegra que te haya gustado y te haya hecho sentir así, tenía mis dudas sobre usar una paloma para hacer algo como esto XDDD que la verdad, daba mucho para hacer algo esperanzador, pero no, mi imaginación me pudo.
      ¡Un abrazo y feliz día!

      Reply
  2. Citu 27 mayo, 2019 at 12:30 am

    Uy te quedas con ganas de más , genial cuento

    Reply
    1. Roxanabr 27 mayo, 2019 at 7:03 pm

      Muchas gracias, me hace feliz que te gustara.
      ¡Un abrazo!

      Reply
  3. El Demiurgo de Hurlingham 29 mayo, 2019 at 10:51 am

    Parece que hubo una conspiración contra la protagonista, que empezó cuando fue violentamente asesinada. Y reanimada como muerta viviente, y revivida para ser victimizada por un esqueleto. Y arrebatada de ese peligro, para ser entregada a un monstruo que la devoró. ¿Que ser surgirá cuando se cumplan los sacrificios que faltan?
    Bien logrado el efecto del terror,

    Reply
    1. Roxanabr 30 mayo, 2019 at 5:46 pm

      Exactamente así. Es como un castigo para quien no lo merece. Me gusta la duda final que dejas, da para algo más para escribir.
      ¡Un abrazo!

      Reply

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *