Apaga la luna que los ángeles nos miran – Parte dos

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de las mil maravillas ¡llegó con la segunda parte del cuento! Y creo que me queda para una tercera xD Les dije que era largo, que me entusiasmé con él <3 Espero que les guste que es macabro que estos dos personajes son sumamente retorcidos y me fascinan porque les importa un soberano rábano todo <3

Jim
se había dejado llevar por los efectos del alcohol, la belleza exótica de
Allison y sus propios instintos. Estaba demasiado borracho para decir que no o
pensar con claridad, en ese momento, su lado más sucio era el que estaba al
mando y era justamente el que necesitaban ellos dos.
Allison
lo tomó de la mano y lo acomodó entre las sabanas de seda, quitando los
almohadones y ayudándolo a acostarse en el centro como quien terminaba de
preparar el plato principal con especial devoción.
Entre
besos, caricias angurrientas, se habían ido deshaciendo de pudores y tabúes,
dejando las manos recorrer los cuerpos desnudos sin inhibiciones. Los tres se
fueron fundiendo en una noche de sexo pasional mientras la luz de la luna se
colaba por la ventana. Enredando las sabanas, mojándose en el placer y gimiendo
hasta que el amanecer les diera el alto.
Agotados
por el vaivén salvaje del deseo, sucumbieron en la cama dormidos hasta que el
sol los molestó lo suficiente para despertarlos.
—Nos
toca— dijo Steve poniéndose los pantalones y entregándole a Allison la camisa
para que se vistiera —ya te divertiste—.
Ella
sonrió saliendo de la cama con sigilo ya que Jim aún no se había despertado. La
camisa cayó sobre su cuerpo ocultando la delgadez y las marcas que habían
quedado tatuadas en ella por la noche anterior.
Atado
a la cama, con las sábanas de seda cubriéndolo, los gritos comenzaron a
ahogarse en aquel lugar perdido en el bosque. Las manos de Allison y Steve se
vieron teñidos de rojo por la sangre, caliente y viscosas. El ambiente de la
habitación era perfecto, incluso, cuando el silencio se apodero de todo, siguió
viéndose una imagen tan perfecta que incluso, superaba a lo que se habían
imaginado. Ninguno de los podía arrepentirse de ello.
—¿No
son hermoso?— preguntó Allison a Steve limpiando con cuidado los globos
oculares del muchacho, habiéndolos sacado después de muerto ¿por qué? Porque le
encantaban y si estaba vivo, podían terminar estropeados por algún movimiento
en falso, así que ella siempre esperaba a que Steve terminase su trabajo para
ella proseguir con el suyo.
          

—Lo son— observó el color de los mismos a través dl frasco con formol
en que ella los había depositado, dirigiendo su mirada al frágil cuerpo de su
novia, aun sólo con la camisa encima y la sangre seca que se había salpicado
encima de ella: le parecía una de las mujeres más bellas que había visto ante
semejante decadencia.

Las
manos de Jim también habían sido de su agrado y después de examinar su cráneo,
decidieron quedarse con él también. Su pequeña colección iba cobrando forma,
era como un museo, pero no hacía falta tener cientos de años y una historia
interesante. La única historia interesante sería piezas.
Ojos, manos, hasta algunos órganos, sólo debía gustarles. Era todo lo que se
necesitaba para estar en aquella peculiar colección.

Incluso,
había una practica que Steve hacia que a ella le fascinaba: se cortaba y
dejaba su sangre caer sobre las velas para perfumar el ambiente. A veces, él
mismo hacia las velas, mezclando la parafina con su propia sangre, tiñéndolas y
perfumándolas. Verlo hacer eso, mutilarse por gusto propio, la excitaba.
Aquella casa, era el paraíso de dos personas trastornadas.

—Allison,
ven— la llamó haciendo que dejase de pulir la calavera de su mesita de noche
para seguirlo a la sala donde estaba el televisor.
Iba
una semana desde su última noche de diversión y con eso, tenían suficiente para
que la diversión se viera entre ellos dos nada más: Allison aún tenía el corte
en su espalda de donde Steve había bebido después de una larga y apasionada
noche de sexo.
Habían
quemado la ropa y se había deshecho de los huesos en una de las tumbas del
cementerio. Nadie iba a sospechar de los muertos.
Él
se sentó en el sillón y ella acabó entre sus piernas, viendo la noticia de que
su último juego estaba siendo buscado. El chico que habían conseguido era
alguien importante, según lo que estaban viendo, lo que les causó una retorcida
satisfacción al saber que había sido tan fácil engancharlo.
—Era
alguien de dinero—
—Y
yo tengo sus ojos— se regodeó contra su pecho por semejante logro, dejando la
noche de fondo mientras él recorría su cuerpo con sus dedos para desvestirla en
el sillón, escuchando de la opulenta recompensa de dinero a quien diera
cualquier información.

El
aburrimiento los siguió  a pesar de que
su última cacería había sido muy fructífera, la emoción había sido mucho menos
duradera que otras veces. Quizás, el saber que era alguien de alto vuelo le
había quitado la emoción, aunque eso no era algo que intimidase a la pareja: no
temían por ellos pero estaban listos a salir a cazar de nuevo.





Tenían
planeado salir a tantear el terreno aquella noche a otro bar de mala muerte.
Allison estaba ansiosa por conseguir un nuevo par de ojos, había un estante vacío
que quería llenar rápidamente, pues, los veía solitarios. Adoraba los ojos, en
especial, cuando tenían alguna particularidad, como la heterocroma o algún
color extraño. Había unos realmente extraordinarios que cambiaban de color
según la luz del día. Y aunque le encantaban, sus favoritos eran los de un
hombre mayor que habían conocido al cierre de un bar. Él tenía heterocroma: un
ojo de color lavanda y el otro, de un brillante azul cielo, en un tono muy
parecido al de ella, pero los de este hombre, parecían mucho más brillantes,
como con una luz en ellos. Se fascinaba observándolos a través del cristal del
frasco durante largas horas.

—Es
hermoso— repetía una y otra vez como si pudieran hallar encantadores los
halagos aquellos restos, los miraba con la fascinación de un niño descubriendo
el mundo. 

Para
cualquiera, aquello habría sido una escena macabra salida de una mala película
de horror, Steve se deleitaba viéndola fascinarse por los ojos de un hombre,
más cuando encontraba esa misma maravilla cuando lo veía a él, sus marcas o sus
manos ensangrentadas. Él también disfrutaba de su colección, pero disfrutaba
más ver a Allison apreciando la misma. El deleitante olor de la muerte que
embriaga el sitio era algo que hacía que se olvidase del mundo y encontrara una
nueva razón para vivir: ampliar su colección. Sería la más grande, la más bella
y siniestra que alguien haya visto jamás. Ese era el motivo por el que había
nacido después de todo: para causar la muerte de los demás.

 

Allison
entró corriendo atravesando el umbral de la puerta con rapidez, sosteniendo el
celular entre sus manos esperando que su novio lo viera.
—¿Qué
sucede?— preguntó con tranquilo tono de voz asomándose a la puerta de la
cocina, observando el entusiasmo de la muchacha que había perdido el hilo de la
conversación al sentir el dulce olor de los panqueques recién hechos que
inundaba la cocina.
—¡Panqueques!—
dijo con una sonrisa tomando uno, olvidándose de todo.
—¿Qué
es lo que querías decirme, Ali?— preguntó volviendo a la cocina dejando que
ella terminase de comer. 
Rápidamente
recordó lo que iba a hacer, dejando el panqueque a medio comer sobre la encima
para buscar en su celular la fotografía que había tomado en la tarde cuando
salió.
Steve
tomó el aparatito acomodándose los anteojos sobre el puente de su nariz y
observó la fotografía con precisión de cirujano hasta que la pantalla se apagó.
Era interesante, sin duda alguna, no había duda de que Allison tenía un muy
buen ojo para elegir a sus presas. Era una chica bonita, aunque con las mujeres
solían tener un poco más de recaudos ya que pocas veces encontraban a muchachas
tan interesantes solas.
Apagó
la sartén y llevó la bandeja con panqueques a la mesa para luego, dejar dos
tazas de café en ella y sentarse a su lado. Había sido por esas cosas del
destino que ella había llegado a su vida y le había traído un nuevo matiz
macabro que, quizás siempre había estado latente en él y hasta ese momento se
dio cuenta de ello. Ali era todo lo que necesitaba y quería. Ambos eran
justamente lo que necesitaban, completándose como un todo oscuro y único que
absorbía todo y lo dejaba en nada.
Una
vez más, se alistaron para salir a la noche. Aquel bar en donde habían encontrado
a su última pieza de colección ahora les iba a proporcionar otra por la que
ambos estaban ansiosos de salir y conseguir mucho más material para su museo,
aquel que adoraban y le había dado una razón para vivir y seguir respirando:
quitarles el aliento a otros. Les causaba placer ¿Qué mejor que eso? Ambos eran
felices de esa forma ¿Qué más podían pedir? Sólo ampliar su colección y
conseguir más piezas bellas, por supuesto.
—¿La
seguimos o sólo la encaramos?— preguntó Allison al ver a la muchacha acompañada
de un chico.
—Veamos
hasta donde llegan. Con suerte, quizás sean dos— dijo Steve rodeándola por la
cintura y Allison sonrió radiante acariciando sus dedos suavemente, adoraba la
tibieza que desprendía su cuerpo cuando la tenía cerca.
Siguieron
a la pareja sin que se dieran cuenta hasta que los perdieron en el segundo piso
del bar. Ambos quedaron sorprendidos de que un antro como ese tuviera una sección
con más clase ¿Qué tan decadente podría ser? Ambos estuvieron ansiosos de
averiguarlo, pero el destino les había arrebatado a su presa y sin ánimos de
volver a la búsqueda de otra, habían decidido volver luego para intentar
atraparlos una vez más o conseguir una nueva. Si había otra de mejor calidad
¿para qué perder el tiempo en las baratijas?
Salieron
de allí buscando otro sitio que pudiera saciar sus deseos, caminando bajo los
fluorescentes de aquel barrio oscuro, sucio, con aire dantesco en el ambiente,
como si el infierno estuviera a la vuelta de la esquina o peor, ya estuvieran
caminando en él. Alguien podría matar a otra persona en plena calle y nadie haría
nada. Ese tipo de decadencia y violencia era el pan de cada día, por eso, la
pareja se sentía tan cómoda al pasear por ahí: era su paraíso en tierra.
—Mira
¿no es el mejor espectáculo?— señaló al frente al poder presenciar un ajuste de
cuentas.
Ambos
se quedaron parados en la vereda viendo a dos sujetos pelear. Uno de ellos
acorraló a otro contra la pared y con una punta, lo mató. La clavó en su cuello
con tanta fuerza que casi podrían jurar que sintieron el sonido de la piel desgarrándose
y abriéndose de una punta a la otra, con la sangre manando como una cascada de
su cuello.
El
hombre quedó convulsionando en el suelo hasta que su último aliento cargado de
un coagulo de sangre escapó de su boca.
—¿Podemos
ir a verlo? Si tiene unos lindos ojos, los quiero— lo tomó de la mano la
muchacha y lo hizo acercarse a él, poniéndose de cuclillas al lado del cadáver.
—¿En
serio? Se ve un tipo muy soso— advirtió Steve al tomarlo de la cabellera sucia
y levantar la cabeza del cuerpo inerte.
—Podrían
tener más respeto con el cadáver de ese hombre— dijo un tercero, agitado, encorvándose
colocando sus manos sobre las rodillas para recobrar el aliento, tanteando en
su bolsillo buscando el celular.
—Ya
está muerto. El respeto es algo que sólo sirve a los vivos. A los muertos no
les afecta— dijo Steve limpiándose la mano sobre el muslo y metiendo las manos
en los bolsillos momentos después.
Allison
se puso de pie, más, al ver al hombre que los acababa de regañar, sus ojos
brillaron con gran entusiasmo y una sonrisa curvó sus labios. Realmente, el
tipo que habían matado era demasiado soso, pero aquel hombre que tenían en
frente no.
Steve
supo al verla qué significaba ese tipo de mirada: habían encontrado al
reemplazo y con gusto iba a aceptarlo. No permitía que nadie le dijera qué
hacer, menos con tanta prepotencia.
—Su
cabeza es hermosa— soltó ella como si de un cumplido se tratase. Y lo era, sólo
que no era uno que se escuchaba todos los días o que querías oír de ella.
—¿Disculpe?—
dijo con sorpresa sin saber qué decir ante ello.
—Su
cabeza tiene una forma hermosa, incluso, su mentón, es tan perfecto que parece
salido de un fresco de Miguel Angel— lo delineó con sus dedos en el aire, sin
atreverse a tocar. Para ella, era una obra de arte y el arte se admira, no se
toca.
Steve
vio la oportunidad en ello, ya que no habían tenido suerte en el bar ni con el
muerto, necesitaban alguien que les diera la emoción que había salido a buscar
en esa noche.
—¿Ustedes
vieron algo importante? ¿Al hombre que lo mató?— preguntó intentando volver al
caso.
—No,
lo vimos tirado en el suelo y pensamos que era sólo un vago y queríamos
invitarle un trago— mintió ella.
—¿Lo
conocían?—
—¿Hay
que conocer a alguien para salir a beber? Este lugar es maravilloso porque a
nadie le importa quién es tu compañero de copas mientras tengas un compañero de
copas. Entre al bar de enfrente, siéntese en una mesa con alguien solo y verá cómo
pueden comenzar a hablar como si se conocieran de años— argumentó Steve. Una de
sus tantas tácticas para conocer personas y ahí, funcionaba de maravilla.
El
hombre negó con la cabeza disimulando un temblor en el cuerpo. Se había
presentado a ellos como detective privado. No les explicó mucho de su trabajo,
pero tenía a alguien colaborándole según le había dicho.
Intercambiaron
miradas, quizás, fuera más interesante de lo que ellos se imaginaban.
—¿Nos
acompaña una copa? Mi novia estaría agradecida de compartir un momento con
usted: es una artista. El mundo lo ve en términos artísticos. Usted sabe cómo
son los bohemios ¿no? Además, presiento que podemos llevarnos muy bien y
continuar esta charla— invitó Steve con una mueca que bien podría pasar por una
sonrisa para quien no lo conociera.
Era
bueno con las palabras, aunque no era un hombre especialmente hablador, cuando quería,
podría seducirte tan bien que venderías tu alma al diablo con una sonrisa: era
su don especial, el don de la palabra.
Más,
el detective rechazó aquella oferta, debiendo quedarse hasta que llegue la
ambulancia y la policía a recoger los restos y tomar parte de los testigos. Estaba
seguro de que iba a conseguir algo, incluso, les pidió lo mismo a ellos, pero
tal y como le habían dicho, no tenían nada qué aportarles, ni si quiera habían visto
al asesino, o al menos, esa era su versión y la llevarían consigo hasta la
muerte, por supuesto.
Y
ante la negativa, hubo una nueva invitación para la noche siguiente, que
estuviera desocupado y pudieran tomar una copa, alegando que no iba a dejar con
ganas a una dama en dos oportunidades, no era algo digno de un caballero. Afortunadamente,
acabó por aceptarlo: ya lo tenían para ellos.
Un
destelló se pudo ver en la mirada bicolor de Allison preguntándose donde quedaría
mejor la cabeza del detective en su colección. Quizás, su mesita de noche fuera
la apropiada.

<<Primera parte

Espero les haya gustado <3
¡Se cuidan!
Bye!

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2 Comments

  1. Kath Hartfiel 31 octubre, 2016 at 8:17 pm

    Se me ha puesto la piel de gallina, mira que es tétrico y gore y sangriento xD
    Como se nota que te gusta esto…
    un saludo

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 1 noviembre, 2016 at 2:22 am

      Es que los personajes son macabros y retorcidos a más no poder. Me encantan <3

      ¡Un abrazo!

      Reply

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