5
(3)
Canción de amor caducada
Capítulo 4
Todo el ambiente recreaba la escena colonial. La oscuridad, el olor de la farola iluminando la habitación, hasta el sonido crujiente de la madera parecería estar pensado especialmente para la escena.

—¿No sería genial que se desatará una tormenta? Parecería una película de terror —murmuró Constanza emocionada mientras iban por la escalera.

Abel no estaba muy de acuerdo. No le gustaban ese tipo de películas, pero no podía negar que se contagiaba del ambiente y del propio entusiasmo de ella y su guía. Quería saber cómo continuaba aquello. Durante mucho tiempo, había leído novelas, vivido tantas aventuras entre páginas que sobrepasaba sus propias limitaciones por medio de las palabras. De pequeño no había sido especialmente lector, pero en su adolescencia, había encontrado su escape del mundo y sumergido entre los libros. Entre dragones, sirenas, asesinos y se desentendía del mundo. Leía sobre casos muy difíciles de resolver, y ahora, aunque fuera simulado, eran parte de una historia similar. Su corazón hacia una fiesta en su pecho, aunque su expresión no lo demostrara por completo y la penumbra facilitara esconder, lo demostró el apretón de mano que tuvo con Constanza.

Ella miró sus dedos alrededor de los suyos y sonrió feliz, encantada de que su idea estuviera dando sus frutos. Constanza casi adivinó que esa salida le gustaría. Para ella, Abel era un misterio, por lo que pensó que lo correcto era mezclar un misterio con otro y ver cuál se resolvía primero. Aunque ella no contaba con grandes habilidades de deducción, era lo suficientemente insistente como para llegar al final sin cansarse.

El camino hacia el piso superior fue largo. Serían las ansias que lo hacían querer llegar cuanto antes y unos pocos metros, se volvieron eternos. Una vela estaba tirada en el suelo, justo debajo de una de las cortinas con la llama a punto de alcanzar la tela y ocasionar una tragedia. Eduardo, uno de los visitantes que iba con ellos, la quitó de ahí y la apago quedando con la luz que su guía llevaba encima.

—En una escena del crimen, eso es lo que no debe hacerse —le señaló con una sonrisa socarrona y la cabeza ladeada.
—¿Y dejamos que se queme?

—No —interrumpió Silvia— se evita alterar la escena lo menos posible, protegiendo las evidencias y pistas sin provocar daños en la escena. Marcarlo sería una buena forma de preservarlo —aseguró ella, que era una habida televidente de series policiales. Apenas había oído de aquel tour, ni lo dudó.

Su guía aplaudió el cuidado que tenía aquella mujer, no reparó demasiado en eso, pues, su participación estaba llegando a su fin.

—Sostenlo —le dijo a Silvia dándole el farol con que iluminaban la habitación. La misma se apagó en cuanto tocó las manos de la mujer y entonces, el ruido de una madera rota sonó en la habitación.

En la parte contraria, había un modular donde se encendió una farola idéntica a la que había dejado atrás, con la diferencia de que su guía había desaparecido de la habitación.

—Supongo que aquí empieza el juego —dijo Constanza entusiasta palmeando sus manos suavemente.

Abel, que ya había dejado a su acompañante atrás, notó que había otros faroles que podrían llevar, el número exacto para cada pareja participante, tomando una de ellas y entregándosela a Constanza.

La actriz que representaba a la difunta, estaba en el suelo, con los ojos abiertos y el cuello brotando sangre. A su lado, había una faca manchada con la sangre de la víctima, con la que le habían cortado la garganta. La mujer estaba a punto de ir a dormir, vestida con un camisón y bata de satén rosa viejo que se vio manchado con la sangre de la herida que le costó la vida.

La habitación tenía muchas cosas y revisar una por una era lo que los iba a llevar a elaborar alguna teoría al respecto. Sin embargo, había algo que pasó por alto por la mayoría, debajo del volado del camisón, un listón de color rojo sobresalía. Constanza se agachó y lo tomó, jalándolo de la punta y vio una hoja de papel firmada ¡era una carta! Abel y Silvia se acercaron a leer por encima del hombro de ella el contenido de la misiva.

—Lindo chamuyo —dijo Constanza cuando terminó y le entregó la carta a Abel que la veía con mucho más detenimiento, hasta juraba que era capaz de analizar el tipo de papel si tuviese los medios necesarios. Aunque como bibliotecario, estaba casi segura de que no lo necesitaría, que debería conocer gramaje y el material sin problemas.

—Creo que es muy romántico —dijo Silvia perpleja ante tanta frialdad.

—Era su amante. Vimos las fotografías —dijo Constanza—, ella tiene esposo y está engañándolo con alguien más. o alguien la engaña a ella —miró hacia el techo y giró su cabeza mirando la habitación completa— motivos no le faltan. La doña está podrida en plata.

—Pero es un comienzo —intervino Eduardo— se supone que tenemos que armar la historia y llegar hasta este momento —y señaló el cadáver— cualquier teoría es buena. Y es algo por dónde empezar: un crimen pasional.

Abel quedó relegado a una esquina con una de las linternas y la carta, estudiándola mientras los demás seguían viendo los estantes y recovecos de la habitación y la mujer que yacía muerta en el suelo. Después de todo, el juego consistía en eso y aunque hubiera algunos dispuestos a colaborar, lo cierto es que el premio de aquel paseo era uno sólo y no todos pensaban sólo en divertirse, sino en ganar.

El bibliotecario, ni siquiera estaba al tanto que había un premio al final de todo eso, más estaba concentrado en el misterio que Constanza había sido bastante escueta a la hora de contarle las cosas y él, tan poco hablador como era, tampoco había preguntado demás, quedándose sólo con la sorpresa y el misterio que debía resolver.

—No es más interesante por dónde se escapó el asesino —rompió el silencio Abel. La historia era importante, pero podría obtenerla completa al encontrarlo.

Y si algo sabían todos es que las salidas eran dos y pasaron por ellas al dirigirse al piso superior: el asesino aún seguía en la casa.

Y era su deber encontrarlo.




Capítulo 3IndiceCapítulo 5

Faca: cuchillo grande, de mango corto y hoja curva.

Chamuyo: la conversación que le hace un hombre a una mujer para llevarla a la cama, o la conversación trivial que hacen las personas para llenar huecos de silencio. También puede significar una mentira.

¿Te gustó la entrada?

Haz clic en los corazones ¡y vota!

Votos 5 / 5. Votos: 3

¡No hay votos! Sé el primero en decir que te gusta

4 Comments

  1. El Demiurgo de Hurlingham 30 junio, 2020 at 10:21 am

    Y parece qje Abel, el que menos estaba a gusto, puede tener una idea clave.
    Tendría sentidlo. Está en los detectives analíticos el tener alguna manía.

    Reply
  2. yessy 30 junio, 2020 at 11:00 am

    Hola, Roxana
    Cuanto suspenso en este capítulo detectivesco. Se nota que a Abel y Constanza les encanta el misterio y sorpresas no agradables. Van muy bien, con esa carta que encontraron, con ella averiguaron que tenía un amante. Ojala y no se les vaya a escapar el asesino, claro si aún no ha podido escapar.
    ¡Un placer saludarte!

    P.S Encontre las imagenes en una carpeta que se me había extraviado, Roxana. Asi que ya no hay necesidad que hagas nuevas.
    ¡Un abrazo!

    Reply
  3. Citu 30 junio, 2020 at 9:56 pm

    Uy que interesante capítulo veamos si encuentran al asesino y que pasa con Abel

    Reply
  4. Jose Lezcano 1 agosto, 2020 at 3:36 pm

    Hace mucho que no venía de visita. Otro capítulo más. Una historia ineresante.

    Reply

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *