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Capítulo 11
Un nuevo intento: la luz al final del camino


Fue todo tan rápido que ninguno llegó a notarlo. Estaban luchando por sus vidas hacia un instante y ahora, todo había terminado que ninguno supo cómo expresar aquel alivio hasta que uno de los hombres de Ruud vitoreó feliz. El buen ánimo de triunfo se extendió con rapidez entre todos, salvo entre unos pocos de ellos.

Él desvió la mirada hacia la mujer que volvió a tomar entre sus brazos. Sayo no estaba bien y Sanosuke lo sabía. Su respiración se notaba agitada, más de lo normal desde que habían tenido que nadar y aguantar la respiración. Por poco más y ella no lo lograba debido a su delicada condición.

Ruud tomó la cantimplora con el agua y se la acercó a ella. Una de las razones por las que se habían puesto en semejante peligro, era por eso: por el agua sagrada, aquella que la salvaría. Sanosuke la ayudó a inclinar la cabeza para que bebiera un poco, sin embargo, apenas si estaba en condiciones de beber un sorbo, por lo que la dejaron descansar en el camino de vuelta a casa.

Si es que había uno de regreso.

*****


La vivienda se encontraba en un silencio sepulcral. Las reuniones con los niños en la iglesia se suspendieron por tiempo indeterminado, aunque muchos de ellos se habían llegado hasta la residencia de los Mutou preguntando Sayo. Shougo los recibía siempre con una sonrisa y les decía que pronto iban a tener a la señorita jugando con ellos de nuevo. Sin embargo, él sabía que eso posiblemente fuera una mentira.

Él, junto a Shouzo, regresaron a su vida normal. Su consultorio volvió a funcionar y eso, por momentos, mientras escuchaba las aflicciones de sus pacientes, lo ayudaba a olvidarse por un momento que no era capaz de sanar a la única persona que le importaba de verdad: su hermana menor.

—Ve por leña. Parece que lloverá —dijo Shouzo entrando a la vivienda con los víveres para la cena.
Sanosuke dejó de mirar la habitación de Sayo desde el pasillo y salió sin decir nada. Su actitud había cambiado desde que volvieron y ella no despertó. Llevaba una semana así, taciturno, silencioso, deprimido. Shouzo se sentía igual, pero a diferencia de Sanosuke, intentaba esconderlo.

—Sanosuke —lo detuvo antes de que se fuera, viéndolo cargar el hacha— estará bien. Ella es fuerte.

El guerrero sólo agitó su mano en el aire y cargó el hacha al hombro caminando con pausa. No se había sentido así desde que fue exiliada del país, sin posibilidad de volver a verse. Y ahora, que tenía una nueva oportunidad, tampoco podía hacer nada para encaminar su vida, para estar con ella y ayudarla a salir adelante. Sanosuke se sentía impotente ante esa situación, sabiendo que ni siquiera dando su vida por ella sería capaz de hacer algo para que se recuperara.

Shougo le dijo que necesitaba tiempo para sanar, que Sayo estaba muy delicada. Sanosuke se decía que Shougo necesitaba aferrarse a eso para no perder la cordura, por eso se refugiaba en la fe. Sin embargo, él no era así. Nunca había creído en nada, ni en los dioses ni en el destino ni nada que se le asemejara. Había creído sólo en dos personas: el capitán Sagara y Kenshin, los dos únicos en los que puso toda su fe y arriesgó su vida por sus ideales, por cumplirlos y conseguir la paz que siempre quisieron para su país. De ahí, no existía nada más.

Aunque con Sayo quería tener esa esperanza de volver a verla con bien, de que le gritara por haber hecho alguna idiotez o le sonriera de esa manera en que parecía iluminar su vida por completo.

Se sentía mal, quería hacer más por ella, y mientras pensaba que era un inútil por no poder hacer nada por la mujer que amaba, golpeaba el hacha contra el tronco caído que había cortado hacia unos días y con el que se abastecían en la casa. Las astillas volaban por los aires y ya daba golpes torpes, inexactos, viendo como quedaban marcado el filo de su herramienta en el tronco sin cortar un solo leño, destruyéndolo.

Él mismo se sentía así, destruido, a pedazos.

Respiró agitado y se echó en el suelo un rato mirando el cielo.

—Imbécil —se dijo con una sonrisa triste viendo las nubes negras. Respiró profundo y volvió a levantarse, esta vez, más relajado, cortó los leños de manera prolija. Los ató con una soga y los cargó al hombro.

******


Ya era más de medianoche. Llovía a cantaros como cuando la había visto de nuevo. Sanosuke entró a la habitación de Sayo y se sentó al lado de la cama, mirándola dormir. No reaccionaba por mucho que le hablara e intentaba hacer que su voz le llegara de alguna forma.

—Me iré un tiempo —le dijo Sanosuke corriendo el flequillo de la mujer. Aún seguía viéndose hermosa, como siempre, pero no podía seguir así. Quería ver sus ojos oliva una vez más mirándolo con cariño, aunque fuera un deseo imposible— sin ti, no tengo nada qué hacer aquí.

Corrió el flequillo de ella y le dio un beso en la frente antes de salir de la habitación y tomar su bolso que colgó sobre su hombro y se puso una capa para cubrirse de la lluvia.

Sanosuke tenía tan sólo una esperanza: encontrar a alguien que pudiera ayudar a que ella despertara.

******


Todos estaban alterados. En un bar de mala muerte como aquel, sólo hacía falta que uno provocara un conflicto para que desencadenara en algo mayor. Sanosuke no era exactamente alguien paciente, por el contrario, las peleas eran algo que disfrutaba mucho y tenía que conseguir algo de información. Escuchó sobre un curandero muy conocido de ahí, aunque sólo atendía a la élite. Por suerte, el hijo de un político iba a beber ahí. El guerrero no tenía problemas en hacerse de enemigos con tal de conseguir ayudar a Sayo. Eso era lo de menos. Y al no tener respuestas por las buenas, por supuesto, iba a ir por las malas, pero no se iba a marchar de ahí sin conseguir una cita con ese hombre.

Hubo una gran conmoción, peleas y parte del local iba en plan de ser destruido a este paso, Sanosuke bloqueó a dos hombres, pero su blanco tenía un guardaesapaldas que no había visto antes: un hombre que medía más de dos metros y era más musculo que persona. Le dio un puñetazo en el rostro que hizo que destruyera la pared de madera y saliera directo a la calle, rodando en el camino hasta topar con la pared del edificio de enfrente.

Los transeúntes que iban por ahí, se hicieron a un lado y al ver la pelea, empezaron a alejarse y a correr. En ese tipo de situación, lo mejor era desaparecer cuanto antes, de lo contrario, quedabas enredado en una batalla que no era propia.

Se levantó con esfuerzo después de la sacudida que había recibido por parte de un solo golpe. Lo bueno es que Sano tenía la cabeza dura y un golpe así no iba a hacer que se rindiera ni mucho menos. No obstante, había algo más que sí podía hacerlo.

—¿Se encuentra bien? —la voz femenina lo sobresaltó. Casi no quedaba nadie en la calle, salvo su contrincante, él, pero al mirar a su derecha, la vio.

Los ojos oliva estaban mirándolo fijos y con genuina preocupación.

—Sayo…—musitó.

—¿Sanosuke? —preguntó con duda. Llevaba el cabello largo, desordenado y la barba y el bigote tupidos. Con el pasar de los días, se había dejado de preocupar por el mismo al punto que se había descuidado de esa manera.
El mastodonte que lo iba a enfrentar, lo tomó del cuello de la capa sin darle oportunidad de que hiciera nada por ella.

—¡No me interrumpas! —gritó Sano cerrando su mano en un puño, se soltó y lo golpeó en la clavícula con su futae no kiwami, rompiéndole la clavícula con ese golpe. El gigante cayó al suelo en un grito de dolor, viendo su brazo desencajado por un solo golpe.

Ella, aún sin poder creer la suerte que había tenido de toparse justo con él ahora, se acercó. Sanosuke la tomó de la cintura y la levantó del suelo: no podía creer que fuera ella, que estuviera bien, como si nunca hubiese estado enferma.

—Creo que debemos irnos —le dijo en cuanto sintió a alguien que gritaba por la policía— sujétate fuerte —le pidió antes de comenzar a correr y a alejarse de ahí cuanto antes. Lo que menos necesitaba en ese momento es que lo llevaran por las peleas callejeras o generar disturbios ¡ni hablar por el dueño del local que destruyó en la pelea!

******


Se lo había contado todo o casi todo. Estuvo en coma casi un mes hasta que finalmente, pudo abrir los ojos y levantarse. Shougo estaba demasiado feliz, tanto que no cabía en sí al ver a su hermana con bien, al igual que Shouzo. Sin embargo, cuando ella preguntó por él, ninguno supo qué decirle al momento. Shougo tardó varios días en contarle que Sanosuke se había marchado y ninguno tenía idea de por qué o hacia dónde, simplemente había abandonado la vivienda sin decir nada más en una noche lluviosa, como para borrar todo rastro que dejara atrás gracias a la lluvia.

La medicina era efectiva, aunque tardó mucho en hacer efecto en ella debido a lo agravado de su enfermedad, no obstante, no había vuelto a tener ningún síntoma ni siquiera una leve fiebre. Sayo se sentía como nueva desde entonces y podía tener la vida normal que nunca tuvo la posibilidad de disfrutar.

—¿Qué haces aquí? —preguntó sentándose en el suelo con ella a su lado.

—Shougo tenía que venir a ver a un paciente a esta zona. Y yo quise acompañarlo —ella dudó en mirarlo, estaba nerviosa. No quería decirle, más bien, no se animaba a decirle que la razón por la que acompañaba a su hermano es porque lo buscaba a él y esa era la excusa perfecta para salir de viaje con él.

—No sabes cuánto me alegra verte bien. Te ves preciosa —le dijo atrayéndola hacia él con su brazo.

—Y tú luces horrible —se rio y alzó la vista, acariciando su barba— no te sienta bien esto. Pareces más viejo.

—Mira el lado bueno: parecerás más joven a mi lado —le dijo en broma. A él tampoco le gustaba la barba, pero tenía mayores prioridades que afeitarse. Hasta ahora.

—Sanosuke —él la tomó del mentón y levantó su rostro antes de acercarse a sus labios y besarla. Desde hacía mucho, mucho tiempo deseaba hacerlo. Sus sentimientos por Sayo nunca desaparecieron, por el contrario, habían aumentado con el pasar del tiempo y el anhelo que tenía de volver a tenerla a su lado se vio incrementado cuando la volvió a ver, tan dulce y brillante como siempre.

—Pica.

—Me afeitaré luego —le restó importancia y volvió a besarla. Ya nada más importaba: estaba viva y sana. La amaba y ahora, ya no iba a permitir que nadie más los separara.




Capítulo 10Indice

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Subo el final de esta historia. Terminé el dibujo que iba a ilustrar este capítulo y finalmente, lo subo.

Amo este fandom y me parece una pena que no haya demasiado de estos personajes. Ruoruni Kenshin es un manga excelente que merece ser más conocido. No sé si he leído un manga tan completo y genial como éste (tampoco haber leído algo de Watsuki en lo que se haya esforzado tanto a nivel histórico como gráfico.

Espero hayan disfrutado de esta historia.

¡Un abrazo!

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3 Comments

  1. Campirela_ 15 junio, 2020 at 6:06 am

    Así me gusta los finales , llenos de amor ..Ha sido como siempre un placer leerte.
    Bueno has logrado terminarlo y compartirlo con todos ..así pues enhorabuena.
    Un fuerte abrazo Roxana.

    Reply
    1. Roxanabr 16 junio, 2020 at 5:26 pm

      ¡Gracias, Campi! Le tengo mucho cariño a esta historia y a los personajes. Me alegra que lo hayas disfrutado.
      ¡Un abrazo!

      Reply
  2. Citu 18 junio, 2020 at 11:25 pm

    Uy que tierno te mando un beso

    Reply

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