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Capítulo 9
En tu habitación
Un mes había pasado desde que Fuyuki se había ido. Gai le contó que perdieron de vista a los ninjas al igual que a Fuyuki. El escuadrón de rastreo se había encargado del resto, sin embargo, llegaron a un punto muerto donde les fue imposible continuar y desde entonces, no habían vuelto a tener ningún tipo de noticias al respecto.

Kakashi hacia su trabajo lo mejor que podía. Desconocían cuáles eran las intenciones de aquellos ninjas o quienes eran y lo tenía preocupado la aldea de la Nube. Había movimientos demasiados sospechosos en la misma por lo que tenían a un escuadrón vigilando. Sabía que eso podría traerles problemas con la aldea si se descubría que los ANBU de la aldea de la Hoja los vigilaban, así que pedís extremado cuidado con ello. Mientras, él se encargaba de otros temas en la aldea. Pronto llegarían los obreros de la aldea de la Niebla y podría poner en marcha todas las reformas que tenía pensadas para el país del fuego. La intención del Hokage era no solo reconstruir completamente la aldea, sino, actualizarla en todo lo que podía. Sabía que le iba a llevar tiempo pues, la Hoja todavía no estaba en condiciones de hacer grandes inversionistas, sí podía ir permitiéndoselo de a poco y a medida que el presupuesto aumentara, aprovecharía a traer más novedades a la aldea y que su propio equipo de investigadores e ingenieros. Él sabía que era un camino largo, pero tenía un plan bien trazado para cumplirlo mientras estuviera a cargo de la aldea, así, esperaba dejar la menor cantidad de pendientes posibles para cuando Naruto tuviera que asumir el cargo. Y mientras pensaba en eso, vio a Gai entrar a la oficina.

—Kakashi, saldré unos días de la aldea —le dijo como avisándole en vez de pidiendo permiso.

—¿Es para ver a la sacerdotisa? —preguntó el Hokage sin levantar la vista. Últimamente Gai salía más para el templo de Ise debido a ella.

Gai se rascó la mejilla levemente avergonzado debido a lo directo de Kakashi y que sus intenciones fueran tan obvias. Hacía tres meses que iba a verla más seguido. Sí no había misiones importantes y no lo requerían en la aldea, se iba a pasar tiempo con ella. Aún no eran nada y lo veía complejo por su rango de sacerdotisa, pero la bestia de Konoha no perdía las esperanzas.

—¿Qué me dices de tu novia? Hace rato no la veo —Gai cambió de tema y miró hacia los lados. No había rastro de Fuyuki en su oficina desde hacía algún tiempo y él, como su mejor amigo, podía decir con toda seguridad que eso molestaba a Kakashi. Su mirada de pez muerto volvía a cobrar fuerza en su rostro o lo poco que se veía de él. Pero Gai daba fe de que la extrañaba.

—En ningún momento dije que es mi novia —se defendió Kakashi.

—Kakashi —rebatió en tono pícaro su amigo, apoyando las manos en el escritorio. El Hokage no tuvo más que exhalar todo el aire que guardaba y dejar caer los papeles en el escritorio sin poder concentrarse.

—No sé —rebatió derrotado.

—Kakashi, siempre has sido bueno poniendo límites. Si las has dejado, es porque no quieres ponerlos o porque ella te gusta más de lo que admites —le dijo Gai convencido de lo que había visto. Él había sido testigo de lo peor y de lo mejor de Kakashi. Había estado en su vida en sus momentos más oscuros y también, le había costado que lo reconociera como rival y como su amigo precisamente, porque Kakashi era de los que prefería estar solo por tener la estúpida idea de que todos a su alrededor correrían la misma suerte: morirían. Como un ninja, había conocido la desgracia desde muy temprana edad y siempre, le arrebató a los que más quiso uno a la vez, para que tuviera tiempo de sufrirlos y cuando al fin creía recuperarse, volvía a abrirse la herida y a quedarse solo. La mejor solución para él fue simplemente, dejar de intentarlo. Por eso mismo, Gai sabía que si de verdad era alguien que le interesara a Kakashi, costaría hacer que su amigo lo dijera. Había mejorado muchísimo en los últimos años, pero después de toda su vida, era difícil abrirse así nomás a cualquier persona. Pero estaba seguro de que Fuyuki era lo suficientemente lista como para poder conseguir que el Hokage se diera cuenta de sus sentimientos y los admitiera abiertamente a todos. Por suerte, ella no tenía problema en darle una ayuda y por supuesto, él colaboraría por la felicidad de su único amigo.

Sin decir más nada, Gai se retiro de la oficina dejando a un Kakashi pensativo, golpeando sus dedos sobre el escritorio. Antes de salir, le dijo que se tomara un receso y saliera a comer algo, mientras él tomaría su permiso para ir de viaje al templo. Él tomó su consejo y salió a respirar aire fresco y a almorzar. Le ayudaría a pensar.
Volvió a la media hora con un aire renovado. La comida le había sentado bien y alejarse de tantas cosas que tenía por hacer, mucho mejor. Tomó una de las pilas que estaban acumuladas al lado de su escritorio y las levantó. Había demasiado por hacer y él, no sabía cómo es que era posible que se le acumulara tanto trabajo ¡por eso quería que alguien más fuera el Hokage! Él no estaba hecho para ese tipo de cosas, no tenía tiempo para nada, menos para leer sus novelas… sus preciadas novelas que estaban esperándolo a medias sobre su mesa de noche. Había comprado una hacia un mes y todavía no podía avanzar del segundo capítulo porque cuando llegaba a su casa, estaba demasiado cansado para mantener los ojos abiertos y seguir leyendo ¡era el colmo! Pero así era su vida ahora.

—¡Kakashi-kun! —gritó la mujer con entusiasmo entrando por la ventana de la oficina y saltando justo hacia Kakashi, haciendo que perdiera los papeles que tenía en mano por recibirla en brazos por meros reflejos nada más. Hizo unos pasos hacia atrás estabilizándose con ella encima, que lo había rodeado por el cuello y dado un beso por sobre la máscara dejando al ninja sin tener mucha idea de qué hacer.

La reacción de ella lo tomó por sorpresa. Sus ojos se abrieron a más no poder, sosteniendo a la mujer de la cintura todavía. Él no tenía experiencia en relaciones amorosas, más allá de todo lo que había leído, por supuesto, pero en realidad, él era totalmente ignorante en ese ámbito y cuando tenía a alguien tan… avasallante como ella, era difícil saber cómo actuar.

—¿Por qué esa insistencia conmigo? —preguntó él dejándola en el suelo y agachándose a recoger los papeles que había perdido a causa de ella. Fuyuki lo imitó y los levantó junto con él, entregándoselos con una radiante sonrisa en los labios.

—Ya te dije, me gustas. Es normal que quiera que te fijes en mí.

—Lo que no son normales son tus métodos de conquista —dijo él yendo hacia el escritorio y sentándose para comenzar a ordenar los archivos ahora. Aunque su invitada no tenía los mismos planes, interrumpiéndolo al sentarse encima de él, justo entre sus piernas.

Kakashi quedó con los ojos bien abiertos ante semejante sorpresa. Imaginaba que Fuyuki no conocía límites de decencia, pero no esperaba que fuera tan osada como para llegar a cruzar ciertos límites. Al parecer, de espacio personal no conocía nada. Así como si nada, evitaban el tema de que ella volvía a irrumpir en su vida como si nada, pero que de alguna forma, significaba demasiado para él ¿podía decir que la había extrañado desde que se había marchado dejando a medias su cita? Quizá, pero no lo pondría en palabras en voz alta. Todavía tenía demasiado qué asimilar con ella entre sus piernas.

Se puso cómoda encima de él y lo miró con una dulce sonrisa en los labios. Él no sabía cómo podía estar tan tranquila ante la situación ¿tan normal era para ella estar así con un hombre? Porque para él no era nada común tener a una mujer en esa postura, en realidad, más allá del trabajo en equipo o de tener a las ninjas bajo su mando en alguna misión, su cercanía con ellas no era ni siquiera casual: Kakashi prefería los libros.

—¿En qué puedo ayudarte?

—¡Puedes tener una cita conmigo! —exclamó enérgica acercando su rostro al de él. Kakashi se hizo para atrás en el asiento hasta que tocó el espaldar, sin más posibilidades de alejarse de ella— ¿No quieres que te bese? —preguntó preocupada ante su reacción.

El ambiente no era algo en lo que él pudiera desenvolverse bien realmente. Quería decirle que tenía experiencia, pero lo cierto es que nunca había estado con una mujer y mucho menos, al nivel de Fuyuki que hacía todo sin que le importará nada más que cumplir sus metas.

—¿Ni siquiera mi máscara es un impedimento para ti?

Fuyuki se acomodó mejor encima suyo.

—No voy a negarlo ¡Odio tu máscara! Se sintió raro cuando te besé —dijo con frustración, arrastrando la última palabra. Sin embargo, fue un cambio súbito el que tuvo ella de un instante a otro. Kakashi se veía acorralado en su asiento, pero aun así se hizo hacia atrás al ver el ánimo tan eufórico de su novia— pero lo pensé y estoy convencida de que mis técnicas de seducción son tan buenas que será tú el que se quite la máscara voluntariamente —su expresión se volvió pícara, delineando sus labios por sobre la tela que cubría su boca— además, seré la única que podrá verte de esa forma. Me gusta como suena eso: que sea exclusivamente mío.

Kakashi tragó saliva sin comprender de dónde sacaba semejante nivel de confianza para asegurar algo como eso. Hacía años que él no revelaba su rostro voluntariamente y ahora…

—¿Qué te hace pensar que voy a corresponderte?

Ella acercó su rostro peligrosamente al suyo. Tenía esa sonrisa triunfal en los labios, esa expresión que le decía que lo tenía atrapado aún antes de empezar la batalla. Sus ojos brillaban como el fuego, acomodándose un mechón de su largo cabello verde limón detrás de la oreja.

—Me apretaste la cintura recién. Eso es un avance.

—Yo no hice tal cosa —dijo nervioso él. La sonrisa sugestiva de ella lo hizo temblar aún más, y sin posibilidad de moverse de su lugar, la tomó de la cintura y la levantó de encima de él, cambiando lugares. La dejó sentada en la silla mientras él se paraba frente a ella, arqueando la espalda para estar a la altura de ella, con las manos en los apoyabrazos, impidiéndole salir. La mirada confusa de Fuyuki por sus movimientos era obvia. Él mismo estaba confundido por su manera de actuar, pero se mostraba tan calmo como podía— ¿a qué viniste?

—Te extrañé —dijo en tono infantil rodeándolo por el cuello, acercándolo más a ella. acercó su rostro al del Hokage, tanto así que podía sentir su respiración cerca.

Al rodear el cuello ajeno con sus brazos, hizo que él quedara con el rostro a la altura del propio y pudiera conseguir justo lo que ella quería: robarle un beso. Sus labios se posaron en los suyos, sintió el aliento a través de la suave tela y cómo al apretar sus labios contra los de él consiguió abrir su boca y profundizar el beso. Sintió lo tenso que se puso y deseó bajar su máscara y probarlos directamente, pero se contuvo habiendo logrado avanzar un paso en su plan para conquistarlo: había probado sus labios ansiosa de llegar más lejos, pero iría con tiempo, haría que fuera él quien le pidiera más, así por ahora, sus avances estarían bien.

Una sensación extraña pasó por su cuerpo con la sensación del beso aún presente en sus labios, estaba una vez más peligrosamente cerca de acortar las distancias con ella y no estaba seguro de si estaba disgustado o ansioso. Una mezcla de ambos, sentía una fuerte presión en la boca del estomago que le impedía moverse.

—Igual, traje algo para ti.

—¿Qué es? —Por una vez, había mostrado genuina curiosidad al ver a Fuyuki sonreír por un regalo para él. No tenía idea de qué fuera lo que podría darle, pero se imaginaba que iba a ser algo totalmente fuera de lo normal, así como lo era ella.

La mujer lo soltó y buscó en los bolsillos de su ropa, se tocó el pecho y ya un tanto desesperada, se levantó. Kakashi se puso de pie dándole lugar para que buscara con más tranquilidad. La puerta sonó y él le dio paso a alguien más. La voz era conocida, él sabía que era Sasuke que había regresado a la aldea y esperaba, que con buenas noticias. El sexto, volteó a ver a Fuyuki y se dio con que no estaba. La buscó con la mirada en la oficina y no logró encontrarla, sin poder entender en qué momento se había escapado de su vista ¡definitivamente era un as para los escapes! Sasuke no pasó por alto su expresión contrariada.

—¿Qué sucede?

—Mi acosadora desapareció.

—Siempre está en el lugar que menos esperas —se burló Sasuke.

Kakashi frunció el ceño. Eso no lo ayudaba en lo más mínimo y necesitaba hallarla. Había varias cosas que quería preguntarle a Fuyuki.

—Toma. En unos días, volveré a salir —le especificó sin dar muchos detalles. Traía un pergamino bastante grande en esta ocasión.

—¿Hay algo más para que tengas tanta prisa? Ni siquiera has visto a Sakura ¿no? —dijo Kakashi al ver a su ex alumno.

—Encontré una guarida donde aún había experimentos genéticos. No sé si hay más. Guardé toda la información aquí —le entregó otro pergamino— pero quiero confirmar que no haya más como esas —dijo sin emoción alguna el ninja. Kakashi recibió el pergamino sin decir una sola palabra. Seguramente, las guaridas de Orochimaru y de Danzo eran demasiadas como para encontrarlas a todas rápidamente, y mientras que no hubiera nadie que quisiera retomar esos horrendos y crueles experimentos, no importaba si demoraba un poco más.

En su juventud, él se había tomado con esas locuras de la genética y había sido demasiado. Ahora, Sasuke pasaba por lo mismo y aún así, le traía viejos y malos recuerdos. Pero confiaba en que su discípulo iba a poder con ello y no iba a dejar rastros de nada. Por lo pronto, él evaluaría su desempeño en la misión.

Se retiró y volvió a quedar solo en su oficina una vez más, cayendo en la silla y echando la espalda contra el respaldo, se hundió en un largo y profundo suspiro. Alzó la vista y miró al techo preguntándose cuándo iba a tener un minuto de paz.

*****

La noche ya estaba bien entrada. Kakashi apenas estaba terminando de revisar unos papeles que Shizune le había traído a último momento. se quedó hasta pasada la medianoche en la oficina y hasta pensó en no volver a su casa y simplemente, descansar en una de las habitaciones de la torre del Hokage, sin embargo, la opción de estar en una de esas camas que no eran propias lo hizo sentirse incomodo y ni siquiera se había acercado a ellas. No había nada como descansar en la propia cama y por demorarse unos quince minutos en ir a su hogar no iba a perder una buena noche de sueño. Apagó las luces y dejó el trabajo a medias, ya no tenía capacidad mental para seguir tratando con ello. Prefería el campo de batalla, siempre lo iba a preferir que pasar el día encerrado en una habitación sofocante, llena de trabajo. No entendía como su maestro había podido soportarlo tan bien. Tampoco el tercero o la quinta, quién era conocida por sus vicios… y estar en la oficina no era compatible con ello.

Llegó a la casa cansado, se dio una ducha rápida y cayó en la cama. No tenía ánimos para cenar, así que no cocinó nada, sólo apoyó la cabeza en la almohada y pensó en dormir hasta tarde en la mañana. Era el Hokage después de todo ¿podía darse el lujo de llegar dos o tres horas tardes para compensar la falta de sueño? Sí, podía. Al menos, él ya se había convencido de que lo haría. Cerró los ojos y se dispuso a dormir.

Como a los veinte minutos, la ventana de su habitación se abrió. Una silueta femenina con una larga cabellera verde entró sin pedir permiso viendo al hombre que dormía en la cama y conteniendo la alegría. La casa era pequeña y se pudo guiar bien. El ninja se despertó alerta al sentir la presencia ajena en su morada, viendo el rostro iluminado por la luz de la luna: Fuyuki. La sostuvo de las muñecas, sin soltarla ni aflojar el agarre.

—¿Ni para dormir te quitas la máscara? —Cortó el silencio tenso del ambiente, pero su mirada aguda no tuvo ni una pisca de amabilidad.

—¿Por qué entraste aquí? —Preguntó finalmente él, aún entre la duda de soltar sus muñecas o no.

—Quería verte ¿Es un delito?

—Si lo haces de noche y hurtadillas, sí, lo es. Pareces una acosadora —finalmente, soltó sus manos, como si creyera en sus palabras.

—Bueno, lo diré de otra forma: vine a enseñarte que hay algo mejor que sólo mirar.

Ni lenta ni perezosa, Fuyuki estiró sus manos y acarició su rostro suavemente. Él atrapó una de ellas y la detuvo.
—Me da curiosidad saber qué escondes debajo de esa máscara —se sinceró apoyando su rodilla en la cama para luego, apoyar la otra y acomodarse haciéndose un lugar ahí— pero no lo veré, si eso es lo que te preocupa —se río levemente acortando distancias entre ambos, rozando sus labios contra los de él a través de la máscara.
El movimiento audaz de la mujer tomó de sorpresa a Kakashi, abriendo los ojos de par en par. El beso de Fuyuki era una mezcla tan extraña de ternura y hambre de él que acabó correspondiéndole para hacerle un lugar en la cama al rodearla por la cintura suavemente. Desconocía esos sentimientos y aunque le eran extraños no así incómodos. La sensación de fuego en la boca de su estómago subía y se extendía por todo su cuerpo cediendo al deseo. No lo había dicho, ni lo diría aún: ella le interesaba, pero estaba la edad ¿qué haría un hombre de treinta y cuatro y una jovencita de diecinueve? Ni siquiera edad legal tenía para estar queriéndose meter entre sus sábanas.

—Fuyuki-chan, detente —le pidió sosteniéndola de la cintura.

—Carajo, Kakashi-kun ¿cuándo vas a madurar y empotrarme contra la pared? —Soltó frustrada inflando los mofletes.

—¿Tú me hablas de madurar? —Su expresión cansada se intensificó— Fuyuki-chan, eres una dama, no deberías andar diciendo esas cosas tan vulgares.

—Pero quiero que me hagas todas esas vulgaridades —lo echó contra la cama poniéndose encima de él. Kakashi tragó duró cuando la vio acercarse de nuevo hacia su rostro, tomándola por los brazos y dando vuelta los roles una vez más, llegando a detenerla al quedar encima suyo.

Ella mantuvo su mirada en la suya, sin poder moverse por la presión de sus brazos y el peso de él encima de ella. Estaba bastante frustrada de haber llegado hasta ahí sin poder conseguir nada, aunque sabía algo sobre él: sus besos eran su debilidad. No se negaba a ellos y hasta los correspondía dejándose llevar por ella, sólo debía encontrar su mayor debilidad para poder llegar al siguiente paso.

—No sabía que eras de esos, Kakashi-kun ¿Vas a someterme? —Alzó las cejas con picardía haciendo que se diera cuenta de la postura en la que seguía.

Kakashi prefería no hablar de eso y menos, con ella.

—Duerme aquí. Me iré al sofá —dijo levantándose de encima cuando los brazos frágiles de ella lo apresaron y lo volvieron a dejar en la cama.

—Yo vine a dormir contigo.

—Fuyuki…

—¿Ni siquiera me dejaras compartir la cama? —susurró contra su espalda y aún cuando tenía su camiseta puesta, la calidez de su aliento traspasó la tela causándole un estremecimiento. Nunca había estado tan cerca ni había sido tan íntimo con una mujer como lo era con ella ahora. Su vida como ninja siempre había estado concentrada en las misiones, su trabajo y su tiempo libre, al entrenamiento y sus libros. No había cabida para el amor entre todas esas obligaciones y llegaba ella y pretendía ponerle la vida de cabeza con su presencia.

Quiso quitar los brazos de Fuyuki de encima suyo volteando a verla y ella volvió a atrapar sus labios entre los suyos, en unos de esos besos que le quitaban el aliento, la estabilidad y los pensamientos. Cuando se dio cuenta, la abrazaba por la cintura contra su pecho: de nuevo, ella le ganaba.

—Dor… compartiré la cama contigo —le dijo corrigiéndose que, si conocía a la mujer como creía conocerla, podría malinterpretar las cosas. Y era mejor no dejar cabos sueltos.

—Vainilla.

—¿Qué? —Frunció el ceño confuso mientras ella se reía y volvía a besarlo.

—Buenas noches —fue todo lo que ella le dijo antes de cerrar los ojos y dormir inhalando su perfume con el latido de su corazón galopante como su canción de cuna.

No sabía qué había hecho, pero creía al verla tan plácida dormida entre sus brazos, que fue una buena decisión.
Una sabia decisión: había cedido a su amor.




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2 Comments

  1. Dafne 10 enero, 2021 at 9:03 am

    Siempre lo digo: adoro a esta parejita.
    Sigo teniendo pendiente ver Naruto; ahora estoy con One Piece y las emociones me pueden.
    Un besazo enorme, Roxy :3

    Reply
  2. El Demiurgo de Hurlingham 10 enero, 2021 at 10:17 am

    Que personalidad alocada y encantadora la de Fuyuki, aunque tal vez con un toque molesto, irritante.

    Besos.

    Reply

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