El cielo a mi favor — Capítulo 5 — Caminos cruzados

¡Hola, mis amores! ¿Cómo están? De maravillas o eso espero. Aquí apareciendo de nuevo con un café bien fuerte, las manos heladas y un capítulo nuevo de esta historia ¡Sí! Ya hacía falta ver las locuras de Fuyuki una vez más ¿o no la extrañaban? Que yo sí, así que aquí me tienen y espero de manera más regular, que aun tengo que terminar el Inktober del año pasado para empezar el de este año… que está a nada de comenzar. Así que seguro sabrán más del duo Fuyuki y Kakashi.

Capítulo 5
Caminos cruzados
Su viaje la había llevado de vuelta a su tierra pues, su última información, aquella por la que había tenido una ligera diferencia con Kakashi, la había llevado hasta ahí: Kirigakure, aunque en esta ocasión, iba acompañada de Mochizuki al ser mucho más que una simple recopilación de información como había sucedido anteriormente, necesitaría toda la ayuda posible en esta ocasión y su bestia de invocación era su más fiel aliado para la misión.

—¿Segura que quieres hacer esto? —Preguntó el mono, aquel que siempre estaba con Fuyuki. Movió sus orejas inquieto después de rascarse la cabeza intentando convencerla, lo que era algo complejo considerando lo decidida que estaba.

Mochizuki era más amable con ella. Su temperamento era mucho más hostil normalmente, pero después de tantos años de vivir con Fuyuki casi a diario, se había ido ablandando un poco, aunque no podíamos decir lo mismo de él en batalla, que para protegerla, había perfeccionado sus ataques al máximo, pues, si algo tenía ella es que era totalmente impredecible y eso le jugaba en contra a él que era tan meticuloso y apegado a las reglas y estrategias que se cansaba de explicarle para al final, ser él quien la llevara a cabo de manera solitaria.

No era normal que estuvieran juntos tanto tiempo considerando que sólo se pedían ayuda cuando llegaban a una situación problemática, pero con Fuyuki habían llegado a un caso especial: las situaciones problemáticas estaban siempre a la vuelta de la esquina con ella y ahora, estaban a punto de enfrentarse a una.

—Tengo un mal presentimiento —dijo Mochizuki sobándose la chibita mientras miraban todo desde una cúpula alta. Aún seguía en plan de convencerla.

—Lo sé, yo también ¿no es emocionante? —Le respondió con un entusiasmo tal que parecía que ni si quiera estaban hablando de las mismas cosas.

Fuyuki se sujetó el cabello antes de ponerse el casco que completaba su atuendo y después de escuchar ese sonoro y pesado suspiro que sólo podía augurar un regaño, saltó tomándole la delantera a Mochizuki, quién no pudo hacer más que seguirla o estaba seguro de que su mal presentimiento iba a cumplirse. Él hizo lo mismo, que Fuyuki también insistía en que él se cubriera, que debían ir a tono los dos y ante su falta de interés, sólo usaba una máscara que ella había ‘mejorado’ porque era muy sosa para su gusto. La máscara era blanca con las facciones básicas de una persona. Ella había hecho unas marcas azules en forma de espiral en las mejillas, contorneo los bordes de violeta y completó una chinita triangular en un tono verde azulado. Y esa fue la mejora que él aceptó sin chistar. Discutir era una batalla perdida.

Se dirigieron ocultando su presencia por el camino que antes habían acordado. Era el hogar de Fuyuki, lo conocía de memoria y seguía siendo tan oscuro y sombrío como lo recordaba, pero el mismo clima le daba ciertas ventajas que de otra manera no tendrían. La niebla le facilitaba esconderse, que a esas horas era tan densa que era imposible ver tu mano si estirabas el brazo.

—¿Estás segura de que todavía sigue aquí?

—Al menos, eso es lo que decían y pagué mucho para que esa información fuera falsa —dijo afirmando que debía ser cierto sólo por eso— además, es el lugar perfecto para esconderse un tiempo. Mira este panorama. Si buscaras un sitio perdido y seguro para pasar desapercibido, Kirigakure es tu lugar —se rio y aunque el mono no estaba muy de acuerdo con su manera de pensar, no tenía muchas opciones más que seguirle el paso y salvarle el pescuezo cuando hiciera falta.

—Fuyuki —la tomó del brazo deteniéndose en el techo con ella

Mochizuki no había pensado en volver a encontrarse con el Hokage en este viaje. En parte, porque según su protegida, había salido no hacía mucho de la aldea, algo que no era exactamente común para alguien en su lugar, pues, era su líder quién debía proteger a todos los habitantes en un caso fatídico, razón por la que quedarse en la aldea y delegar lo máximo posible era una de sus obligaciones. Aunque imaginaba que la situación no era exactamente para preocuparse demasiado, debido a que la alianza ninja era bastante extendida y cualquier acecho de guerra se había desvanecido hacía años, después de la cuarta guerra ninja. Pero aún seguían existiendo organizaciones criminales, existían renegados, aún existía todo el mal que podía ocasionar que su paz temporal pudiera verse devastada.

—Deberíamos seguir con el plan —dijo ella mirándolo andar con una sonrisa en los labios— no creo que sepa a quien debe buscar. Cuando me quitó la información, no llegó a ver eso, sólo el lugar.

—¡¿Te lo quitó?! ¡¿Y hasta ahora lo dices?! —exclamó nervioso Mochizuki.

—Por algo es el Hokage. Y mi futuro esposo —le guiñó el ojo, aunque él no la vio por el casco.

—¿Estás segura de ello? Eres el Barón.

—Su enemigo es el Barón —dijo ella— Fuyuki no. Fuyuki es sólo una renegada que se pierde entre tantos criminales de la aldea. En el libro de bingo, soy el menor de los males. No se fijará en eso. Y no tiene por qué enterarse de mi otra personalidad. Él se enamorará de mi, ya verás.

Y tenía ciertas ventajas al poseer su disfraz. Al desconocer la identidad de ella como el Barón, desconocían todas sus habilidades. Era obligatorio que en el libro de bingo figurasen pues, todo aquel ninja que abandonaba la aldea llevaba consigo una gran cantidad de técnicas y secretos que no debían llegar a otras aldeas, de ahí, dependiendo de sus crímenes, podían acabar muertos o en prisión por el resto de sus vidas. Fuyuki era más astuta como para caer en cualquiera de los dos. Y seguiría así hasta que llegara al final del misterio que le había heredado su padre o no estaría tranquila.

La joven le indicó a su compañero otro camino por el que podían continuar sin tener que encontrarse con el Hokage en el camino. Con suerte, se dirigía a la Torre del Mizukage y no iba a tener que verlo ni correr el riesgo de encontrarlo mientras el Barón estuviera al frente. Cuando lograra deshacerse del disfraz, Fuyuki sería la primera en ir a darle la bienvenida a su tierra. Bien, quizás no Fuyuki sino alguna de sus personalidades que no olvidaba que ella era una criminal buscada en esa tierra y un disfraz era la mejor forma de llegar a él y no ser notada por los demás que sabía que Kakashi la reconocería como lo había hecho anteriormente.

Estando cerca de su destino, se detuvieron. El Barón asintió y Mochizuki hizo lo mismo separándose. Llegar juntos suponía un riesgo al saber exactamente cuántos eran y no necesitaba eso, si bien, además de sus técnicas contaba con sus trucos, ninguno mejor que tener un aliado entre las sombras y para esconderse, no había nadie mejor que Mochizuki y ella, contaba con él con todo su espíritu y fuerza.

Se inmiscuyó por la entrada a un enorme complejo, sabía que allí iba a encontrar sus respuestas, las que tanto ansiaba. Sin embargo, antes de dar un paso al primer escalón, dio un brinco hacia atrás, cayendo al suelo tras hacer una pirueta en el aire y caer de pie. Una espada salió volando al escalón y si n hubiese sido por sus rápidos reflejos se habría visto como brocheta ¡Había olvidado que ahí no se tomaban nada a juego! Ni un kunai ni una shuriken: una espada que casi llegaba a su altura y ni quería imaginar su peso para verse clavada firmemente en el cemento. No quiso pensar mucho y tampoco es que tuviera mucho tiempo para eso considerando que estaban en alerta a su alrededor. Buscó con la mirada a su atacante y sintió el movimiento sobre el tejado: los pasos rápidos se dirigían hacia ella. Metió las manos en su capa que cubría todos sus movimientos y sacó sus preciadas agujas colocándolas en sus espacios interdactilares, apenas haciendo movimientos por lo que, quien sólo la observaba, la veía quieta en su sitio y con su capa, cubría cualquier tipo de movimiento sin que se dieran cuenta de sus planes.

—Me interesa hacerle una propuesta a tu superior —dijo ella con voz de pecho, fuerte y firme. No era momento de dudar ni de revelar más que lo necesario para poder ingresar.

El ninja apareció detrás de ella y la atacó con su espada atravesándole el pecho, no obstante, no le había dado. Fuyuki había sido astuta y uso la técnica de los clones de niebla dejándolo a este al frente mientras ella atacaba por atrás dándole con una de las agujas en la pierna a pesar de la densa neblina. Sus clones tenían un efecto secundario: no sólo simulaban a la perfección un clon sino que también, le permitían tomar ventaja cuando desaparecían estos pues, una densa niebla que se extendía tres metros a la redonda se desprendía de ellos dándole la oportunidad de hacer su ataque de esa manera.

El ninja cayó dormido sosteniéndose con la espada incrustada en el suelo sin conseguir mantenerse en pie. Las agujas de Fuyuki no eran mortales ni si quiera causaban gran daño en batalla, pero poseían un poderoso somnífero de rápida acción. Un roce con su torrente sanguíneo y podían dormir una larga siesta dándole tiempo a hacer de las suyas como quisiera. Por supuesto, su conocimiento de la anatomía también le daba la posibilidad de poder usarlas para asestarles un buen golpe en los nervios o detener el flujo de chakra con ellos. La acupuntura era un método más que curioso para usarlo a su favor sin que nadie sospechara qué es lo que podía idear con algo tan simple como una estúpida, pero peligrosa aguja.

Fuyuki miró atrás antes de ingresar. Sabía que estaba en la boca del lobo y por eso, la forma más sencilla de conseguir información, justo lo que ella necesitaba para poder continuar adelante.

Corrió por el largo pasillo sin encontrarse a nadie en el camino lo que la hizo sospechar que algo estaba ocurriendo. Y cuando piso una baldosa en el suelo y esta se hundió, supo que había trampas en el camino, saltando hasta el techo y dirigiendo el chakra a sus plantas para mantenerse colgada de cabeza mientras veía el suelo abrirse a un truco viejo pero efectivo: cientos de picas debajo de ellas y varios esqueletos de tantos incautos que habían quedado empalados en las mismas.

—Hermoso —dijo el Barón siguiendo su camino por el techo, vigilando todo a su alrededor por si encontraba alguna otra trampa. Lo que encontró en el camino, fue a otro ninja que detuvo su camino.

Ágil se dejó caer al suelo, girando en el aire y cayendo de pie con las manos a los lados de su cuerpo y la capa cubriendo todo su cuerpo una vez más. Las cosas parecían ponerse interesantes.

—Aunque la idea de tener un ladrón con nosotros sea interesante, no lo necesitamos.

—Podría ser más beneficioso de lo que creen —su voz sonó tan confiada que hasta se rio y de la bolsa que llevaba a la cintura, el Barón sacó un pergamino y se lo arrojó al ninja quien lo atrapó con duda de que fuese una trampa— es un pequeño obsequio de mi parte. Estoy seguro que sabrán darle un buen uso.

El ninja lo abrió con desconfianza y miró con asombro el sello del Amaterasu en el pergamino, una técnica muy poderosa del clan Uchiha gracias a su sharingan. Fuyuki, aun con su gran talento y astucia, no tenía ninguna intención de darle uso a las cosas que robaba. Después de todo, el Barón sólo tenía un propósito y lejos de lo que había hecho su padre, ella sólo quería llegar a una respuesta en particular, por lo que su mercancía era un bien que fácilmente podría irse de sus manos sin que ella lo lamentase y tenía muchas cosas que podrían serle útiles, desde joyas, reliquias hasta sellos de técnicas prohibidas, sin embargo, estaba todo acumulado en su escondite sin que ella le prestará atención. Sus dudas, su curiosidad era mucho más valiosa que cualquier otra cosa que pudiera conseguir. Sin embargo, las personas que podían ayudarla podrían querer algo de todo lo que ella había robado, así que era un bien de cambio importante.

Se quedó esperando una respuesta con ansias. La misma llegó rápidamente cuando el ataque llegó a ella. Sacó una de sus agujas y rasgó la piel de su mano haciendo su técnica de invocación en la pared, solicitando de esa manera la ayuda de Mochizuki… no muy feliz por el traje que usaba por ella, aun así, había aparecido a su rescate.

—Demoraste mucho.

—Di lo mejor de mí sin hacer muestra de mis habilidades —dijo ella acomodando sus armas entre sus dedos. Sonrió debajo del casco— bien, es hora de lucirnos.

La muchacha saltó y comenzó a correr por la pared mientras que su compañero iba por el lado contrario. El ninja que los recibió sonrió cuando el techo colapsó sobre ellos, de suelo grandes y filosas espadas salieron atravesándolos.

El ninja metió las manos en el bolsillo satisfecho. No eran dignos de tener un sitio.

Capitulo 6

¡Espero que lo hayan disfrutado!

¿Qué esperan para Fuyuki en el próximo capítulo!

Espero tenerlo prontito por aquí.

¡Un abrazo!

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