5
(2)
Día catorce: Grandulón
Grandulón
Veía ruinas por todos lados. Jarkko aún tenía ciertas dudas sobre la potencia y la eficiencia de la aeronave, más, hasta ahora no le había dado ningún problema. La aeronave funcionaba a la perfección, aunque lo que más lo incomodaba era ir con Marko en la cabina quien parecía ir de lo más relajado viendo el paisaje, como si nada hubiese sucedido.

—¿Tienes idea de cómo vas a encontrar a tu esposa? —preguntó mirando por la ventanilla, pegando la cara al vidrio.

—Sé dónde estaba. Será cuestión de aterrizar y buscarla en los alrededores.

—¡Tengo una mejor idea! Avísame cuando estemos cerca.

Jarkko insistió en que le contara qué es lo que tenía planeado hacer y aunque lo intentó, no consiguió nada y fue media hora de vuelo más tarde que ¡al fin! Obtuvo una respuesta.

Observó el tablero con cuidado y vaciló unos instantes moviendo sus dedos en el aire sin tocar nada en lo absoluto. A Jarkko esto lo exasperaba verlo de esa manera, y se tardó un minuto antes de descubrir un tablero nuevo que tenía tres botones que él, nunca había visto en una avioneta. Y siendo sincero, sabiendo quién la había hecho, tenía miedo de saber qué es lo que hacía.

De la parte superior, sacó un micrófono que se colocó en el oído y apretó el botón central. Por dentro de la cabina no se veía ningún tipo de movimiento ¡por fuera era otra cosa! La boca del dragón se abrió y se desplegaron dos compuertas de la misma dando paso a un megáfono.

—¡Suvi! Tu esposo ha llegado por ti —dijo varias veces logrando llamar la atención de las personas que estaban en las calles que no eran muchas después de la catástrofe.

—¿Por qué no hiciste un sistema como el de cualquier avión?

—¿Qué mérito tendría hacer lo que tiene cualquier avión? ¡Mi dragón habla! —exclamó feliz sin darse cuenta de que tenía le micrófono abierto y que todos habían oído eso. Aunque realmente, Marko no era de los que se preocuparan por ese tipo de cosas, por el contrario, le daba exactamente igual que las personas pensaran que era un excéntrico, después de todo no habría hecho ni la mitad de las cosas en su vida si dependiera de la opinión de los demás.

Siguió con el anuncio pidiéndole que diera una señal para que vieran su ubicación y no muy lejos, Marko vio una bengala y señaló con gran efusividad a través de la ventana que ella estaba abajo a pesar de que no la veía.

—Vamos, grandulón. Aterriza por ahí —señaló entre los escombros de lo que fue una casa, recibiendo una fuerte negativa por parte del piloto.

Marko se hundió en el asiento al punto que no se le veía el cuello de tan alto que levantó sus hombros y cruzó sus brazos.

Anduvieron dos kilómetros hasta que encontraron un sitio que tenía la capacidad necesaria como para forzar un aterrizaje y… llevarse algunas plantas con ellos en el camino, el mismo Jarkko se estaba arriesgando más de la cuenta, pero no quería extender más el vuelo, que todo el camino, tendrían que hacerlo a pie y estaba demasiado ansioso como para poder soportar la larga distancia.

Apenas el impacto del aterrizaje pasó y confirmaron que todo estaba bien, dejó todo atrás sin siquiera mirar al científico, abriendo la compuerta y saltando hacia el suelo, corriendo apenas estabilizó su cuerpo en él. Marko le gritó que se calmara, pero era inútil competir contra el amor, después de todo, estaba hablando de un acto que carecía de lógica alguna. Lo siguió, aunque no con la misma velocidad que llevaba el piloto.

A medio camino y haciendo tiempo record en el viaje, encontró a Suvi, corriendo casi tan rápido como él, fundiéndose en un abrazo apenas se vieron. É recorrió su espalda y sintió alivio de tenerla contra su pecho una vez más; ella, inhaló su aroma y la calma vino a ella como su perfume.

—Eres demasiado rápido para ser tan alto —gritó o al menos, hizo el intento al alcanzarlos, descansando sus manos sobre sus rodillas completamente encorvado y respirando con dificultad, Marko finalmente había llegado con ellos. Y estaba seguro de que no iba a volver a ser semejante carrera ¡era científico, no atleta!

—Vamos a casa —le dijo Jarkko a Suvi y Marko estuvo a punto de tener un ataque cardíaco ¿tenía que hacer todo el camino de vuelta? De sólo pensarlo, cayó al suelo rendido, haciendo una escena dramática digna de una película.Los tres, se tomaron unos quince minutos para que Marko recuperara el aliento antes de volver a la avioneta y emprender su viaje.

Estaban apenas a unos metros cuando el científico corrió feliz hacia su precioso tesoro que ahí sí iba a poder descansar tranquilo y finalmente, recuperarse. Y ante eso, vieron a un gato que corrió a la avioneta y trepó hasta meterse en el interior. Él, corrió lo más rápido que sus piernas deshechas por la carrera le permitían a buscar al minino. Y de no haber sido por la cola que sobresalía debajo de uno de los asientos, no lo habría visto.

Lo sacó de ahí abajo y lo miró quitándole los restos de yesca y viendo que tenía una herida en la cabeza. Jarkko y Suvi llegaron a los pocos minutos y vieron al científico hablar con el animal. Fue entonces cuando les dijo que él era la señal que había estado esperando desde hacía mucho tiempo. Y antes de ir a casa, pasarían por otro destino.



CenizaIndiceLeyenda

¿Te gustó la entrada?

Haz clic en los corazones ¡y vota!

Votos 5 / 5. Votos: 2

4 Comments

  1. El Demiurgo de Hurlingham 22 octubre, 2019 at 3:36 pm

    Y resultó que los métodos extravagantes del científico loco funcionaron.
    Como era de esperarse. Lo que explica por que ella trabajaba con él.

    Me da la impresión de que queda algo para contar.

    Besos.

    Reply
    1. Roxanabr 28 octubre, 2019 at 8:02 pm

      Me gusta esa actitud del cientifico. Tiene su toque de rareza que su inteligencia es capaz de permitirle.
      Y se viene algo más con ellos.
      ¡Besos!

      Reply
  2. Citu 23 octubre, 2019 at 12:30 am

    Uy me sorprendiste y esperó más . Te mando un beso

    Reply
    1. Roxanabr 28 octubre, 2019 at 8:03 pm

      Me alegra mucho.
      ¡Un abrazo!

      Reply

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *