4.2
(5)
Estampado
Lo esperó en la pista. Le llevó toda la semana y varios viajes hasta que por fin lo terminó. Pidió ayuda para sacarlo del hangar ese día que iba a lucir su nueva apariencia en el cielo. Su esposo no tendría que tardar demasiado en llegar, apenas daban las cuatro de la tarde y realizada por su trabajo, se sentó sobre el estuche de madera a beber un poco de jugo mientras mantenía aquella espera.

El cielo estaba impecable, despejado y con un sol brillante. Tampoco hacía demasiado calor, salvo el que sentía ella después de tanto trabajo y la misma emoción que brotaba por sus venas. Se distrajo pensando en ello al contemplar su obra terminada cuando el sonido de su celular la hizo brincar y volcar un poco de la bebida encima suyo. Renegó, pero no le dio mucha importancia tomando con rapidez su bolso y corriendo a recibirlo antes de que viera la avioneta terminada a la distancia.

Al trote, llegó a interponerse en su camino con una sonrisa que brillaba tanto como el sol de la tarde. Él la tuvo que sostener de los hombros para que se quedara quieta contagiándose de su entusiasmo con sólo verla.

—¿Por qué sigues eligiendo una camisa con un estampado tan feo? Van a creer que sigues soltero —reclamó al recobrar el aire al ver su atuendo, justo llevaba aquella camisa turquesa con estampado de hojas amarillas, una combinación demasiado llamativa de colores que ella odiaba con pasión.

—¿Sólo los hombres solteros se visten con estampados?

—Por supuesto que no. Pero hay estampados y…. —hizo una mueca de asco señalando su camisa— y estampados ¿por qué no la botas?

—Quizá, quiero que crean que estoy soltero—se adelantó a ella y al imaginar su reacción, corrió, pero su esposa se le tiró encima, subiéndose a su espalda haciéndole un berrinche que a él, lo divirtió demasiado, siendo sus risas lo único que se escuchaba en aquel lugar.

Aprovechando eso, decidió no usar la venda y sí cubrirle los ojos mientras la cargaba. A pesar de que él le pidió que no lo hiciera, ella estaba decidida a guiarlo todo el camino. Y después de casi cinco minutos de pelear entre que sí y que no, se rindió a ella y le siguió el juego.

No avanzaron demasiado hasta quedaron frente a la avioneta terminada, le destapó los ojos y se bajó de su espalda, corriendo hasta quedar al lado de la aeronave y presentarla con gesto teatral:

—¿Qué te parece?

—¿Por qué tiene dientes afilados y saca la lengua? —dijo en un tono tenue, incrédulo caminando entre rápido y despacio, como si quisiera verla de cerca y se arrepintiera al llegar, frotándose la frente varias veces.

—Es que si la miras bien, esto parece una nariz grande como de caricatura y el resto ya lo ves —dijo entusiasta sin notar el gesto que él tenía o al menos, lo ignoraba, que su esposo ya no sabía a qué santo invocar esperando que todo eso fuera un chiste.

—¿Cómo pretendes que me vea serio trabajando así?

—Es simpático. Y dijiste que podía ponerme creativa.

—Imaginaba que ibas a ponerle unas líneas de colores o algo más discreto ¡no que ibas a volverlo un personaje de historieta!

—No puedes decir nada cuando usas camisas tan feas —se cruzó de brazos enojada ¡y tan emocionada que estaba antes!

Él dio un profundo y largo suspiro antes de volver a frotarse la frente con los dedos y mirar el cielo y ver la avioneta. Luego, se acercó a ella y la abrazó dándole un beso en la mejilla y balanceándose con ella lentamente:

—Prometo tirar esta camisa y todas las que no te gusten si no te vuelves a poner creativa con mis cosas.

La ilusión brotó en ella con tanta rapidez que parecía que nunca había estado enojada, volteando a verlo y pidiéndole por favor que ratificara la promesa antes de hacer cualquier otra cosa, algo que no tardó en hacer.

—¡Si! —gritó victoriosa y volvió a correr, desapareciendo de vista un momento, volviendo con una escalera corta a la cual se subió ante la mirada confusa de su esposo y con rapidez, quitó el rostro de la avioneta, dejándola con un perfecto acabado.

La incredulidad lo pudo ¡eran pegatinas! Y no sólo eso: acababa de caer en una de las jugarretas de ella para conseguir que actualizara su guardarropa. Lo peor de todo es que había sido por iniciativa propia decir eso como para poder arrepentirse.

—¿Ahora sí quieres volar en él? —casi cantó de la alegría que sentía. Acababa de ganar otra de sus eternas batallas, aunque posiblemente, tomara precauciones la próxima vez que él le encargara algo… posiblemente, no volviera a pintar nada.



ColumpioIndiceNieve

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8 Comments

  1. Cath.Hartfiel 10 octubre, 2019 at 3:47 pm

    ¡Hola guapisima!
    Me ha gustado mucho tu relato.
    Echaba de menos esto de entrar y leer.
    Un besito

    Reply
    1. Roxanabr 13 octubre, 2019 at 6:50 pm

      Gracias, me alegra volver a leerte por aqui. Espero estés de diez <3
      ¡Un besito!

      Reply
  2. Campirela_ 10 octubre, 2019 at 3:52 pm

    Un relato estupendo Roxana ..me gusta que ya vas poniéndote al día ..espero que estés mucho mejor ..Besotes feliz noche.

    Reply
    1. Roxanabr 13 octubre, 2019 at 6:50 pm

      Muchas gracias y voy a hacer mi mejor esfuerzo para continuarlo.
      ¡Besos!

      Reply
  3. El Demiurgo de Hurlingham 10 octubre, 2019 at 4:52 pm

    Jajaja.
    Que astuta que resultó. Me agrada. Consiguió lo que quería.
    Y nos engaño a los lectores, haciendo creer que era una sorpresa para él.
    Que pícara.

    Bien contado.
    Besos.

    Reply
    1. Roxanabr 13 octubre, 2019 at 6:52 pm

      Me gusta eso, tenia bien planeado todo para salir ganando o ganando.
      ¡Besos!

      Reply
  4. Tsuki 11 octubre, 2019 at 1:22 pm

    Hahahaha realmente no le gustaba para nada ese estampado 😂😂. Y el avión tampoco es que se veía tan mal con las pegatinas, quizás no se vería serio pero si llamaría la atención. Fue entretenido de leer :3

    Reply
    1. Roxanabr 13 octubre, 2019 at 6:52 pm

      Bueno, de que iba a destacar, iba a destacar, eso era seguro ajajajajaja me alegra que te gustara.
      ¡Un abrazo!

      Reply

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