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Día veintiocho:Cabalgar
Regalo
Lidiar con los nuevos gennin podía ser un trabajo duro, pero lo prefería antes que el trabajo de oficina. Aunque estos niños estaban lejos de estar al nivel de los ninjas que él había puesto a prueba y entrenado, en los tiempos que corrían hoy, quizás, pudieran darse ese gusto, aunque no estaba todo de acuerdo al respecto, había prometido no ser ni demasiado brusco ni exigente…a pesar de ello, había usado su raikiri contra ellos, extralimitándose como no debía. Los gennin debían aprender: en batalla, el enemigo no se contendría y deberían pasar muchas penurias y estar preparados para todos. Aunque no estuvieron preparados para el impacto eléctrico que él les dio, habían demostrado un buen trabajo en equipo, algo fundamental para él y lo principal para que los aprobará como alumnos y futuros ninjas dignos.

—En serio ¿Aprobamos, tío Kakashi?

—Llámame Sexto, como todos —le dijo llamando la atención de Boruto y asintiendo que habían pasado el examen.

Boruto suspiró cansado, parecía molesto de llamarlo así, pero asintió de momento y por poco. Al finalizar los exámenes, Fuyuki apareció saltando por la espalda a Kakashi y abrazándolo.

—¡Kakashi-kun! —gritó efusiva dándole un beso en la mejilla.

Kakashi se encorvó un momento, recobrando el equilibrio luego de recibirla de esa manera.


—¿Por qué ella puede llamarte de esa forma ridícula? —reprochó Boruto con una mirada pícara, dispuesto a sacar ventaja de eso.

—Ella es mi esposa, madre de mis hijos, puede llamarme como quiera —dijo con total orgullo ante el niño.

La mujer no aguanto la emoción, no iba a negar que adoraba esa actitud de Kakashi donde la hacía sentir tan importante y ella, no dudaba en demostrar su felicidad con él y si no hubiesen estado siendo observados, le habría bajado la máscara y robado un beso que lo dejara hambriento. Pero se contuvo dándole un beso en la mejilla y hablándole rápidamente de sus planes y de todo lo que iban a hacer esa tarde después de ir a recoger a sus hijos y volver a casa, casi sin tener tiempo para respirar.

—¡Ah! Y Gai me dijo que tiene un regalo para los niños.

En ese momento que escuchó regalo, Kakashi quedó blanco.

—Tenemos que irnos —dijo con el apuro encima de repente.

—¿Por qué? Tenemos tiempo que…

—Gai y regalo no son una buena combinación —y la tomó del brazo, apretándola contra su pecho y desaparecieron del lugar. Ninguno de los que estaba ahí entendían cuál era la gravedad del asunto, ni siquiera Fuyuki que consideraba a Gai como uno de los mejores con los niños.

Llegaron rápido, casi demasiado a la casa de Gai. Kakashi estaba algo ansioso y Fuyuki lo siguió inquieta hasta la sala donde vio a Gai y a los gemelos en la sala, haciendo aquella pose heroica cuando daba sus discursos de la llama de la juventud… y eso sólo le demostró que habían llegado demasiado tarde: ambos estaban vestidos con mallas verdes y polainas naranjas.

—¡Qué adorables! —exclamó Fuyuki llena de ternura poniéndose de cuclillas para ver mejor a sus hijos que lucían orgullosos los trajes que les había comprado Gai. En cambio, su esposo tenía un tic en la ceja.

—Ahora llevan el color de la aldea y las llamas del fuego de la juventud en su vestimenta —decía con orgullo Gai mientras Kakashi se golpeaba la frente. Era imposible que su amigo fuera a cambiar ni aún a esa etapa de su vida. Sin embargo, su esposa era otra cosa: se entusiasmaba con facilidad y ante ese orgullo tan grande que Gai sentía por la aldea, ella sentía muchas más ganas de saber más de ella.

—¿En serio significa eso? —se levantó la mujer de larga cabellera verde de un brinco— yo también quiero uno.

Y eso fue la gota que rebalsó el vaso.

—Ni lo sueñes. Nos vamos —intervino Kakashi antes de que el mameluco verde se extendiera en su familia al punto que no pudiera quitarlo.

—Kakashi —le dio una palmada en los hombros con una sonrisa jovial y enérgica— no seas aguafiestas, nunca fuiste muy apasionado. Y tus hijos merecen la voluntad de fuego de la hoja.

—Pueden tenerla sin verse ridículos.

—Kakashi, no seas malo con Gai —le reprochó Fuyuki.

El ninja, aprovechando la oportunidad, dio un salto hacia atrás haciendo una pose digna de un catálogo de ropa sacando una malla verde para ofrecérsela a Kakashi. Apenas vio esto, el sexto palideció y supo que seguir la discusión no era sensato.

—Nos vamos. Es imposible que actúes como si no hubiera espejos —fue preciso cargando a los gemelos y jalando a su esposa de la mano y desapareciendo en una estela de humo.

Gai no se iba a dar por vencido, no por nada, era su tío favorito. Mientras, Kakashi convencería a sus hijos de volver a su ropa normal, lo que no sería fácil porque al llegar a casa, tuvo el problema de que ninguno se quiso bañar. Y sólo podía culpar a Gai.



TruenoIndiceDoble

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6 Comments

  1. El Demiurgo de Hurlingham 29 octubre, 2019 at 9:27 am

    Son infaltables las historias de esa pareja.
    En tu blog son el equivalentes del Mara verso.

    Reply
    1. Roxanabr 16 noviembre, 2019 at 5:28 pm

      Tienen su encanto y mientras tenga ideas con ellos, voy a seguir escribiendo <3
      Más si las disfrutan:)
      ¡Besos!

      Reply
  2. Yessy 30 octubre, 2019 at 3:13 pm

    Que bonito capitulo. Veo que Kakashi no está de acuerdo con el peculiar regalo de Gai. Fuyuki es adorable!
    El tío los quiere entrenar para su protección, espero que el padre cambie de opinión sobre las mallas.
    Abrazo!

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  3. Citu 31 octubre, 2019 at 12:14 am

    Uy muy dulce capítulo Adoro a Fuyuki. Te mando un beso

    Reply
  4. Giancarlo 3 noviembre, 2019 at 12:18 pm

    Que bello capitulo.
    ¡Un abrazo!

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