Locos y azules — Capítulo 2

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Seguramente, no se acuerdan de esta historia, que llevo tiempo sin actualizar >.< Y la verdad, es que no tengo la menor idea de por qué no he subido la continuación, porque en el borrador, tan sólo me faltaba ponerle una bonita portada y nada más ¡Jo! ¡A saber en qué pensaba en ese momento! ¡Pero ya tienen la actualización!
Capítulo dos
—Caminaremos.
No puedo ingresar a los bares de la zona y estoy segura que los bares a los que
puedo ir no te gustaran —Prue sonrió adelantándose a él, tomando su larga
cabellera verde y comenzando a trenzarla por pura comodidad aunque, debía admitir
que estaba un poco nerviosa. Las charlas con un hombre que no quería nada
carnal de ella eran una novedad ¡ni si quiera había creído que eso era posible
hasta ese momento!
—¿Y eso por qué?
—Soy una prostituta.
Hay reglas. Las damas son demasiado estrictas. Hasta hace unos años, no había
tales restricciones, unos seis o siete. Pero las damas de la corte son muy
exigentes. Una cualquiera no podía tener acceso a verse igual que ellas. Así
que se estableció la ropa, el calzado y hasta el largo del cabello que debemos
llevar. Así también, se restringieron los lugares también creándose zonas para
nosotras —y aprovechó la misma longitud de su cabello para anudarlo y que no se
soltara su nuevo peinado— de hecho, no debería estar por aquí. Si alguien más
me ve tendré problemas.
Garret se
imaginó lo dura que era su vida y lo bien diferenciadas que estaban las clases
sociales. En ese momento, pensó que tenía que haber averiguado más de Noshua y
no sólo limitarse a volver a su hogar. Hasta ahora, no había preguntado exactamente
por el tipo de zonas rojas ni nada más. Noshua lo había guiado más o menos  por el mundo, contándole lo que necesitaba
saber para guiarse por donde debía y nada más, lo que debía evitar de otras,
pero jamás habían llegado a hablar  de
prostíbulos y prostitutas, quizás, porque ninguno de los dos sacaba el tema,
había quedado relegado al olvido, hasta ahora.
Caminaron un
par de cuadras, Garret compró un par de cosas y la llevó a un parque, alejado
de la vista de los curiosos, podrían conversar tranquilos, pues, estaba
bastante oculto de todos y las paredes altas de los edificios no permitían que
los rayos del sol alcanzaran bien las plantas, por lo que también, estaba
bastante descuidado pues, no era precisamente el lugar que frecuentarían para
pasar la tarde, salvo ellos.
Sacó unas
golosinas. Supuso que si ella era como su novia, adoraría los dulces y había
visto unas frutas muy similares a lo que él conocía como frutillas con
chocolate y aunque eran similares en forma y color, había descubierto que todo
tenía un sabor y nombre diferente. Nassa era el nombre de la fruta y la
cubierta, que era una golosina muy común, se llamaba kakaw, servido en
brochetas que había visto tenían muy buena pinta. Y no creyó la ilusión de ella
cuando vio el postre.
—¿En serio es
para mí? —Preguntó ella dudosa. Eran demasiadas sorpresas para tan poco tiempo.
Empezaba a pensar que realmente había una tercera opción, aunque aún no sabía
cuál era— nunca me habían hecho un regalo así. Salvo el intendente —dijo antes
de morder una y sonreír como una niña al probarlas.
—¿Es un amigo
tuyo?
Ella casi se
ahogó al escucharlo. No podía contener la risa, una risa sonora y completamente
desvergonzada, dejando un poco perdido a Garret. No imaginaba que alguien como
ella pudiera tener una risa tan musical y agradable.
—¡Por supuesto
que no! Las prostitutas no tenemos amigos. Es un cliente. Pero me hace bonitos
regalos cuando cumplo sus fantasías. Su esposa no lo sabe, así que suele
pagarme el doble para que guarde el secreto.
—Pero acabas
de decírmelo.
—No tienes
idea de quién es el intendente, dudo que puedas usar esa información de alguna
forma —se rio terminando las nassas, clavando la brocheta vacía en la tierra.
Hacía tiempo
que no se sentía así de bien: tranquila. Se sentía bien por primera vez en
compañía de una persona. Quería creer que era realmente su tercera opción, por
lo que se sintió despreocupada durante un momento, aunque aún no confiaba del
todo en él, quería hacerlo y esperaba tener las razones para sostenerlo.
Por su lado, Garret
la invitó a que se sirviera lo que gustase y ella no tardó en arrasar con los
dulces: eso era lo que realmente le fascinaba y no conseguía de manera seguida.
Los barrios marginados tenían muchos menos lujos que los que no, por lo que
incluso, mercadería común en otro lado, no lo era con ellos. Por eso Prue
cumplía bien con el intendente, tenía sus beneficios a pesar de ser un viejo ladino
y eso, había que saber usarlo pues, nunca sabía cuándo podía dejar de
visitarla.
—¿De que querías
hablar? Insististe mucho por este tiempo conmigo tan sólo para que me viera
comer.
—Lo siento, es
que verte tan feliz por un postre me recordó a alguien.
—Una mujer
¿no?
—¿Cómo…?
—Siempre es
una mujer —se rio— si supieras las cosas que he escuchado que hacen por ellas.
Aunque igual, pueden acabar entre mis sábanas. Ni si quiera la mujer amada los detiene de buscar placer
entre mis piernas.
Le sorprendía
la forma en la que hablaba del amor y de los hombres. Podía intentar
entenderlo, pero no dejaba de ser un fuerte choque para él escucharla hablar de
esa manera como si el mundo estuviera perdido. Lo que Garret no sabía es que
Prue consideraba realmente que su mundo lo estaba. Y ella lo decía en voz alta
y se limitaba a no soñar porque jamás podría ir más allá de lo que su zona de
trabajo le permitiera y la tiara que llevaba en la cabeza. Viajar, vivir
tranquila y libre y no volver a dormir con un hombre eran cosas a las que no
podía aspirar.
Aunque pronto
se vieron interrumpidas todas esas imágenes por la voz ronca de su acompañante.
Supo que se llamaba Garret, un nombre que jamás había escuchado, justo ella que
se jactaba de coleccionar clientes de nombres extraños. Pero él llegaba
ganando.
Hablaron de lo
que ella era y como la controlaban con su tiara. Alguna vez había intentado
escapar y se había dado cuenta de que mientras la llevara encima, no habría
forma de escapar que la encontrarían, fuera donde fuera. ¡Y lo peor de todo! No
se la podía quitar. Lo había intentado, pero no lo logró. Tal y como ellos le
habían dicho: estaba atrapada para siempre… A menos que ellos quisieran
liberarla y al brindarles dinero, estaba segura de que no iba a conseguirlo
nunca. Era una buena fuente de ingresos como para liberarla, por lo que estaba
condenada a una vida así por… bueno, por lo que durase su vida o su belleza,
que su cuerpo joven y esbelto alguna vez dejaría de ser deseable y quizás, sólo
quizás, obtuviera lo que ansiaba.
Aun así, se deprimía
pensando en ello, por eso, se había aislado. Prue cumplía en cuanto le era
beneficioso, que un poco de sexo era mejor que pasarlo en el calabozo. Y con
algunos clientes, como el intendente y algún otro pez gordo, podría sobrevivir
bastante bien, realmente, que a pesar de eso, Prue era una mujer astuta y se
las había ingeniado para salir beneficiada a pesar de todo. No era como si
derrochara lujo, pero podría vivir con ello. Además, tenía sus propios
secretos. De vez en cuando, sacaba algo del dinero de sus ganancias para ella y
lo iba guardando y ahorrando. Estaba segura de que cuando consiguiera librarse
de la tiara, iba a marcharse de ahí de manera definitiva.
Al hablar con Garret
de sus proyectos, de su hogar y de todo lo que iba a hacer, sintió el gusano de
la envidia al verse condenada de esa manera.
—¿De verdad
nunca has pensado en huir? —Preguntó Garret haciendo que ella fingiera una
sonrisa, estirara sus piernas sobre el césped marchito y mirase al cielo.
—Boca cerrada
y ojo abierto, no hizo jamás un desconcierto —soltó ella.
Escucharla
hablar así, le hizo pensar a Garret que aunque ella hablase de esperar el
momento correcto, se había resignado a que no sucediese nunca. Y no lo soportó,
haciendo algo que jamás pensó que haría:
—Ven conmigo.
—¿Ahora sí
pagarás por mi tiempo? —Lo miró pícara Prue.
—No, no —negó
él poniéndose en frente, de cuclillas— quiero ayudarte. Podemos irnos juntos,
encontraremos la forma de quitarte esa cosa de la cabeza y…
—No sé si
entiendes que le pides a una prostituta que te acompañe. Y te dije que esto les
dirá dónde estoy —y se señaló la cabeza.
—Le pido a una
mujer que me acompañe —la corrigió él— hallaremos la forma de quitártelo. Si lo
pudieron poner, significa que hay una forma de quitarlo. Te pagaré incluso si
eres mi guía. Tú conoces este mundo mejor que yo.
Prue lo dudó.
Era una oferta demasiado buena para ser cierta. ¿Qué le pagasen sin tener que
desnudarse? Parecía un sueño, que ni si quiera se había permitido pensar que
alguna vez alguien pudiera decirle una cosa así.
—¿Qué dices? 
—Que si es una
broma, voy a castrarte usando esas brochetas —y miró los palos de madera
clavados en el suelo— ¿Qué ganarías tú con esto?
—Saber que si
consigo volver a casa, no estaré pensando «¿Habrá logrado escapar y empezar de
cero?» Sabré que lo lograste con certeza.
—Eres un tonto
romanticón.
—¿Y…?
—Quisiera
irme. Pero…
—No, nada, de
peros —la detuvo tomándola de las manos, gesto que tomó por sorpresa a Prue.
Se sintió abrumada
por ese gesto que parecía tan sencillo y fácil de entregar y que para ella, era
toda una novedad ¡maldito hombre! Quitó sus manos con sentimientos encontrados,
iba siendo demasiado para un sólo día y aun así, todavía permanecía ante el
extraño e inusual hombre que acababa de conocer.
—Hazlo.
Fue todo lo
que tuvo qué decir. Prue asintió y pensó en todo lo que deseaba, en eso que podía
liberarla y dejarla hacer lo que ella quisiera. Se rozó los dedos, aun sentía
su toque como si la hubiese dejado impregnada de él con un simple roce y sin
pensarlo, manteniendo fija las orbes rojizas sobre él, dijo que sí. Dijo que sí
y se sintió con cien cadenas menos, aunque la duda y el miedo se apoderó de
ella, ese sentimiento de anhelo y de libertad se volvieron más fuerte.
Sólo les
quedaba la noche por delante y a emprender el viaje.

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8 Comments

  1. El Demiurgo de Hurlingham 14 mayo, 2018 at 1:43 pm

    Que interesante desarrollo de personajes. Como para desear leer la continuación ahora mismo
    Besos.

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 18 mayo, 2018 at 4:07 am

      ¡Gracias! Lamento no subir la continuación tan pronto, que a ese capítulo sí lo tengo a medias, pero pronto estará <3

      ¡Muchos besos!

      Reply
  2. J.P. Alexander 15 mayo, 2018 at 1:27 am

    Uy me gusto esta historia no la recordaba pero esta genial. Ojala la actualices pronto.

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 18 mayo, 2018 at 4:09 am

      ¡Qué gusto que la hayas disfrutado! Espero subirla pronto <3

      ¡Un abrazo!

      Reply
  3. Dafne Sinedie 18 mayo, 2018 at 10:46 am

    ¿Subirás pronto el viaje? *__* Me gustan mucho las conversaciones entre Prue y Garreth, guardan muchos secretos y tengo ganas de descubrirlos.
    ¡Besos!

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 27 mayo, 2018 at 10:42 pm

      Muchos que ni ellos mismos conocen. Espero subirlo pronto, que me encantan ellos dos <3

      ¡Besos!

      Reply
  4. Yessy kan 18 mayo, 2018 at 4:59 pm

    Tienes tantas historias, que es comprensible se te haya pasado.
    Muy buena continuación. Me agrada saber que Prue a aceptado irse con él y pueda ser libre. Que interesante lo dejas, me muero por leer cómo hará para quitarle la tiara de la cabeza.
    Abrazo

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 27 mayo, 2018 at 10:43 pm

      De hecho que sí XD la verdad es que me comprometo a decirme a mí misma que no voy a subir ni empezar ninguna hasta acabar alguna, pero mi mente me traiciona y llegan las ideas y hay que hacerle caso a las musas.

      ¡Un abrazo!

      Reply

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