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Tu recuerdo me hace brillar
Mi abuelo era turco. Un turco con carácter del diablo, según palabras de mi madre. La abuela, decía que era un turco atorrante, no había conocido argentino que lo iguale. Yo no lo conocí, así que tengo ideas mezcladas de lo que contaba mi abuela y contaba mi mamá. Me gustaban las historias de la abuela. Ella las contaba y recordaba al abuelo y le brillaban los ojitos y su piel blanca y arrugada mostraba esa sonrisa jovial, esa vida que volvía y recorría los surcos de su piel y la revivía.

Cuando estaba sola, me contaba historias de ella. Me contó como conoció al abuelo en un barco que venía a Argentina. Ella se fue de Andalucía buscando nuevos horizontes y encontró uno inesperado y mucho más amplio y basto. Mi abuelo iba en ese barco ¡de polizón! Incluso, le hizo creer que era un gran aristócrata y hasta cenaron en uno de los salones de elite de ese barco. Hasta la fecha, ella no sabía de donde sacó el traje de gala y el sombrero, pero sí sabía que sus modales en la mesa lo delataban que no era un hombre de esos. Lejos de molestarse, a la abuela le pareció divertido eso y le siguió el juego. Y el juego duró tanto. Se casaron y se establecieron en un pueblito. Hoy ya no existe, pero estaba allá, por la ruta que va a San Javier.

La abuela siempre decía que era un viejo atorrante. Mamá que no tenía que dejarme llevar tanto por las historias de la abuela pues, ya no estaba lúcida a causa de su enfermedad y contaba cosas que no eran.

Yo no sé si eran o no eran, pero me gustaba el abuelo de sus relatos. Ese viejo atorrante que salía a cazar y volvía con seis sábalos ¿Cómo? Nadie se lo explicaba. O el que inició una guerra con el vecino del lado de la casa porque le robó a La Rita, la gallina ponedora que él tenía y que después, se había metido a la casa a pelear para recuperar a La Rita y, que puso una cerca de dos metros y medio para que nadie entrara al gallinero. Era ese hombre elegante, que se calzaba el traje y el sombrero y que aprendió a leer sólo para ir a sentarse en el café y leer el periódico como todos los hombres cultos. Era ese tipo sencillo que salía a la calle y saludaba a todos. Era ese tipo loco que se compró un pavo y no lo pudieron cocinar como la abuela quería, porque él se había encariñado y andaba con el pavo, la gallina y el loro por la casa. Yo no sé cuál habrá sido real o no, pero me gusta pensar que fue todos esos hombres que hicieron a la abuela feliz.

¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Espero que de maravillas ¡Ya casi terminando el año! Me gustó la convocatoria y tuve todo el día pensando para poder participar. Aquí mi relato, un poco fantasía, un poco realidad, con esa línea tan delgada que no te deja saber cuál es cuál.

Los invito a leer a los compañeros, por supuesto, en la casa de Neo.

¡Un abrazo!

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11 Comments

  1. Tracycorrecaminos 10 diciembre, 2020 at 3:31 pm

    Sea verdad o no, me ha encantado tu abuelo, aunque su mujer dijera de él que era atorrante, jajajjaja.
    He disfrutado con sus hazañas y tu forma de contarlo.

    Reply
    1. Albada 12 diciembre, 2020 at 11:17 am

      Muy interesante historia. Seguramente es real, y es apasionante.

      Un abrazo

      Reply
  2. Mónica Frau 10 diciembre, 2020 at 4:40 pm

    Enternecedor relato que, ya sea poca o mucha fantasía, pinta a tu abuelo de forma tan singular que uno, al leerte, ya cree conocerlo un poco. Un abrazo Roxana, muchas gracias por sumarte!

    Reply
  3. Campirela_ 10 diciembre, 2020 at 6:51 pm

    Me ha gustado mucho leerte en esta convocatoria se te echa de menos . Y de verdad me has recordado a mis abuelos contando siempre sus historias y digo al igual que tu , algunas relatos otras fantasiosa. Un fuerte beso y feliz de volver a leerte. Muakiss

    Reply
  4. El Demiurgo de Hurlingham 11 diciembre, 2020 at 10:51 am

    Es la visión que tenía tu abuela de tu abuelo.
    Parece que esas historias han contribuido a tu imaginación, tu capacidad para escribir.
    Besos.

    Reply
  5. Myriam 11 diciembre, 2020 at 1:20 pm

    Un relato – de fantasía o no- bellamente narrado con mucha ternura.

    Besos, Roxana

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  6. Molí del Canyer 11 diciembre, 2020 at 5:24 pm

    Y es que los abuelos y sus aventuras llenan nuestra imaginación y ocupan un gran lugar en nuestras almas. Muy buen relato, besos.

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  7. Cath.Hartfiel 13 diciembre, 2020 at 12:31 pm

    ¡Hola guapa!
    Me ha gustado mucho el relato, me ha parecido bastante tierno y tener una historia así de relatar de un abuelo es algo muy bonito.
    Un besico

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  8. Jose Lezcano 14 diciembre, 2020 at 11:46 am

    ¡Genial! Tu abuela te hablaba de la persona que ella disfrutó. Ella lo veía así. Mientras te lo contaba disfrutaba y volvía a sonreír. Una de mis abuelas se quedó viuda con 60 años y murió con más de 90. Ojalá hubiera contado todo lo feliz que fue. Yo la notaba triste. Me ha encantado tu relato.
    Saludos

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  9. Cyn Romero 22 diciembre, 2020 at 2:46 pm

    Qué hermosas anécdotas. Las historias de nuestras abuelas son así, tienen su encanto justamente en esas cosas que nos parecen tan fantásticas y no sabemos si ocurrieron o no. Me gustó mucho el relato. Que pases una feliz navidad. Un abrazo enorme.

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  10. Tsuki 14 enero, 2021 at 7:00 pm

    ¡Hola Roxana!

    Esta muy lindo el relato, me pasa lo mismo con un tío que nunca conocí y de otros familiares. Es lindo escuchar historias así. Espero lo hayas pasado muy bien durante las fiestas, por cierto, te he nominado en un lindo tag llamado “Seamos Amigas/os”

    Saluditos~ OO

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