Si perdemos el control – Capítulo 13

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 ¡Al fin vengo a actualizar esta historia! Morgan me anduvo colaborando muy poco en estos días, pero espero que no vuelva a suceder. De momento, les traigo este capítulo y quizás para mañana, tengan un nuevo cuento que ya casi, casi estoy terminándolo <3 Así que si los dioses me sonrien, mañana estoy subiendo todo o eso espero que vengo con varios días de intentar actualizar y siempre me pasa algo :,D
Capítulo
13
Dos veces más
habían tenido apariciones en el hotel. Justamente, cuando se habían puesto de
acuerdo para ver a los encargados del sistema de seguridad, las cosas habían
sucedido evitando así las preguntas que tenían para ellos. Morgan estaba casi
seguro de que había sido adrede todo y que, gracias a eso, habían ganado tiempo
¿para qué? No estaba seguro de qué es lo que estarían planeando, pero temía que
intentaran llegar tan lejos como en los casos anteriores.
—¡Qué circo!—
bufó Morgan pensando en que aún no tenían nada sólido para atrapar al
responsable, pero cada vez estaba más seguro de que de fantasma poco había en
el hotel.
—Yo iré a la
habitación de Linda. Tú ve a la recepción— dijo Kysa tomando su bolso y sus
lentes para separarse de él y agilizar las cosas.
Morgan la
sostuvo de la muñeca y la retuvo un momento. Metió la mano en su bolsillo y
sacando un pequeño aparato, lo colocó en su oreja y escondió un cable corto en
su blusa, abrochando el micrófono al bretel de su ropa interior.
—Si sucede
algo, lo sabré. Ten cuidado— le advirtió. 
Ella asintió
y se despidieron con la intención de verse en el salón comedor apenas
terminaran de hacer todo para luego, seguir con su investigación.
El detective,
se fue bastante molesto pensando que tendría que presenciar el exorcismo exótico
que hicieron en la habitación. Añoraba la suerte de ella que iba donde los
payasos no estaban, pero no le quedaba otra opción si pensaban resolver todo rápidamente.
Ya le estaba molestando estar en el hotel y tener todas aquellas apariciones y tumultos
pues, los huéspedes eran curiosos y que hubiera tanta gente alrededor intentando
averiguar qué es lo que sucedía tampoco era algo que le gustaba. 
Kysa iba al
segundo piso. El ascensor demoraba así que  simplemente, se dirigió a las escaleras. Fue cuando
vio a alguien salir de la habitación que compartía con Morgan y una caja de
herramientas ¿Qué hacían allí? Estaba segura de que no habían roto absolutamente
nada de nada. Iba a entrar a la habitación más, decidió seguirlo por el
pasillo, lo más sigilosa que pudo.
—Morgan, lo
estoy siguiendo. Salió de nuestra habitación— susurró siguiéndolo por la
escalera.
—No hagas
nada sola. Espérame— respondió él volviendo sobre sus pasos lo más rápido que
pudo.
—No harás
nada más— se escuchó la voz de un hombre a través del aparato preocupando a
Morgan, olvidándose del ascensor para comenzar a correr por las escaleras.
Habían colocado
un pañuelo con cloroformo sobre su boca, haciendo que Kysa quedara sumida en un
profundo sueño. Ambos hombres se miraron y la cargaron dirigiéndose hacia la
azotea. Todos estaban demasiado ocupados como para darse cuenta de las cosas
que realmente estaban sucediendo.
Morgan corrió
escaleras arriba tan rápido como sus piernas le permitían. No importaba si
quiera si sentía dolor aquel día, el escuchar la voz del hombre a través del
pequeño comunicador que llevaba hizo que se le erizara la piel. Sabía que tenía
que haber dejado a Kysa ir abajo no sólo para evitar a sus ‘colegas’ sino, para
evitar todo esto. Llegó al tercer piso y vio el ascensor abierto sin señales de
ella ¿a dónde estarían? El único lugar que se le ocurrió fue la azotea. Detuvo el
ascensor justo a tiempo, tomando al joven que estaba dentro del cuello de la
camisa y botándolo fuera del cubículo con la petición de que llamara a la policía
en ese mismo momento. Al menos, por su actitud, estaba seguro de que sería rápido.
Y sin más, rogó que llegara rápido al último piso.
Apenas la
puerta se abrió, corrió como alma que lleva el diablo fuera. Y había otra
escalera. Si no le agradaban, en ese momento las estaba odiando como nunca. Las
subió lo más rápido que pudo, intentando subir de dos en dos si podía, llegando
al final a la puerta. No tenía ninguna certeza de que estaría ahí, después de
escuchar el ruido del agua, todo sonido fue desapareciendo, haciéndose difuso. Escuchaba
todo porque ella había dejado el transmisor prendido ¿y ahora? ¿Qué le daba
seguridad? Nada. Absolutamente nada, y aun así, sin pensarlo mucho y tomando
tan solo un hierro que vio al lado de la puerta, la abrió y salió, viendo a dos
hombres en los tanques de agua. Su cuerpo ya no era lo mismo que era cuando
estaba en la milicia, pero aun buena puntería tenia, usando la vara de hierro
para lanzarla y darle a uno en la cabeza: uno menos. Había caído del tanque que
medía unos dos metros, por lo menos, dándole algo de tiempo: le quedaba uno. ¡Y
había otra escalera de por medio! Las odiaba, ese día había llegado a odiarlas
seriamente.
—¿Qué harás?—
lo retó serio el sujeto desenfundando un revolver que traía escondido entre sus
ropas, deteniendo a Morgan en ese momento.
Él se detuvo,
no quedaba mucho más qué hacer. Debía pensar rápido, ella estaba dentro ¿Cuánto
iba a sobrevivir allí? Miró a su alrededor, algo debía ayudarlo, lo que fuera
iba a venirle bien. Tenía cerca la vara, pero moverse implicaba un disparo
nuevo. Y no le iba a molestar eso si no fuera porque podría no ser capaz de
salvarla.
Suspiró. Se sintió
realmente impotente en ese momento, cuando la puerta se abrió y encontró el
momento justo para agacharse a tomar su arma nuevamente y lanzarla justo a la
muñeca, haciendo que el revolver cayera al suelo, aprovechando el momento para
tomarlo y subir las escaleras. No le interesaba mirar atrás y saber quién era
que había llegado, aunque ya le agradecía haberle dado el momento de distracción
justo que necesitaba.
—¿Qué pasa
cuando los papeles cambian?— sonrió apuntándolo con el arma. Era bueno, no iba
a fallar si se negaba a ayudarlo —dame las llaves rápido. Y tú, no dejes que se
vaya nadie de aquí— le dijo a Rogert, quién había llegado al lugar, acompañándolo
en ese momento tras su esposa y tres personas más —¡Rápido!— y disparó a un
centímetro de su pie. La próxima, no iba a fallar y eso, hizo temblar al
muchacho tirándole las llaves rápidamente. Apenas las tuvo en mano, mandó a
volar el revolver corriendo a abrir la tapa ¡era pesada!
Rogert no sabía
qué es lo que sucedía, pero al ver al detective de aquella manera, supo que lo
que había allí, era importante, así que lo ayudó a correr la tapa para luego, ver
su contenido: su compañera. Él logró tomar a Kysa entre sus brazos y la sacó de
allí, cayendo con ella en brazos al suelo. Aunque su prótesis era buena, no era
lo suficientemente como para cargar un peso extra, haciendo que perdiera el
equilibrio. 
La muchacha
estaba completamente mojada, helada. No terminó de ver aquello y llamó a la
ambulancia y entre aquella distracción, el jefe de seguridad que antes, casi
termina disparando, intentaba escapar, más, el sacerdote fue quien logró
apresarlo antes de que saliera de allí. Aunque realmente, todos estaban a la espera
de que ella tuviera algún tipo de reacción a los primeros auxilios. Había estado
unos minutos bajo el agua y mientras llegaba la ambulancia y la policía, debían
hacer algo por ella o si no…
La habitación
estaba poco iluminada, ya era de noche y pronto, acabaría el horario de
visitas. Aunque no lo sabía, sólo se sintió aturdida al despertar y verse en un
bata celeste y el rostro de Morgan tenso. Tomó su mano y le sonrió, saludándolo.
Y en ese momento, fue como si el alma le volviera al cuerpo y pudo respirar con
una tranquilidad que no había tenido desde temprano. Sentía que hasta había
perdido peso apenas escuchó su voz llamándolo: estaba bien.
—No vuelvas a
asustarme de esa manera— le dijo besando el dorso de su mano. La sensación de
alivio era demasiado grande como para disimularla.
—¿Qué fue lo
que pasó?—
—Casi te
matan—
—¿Y después?—
preguntó ella haciéndolo sonreír.
—¿Casi te
matan y no te preocupas?—
—Dijiste casi
y estoy bien, mareada pero bien ¿Qué pasó? Tu ropa está húmeda y yo estoy aquí.
Quiero saber ¿Está mal eso?—.
—Lograron
atrapar a los fantasmas. Uno de ellos
cantó como un gallo apenas dijeron que podían reducirle la sentencia si
colaboraba. Confiscaron todo lo que había en el cuarto de seguridad. Incluso,
las cámaras de nuestra habitación.
—¿Había cámaras?—
preguntó sorprendida —entonces…— y de sólo pensarlo se sonrojó.
—Las quité
antes de que pasara eso— la tranquilizó como si pudiera leer su mente en ese
momento —aunque sospechaba que volverían, no pensé que podría ser tan rápido. Sabía
que nos querían quitar del camino, por eso, te di el comunicador. Sin eso, quizás
no hubiese llegado a tiempo—.
Más, no tuvo
mucho más tiempo de continuar explicándole todo cuando Linda y Rogert entraron
a la habitación. Ambos se habían quedado en el hospital esperando saber cómo
estaba ella y tener un par de explicaciones con el detective que si bien, los había
visto hablar con la policía en el hospital, no habían llegado a escuchar nada
de ello, y tenían demasiada curiosidad como para dejar pasar las cosas así nomás.
—¿Cómo te
sientes?— preguntó Linda a Kysa apenas entrar, acercándose a la cama con su
esposo al lado.
 
—Mejor,
gracias—
—No sabía que
eras tan atlético. Me sorprendiste cuando te vi en la azotea— comentó Rogert
haciendo que dirigieran la vista hacia Morgan.
Kysa lo miró
con una sonrisa ¿Qué tanto había hecho allí? Y no tardó en enterarse que lo que
no se vanagloriaba él, lo hacia Rogert, recordando todo lo que había sucedido y
poniendo al tanto a la mujer de todo lo que había visto.
—Ser escéptico
tiene sus ventajas— dijo Linda —atraparon a dos asesinos gracias a ello—
—No es
escepticismo, es razonamiento. Algo que con sus aparatos, jamás aprenderán—
respondió sonriente ganándose una fuerte mirada de odio de la mujer.
—Pero tú siempre estuviste muy seguro de que era una persona—
intervino Kysa —y nunca me dijiste por qué—
—Porque los fantasmas no existen— aseguró el detective convencido de
ello —y si observas bien, podrías haber encontrado todas esas pistas.  El contenedor fue lo principal, se cierra por
fuera y es pesado. Dos personas debían trabajar en ello y ¡fueron dos!
—¿Y cómo explicas nuestros aparatos? Detectaron la presencia de un
fantasma— volvió a enfrentarlo Linda. Estaba dispuesta a seguir hasta el final.
—NO— respondió él —detectaron ondas electromagnéticas, las que
producen un celular, una cámara o un microchip. Todo eso estaba en las
habitaciones que revisaron. Incluso, en el espejo, era todo producto de una mente
muy despierta e ingeniosa—.
—¿Y cómo explicas lo de la voz? Nuestro traductor es infalible—
Él se rió.
—El traductor sólo repite patrones. Se adapta a los sonidos. Y ellos sabían
con quienes trataban, no fue ningún problema que lo averiguaran y escondieran
el audio por ahí. Pueden buscar las evidencias con la policía. Encontraran todas
las armas fantasmales con ellos.
Y no tuvo más qué decirle. Linda quiso agregar algo pero quedó en
nada. No tenía palabras para refutarlo. Y no quería seguir preguntándole tan sólo
para sentirse más inútil todavía.
Se despidieron y los dejaron solos. Morgan se iba a quedar a pasar la
noche con ella, los demás, volverían al hotel, al fin, a dormir una noche
tranquilos, sin espíritus ni problemas. Sólo un dulce sueño después de tantos
espectros.

 

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Espero que les haya gustado <3
¡Se cuidan!
Bye!

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2 Comments

  1. Kath Hartfiel 11 junio, 2016 at 8:45 pm

    ¡Oh! Me ha gustado mucho, espero ver el próximo capítulo pronto y ver como lo vas a terminar. Sigo diciendo que estoy enamorada de Morgan. Me encanta.
    ¡Nos seguimos leyendo!

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 12 junio, 2016 at 4:59 am

      La verdad, pensaba darlo por terminado con esto XD de hecho, había empezado el siguiente. Pero ya releeré no vaya a ser que me haya quedado algún cabo suelto con esto.

      ¡Cuidate!

      Bye!

      Reply

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