Si perdemos el control – Capítulo 16

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Al fin les traigo este capítulo que es bastante más triste de lo que están acostumbrados a leer por esta novela, pero espero que les guste, que hace un tiempo lo tenía planeado, pero hasta ahora vengo a subirlo, que suelo anotar escenas para usarlas luego y bueno, esta viene con bastante tiempo ya macerándose XD
Les dejo con el capítulo.

Capítulo 16
El viaje había
sido largo, incómodo gracias a un niño que se había pasado todo el maldito
vuelo llorando y ya ni con la madre, ni si quiera, con algunas personas que
habían estado cerca para ayudar a callar al niño, había surtido efecto. Kysa y
Morgan estaban exhaustos, en más de un momento, habían sentido la imperiosa
necesidad de levantarse de su asiento, tomar al niño en brazos y lanzarlo por
la ventana. Aunque ella estaba segura de que aun así, habrían seguido oyendo su
llanto hasta que impactara contra el suelo. Por eso, odiaba a los niños,
especialmente, a los ajenos.
Marissa, por
su lado, había sido una de las que se había acercado a ayudar a que el niño
guardara silencio acabando resignada al poco tiempo. ¡Y Jack! Aunque parecía
que la paciencia era de sus mayores virtudes, un viaje largo con un niño
llorando eran su límite.
Con grandes
ansias, apenas el avión paró su marcha y anunció que podían abandonar el
vehículo, la pareja fue una de las primeras en hacerse paso para salir
disparados fuera del horrible quejido del niño.
—La próxima
vez, si hay un niño, cambiamos el vuelo al siguiente que salga. No importa si
debemos esperar tres o cuatro horas— decía Kysa frotándose la sien en busca de
sus maletas, esperando a sus compañeros. No iban a dudarlo un solo minuto
ninguno de los dos, aunque llegaran tarde, todo sería por estar lejos del
mocoso que todos debían haber salido odiando. Después de doce horas de vuelo,
cualquier enloquecía.
Recogieron su
equipaje y tomaron un taxi hasta la casa de Kysa. Se quedarían un poco en casa,
era grande gracias a su familia numerosa así que no iban a tener problemas por
el lugar. La relación con Kysa y su familia, si bien era bastante estrecha,
nunca se había sentido cómoda fuera del país. Y aunque fueron a verla apenas se
instaló en el extranjero, nunca más volvieron al no sentirse parte de todo
ello, por lo que las visitas quedaban relegadas a Kysa y a sus tiempos pues, su
abuela había asegurado que no iba a volver a poner un pie en un avión. Y hasta
la fecha, lo venía cumpliendo. No era extraño considerando que había pasado
unos quince años viajando para conocer el mundo, más, después de eso, se había
instalado en casa con su novio sin ánimos de volver a salir de, lo que ella
siempre decía, era la tierra que la iba a ver morir. Aunque cualquiera que
viera a su abuela negaría que le quedase poco de vida, por el contrario, a
veces sentía que era más joven y vivas que toda su familia.
Ahora, el tema
era su familia y Morgan. Era llegar a casa y ver a todos de nuevo y
presentarles a su novio y amigos. Aunque Morgan lucía muy relajado en cuanto a
ello y hubiese estado de mejor humor si no hubiesen viajado con el niño de los
pulmones de oro. Pero estaba segura de que iba a saber comportarse, aunque de
todas formas, se lo recordó antes de entrar a la casa, comentándole un poco de
las cosas que debía y no hacer al llegar y no era problema por Jack y Marissa,
hacía hincapié en Morgan porque lo conocía demasiado bien. Lo primero que debía
hacer era quitarse los zapatos en la entrada, luego, no llamar padre a su
padre. Le recordó el nombre de todos para que no cometiera el error de
pronunciarlos mal, especialmente, el de su padre, que era muy meticuloso con
los extranjeros e incluso, le iba a oficiar de traductora, que su abuela y
algunos de sus hermanos manejaban bien el inglés, más, varios de sus parientes
eran bastante toscos para el idioma y algunos, ni lo sabían. Por eso mismo,
ella había pensado en todo. Habría podido organizar mejor todo si no hubiese
sido llevada a la fuerza al avión. Pero era tarde para lamentarse, para
arrepentirse o querer salir corriendo de ahí.
Se detuvieron
frente a unas rejas negras, una de ellas abiertas que rechinaba al abrir y
cerrarse por el viento: estaba en casa. Desde que tenía memoria que todos en su
familia hablaban de aceitar la dichosa cerca. Desde que tenía memoria la
dichosa cerca estaba sin aceitarse, haciendo ese irritante sonido al abrir y
cerrarse cada vez que una ventisca soplaba por ahí. El pasto era completamente
verde y los canteros estaban adornados con flores de estación que recién
estaban abriéndose. Era común considerada la época del año y que habían tenido
la suerte de que no fuera uno de sus comunes días grises.
Abrió la
puerta de su casa y los hizo pasar. Justo delante, estaba una fila de zapatos,
que iba bordeando la pared izquierda y seguía por la derecha, usando una de las
tantas estanterías que tenían allí. Demasiadas personas, y ella supo reconocer
los zapatos de varios, más o menos, dándose una idea de quiénes habían llegado
ya y quiénes no.
                El
olor de la comida casera impregnaba el aire de tan sólo entrar a la casa. Un
olor a carne asada y algo dulce en el aire. Pensó que su abuela era quien
estaba preparando todo y no tardó en comentarles a todos lo que probablemente,
pasaría cuando ella avisara de su llegada. Tan sólo pronunciar las palabras ‘Jag
är hemma’[1],  vio a un aluvión de personas acercarse a la
entrada a recibirla entre abrazos, condolencias y besos. Apenas terminó de
saludarlos a los siete que habían salido a recibirla, presentó a sus amigos, y
les dijo que se iban a quedar con ella unos días.
                Su
abuela, Karah, fue la primera en darles la bienvenida y llevarlos a la habitación
de huéspedes, con todas sus cosas, que con su edad, aun no perdía lo servicial
y había terminado en una pequeña discusión con Jack por ayudarlo a llevar las
maletas a la habitación, poniéndolo en un predicamento a él, que no sabía cómo
decirle que no hacía falta mientras la seguía con Marissa al lado.
                —Måste
jag hjälpa till[2]?— preguntó
Kolbjorn, el novio de su abuela, señalando las maletas de Kysa y Morgan ahora
que todos habían vuelto a sus actividades, dejándolos solos a ellos.
              
               —Vi
är bra. Tack[3]— respondió
Morgan dejando sin palabras a Kysa mientras se adelantaba a seguir a su abuelo
a una de las habitaciones de abajo.
               
                  Él
la miró por sobre el hombro sonriendo haciendo que ella reaccionase y lo
acompañara, mientras su abuelo iba contento hablando de lo bien que pronunciaba
el idioma y que no era común que los visitantes lo hablasen con tal fluidez.
                Los
dejó en la habitación, diciéndole que pronto iba a comenzar el velatorio,
cuando su padre volviese, que ya tenían todo arreglado y varios vecinos iban a
llegar, así que tendrían tiempo de descansar mientras tanto.
                Cerró
la puerta tras de sí y abrió la ventana con el cálido viento de verano entrando
a la habitación. El olor de la tierra mojada y las flores le encantaba: se sentía
la pureza que no había sentido en ningún otro sitio. 
                No
hizo falta prender la luz, ya que las ventanas eran tan grandes y tan sólo
vidriadas que no hacía falta tener una luz extra para iluminarse, salvo cuando
la noche caía, así que puso las cosas sobre la cama mientras Morgan
inspeccionaba la habitación, abriendo cajones, puertas y todo lo que encontraba
a su paso, curioso de lo que había allí, casi como un niño en un sitio nuevo.
Se preguntó qué tal le iría a Jack y a Marissa con su abuela. Saldría a verlos
enseguida.
—¿Cuándo
aprendiste a hablar sueco?— preguntó ya cuando estuvieron a solas en la
habitación, guardando su ropa en el ropero.
—Cuando
intentaba conquistarte— cojeó hasta la cama y la ayudó a desempacar las cosas,
desde el vuelo que el dolor en su pierna había aumentado —tú eras reacia a las
salidas a pesar de haber tenido nuestra primera cita. Pensé que aprender sobre
tu país, tu idioma podría acercarme a ti. Así que comencé a estudiar. Pero no
hizo falta eso. Acabaste cayendo rendida a mí sin necesidad de ponerlo en
práctica— y la rodeó por la cintura hablándole al oído. La besó al cuello y la
llevó a la cama sentándola sobre él a un lado de la maleta.
—Eso no es
cierto—
—Claro que sí.
No pudiste resistirte  mí—
Y no pudo
seguir hablando al verse atrapada entre sus labios. Ya poco importaba la
discusión que tenían así como que tampoco necesitaban la maleta en la cama.
Quizás, fuera
cierto. Ambos funcionaban bien juntos, por el deseo inacabable de la pasión de
ambos, su complicidad y la conexión que había entre ellos que iba más allá de
lo físico. Ella podía leerlo como un libro y él, la conocía como su novela
favorita. Predecía sus puntos, comas y desaciertos. Habían aprendido uno del
otro y eso, los mantenía juntos a pesar de todo.
                El patio de la casa era enorme. Supieron
que Kysa no mentía al decir que su casa era grande, apenas habían visto un par
de habitaciones y el patio junto a la galería, donde se haría la despedida. Había
sillas y un gran banquete y estaban preparando todo para la noche. Se acostumbraba
a hacer una cadena de oración y cantos en la noche, acompañados de comida y
bebida para los dolientes que ayudaban a guiar al espíritu hacia el descanso
eterno con sus voces. Las sillas estaban dispuestas en filas, justo delante del
féretro abierto, rodeado de flores y mientras la gente iba llegando a hacer la
despedida, iban armando las mesas. Mucha comida, regalos y algunas cosas que el
muerto necesitaría para pasar al otro lado. Incluso, se acostumbraba a hacer
los velorios comunitarios. Cuando alguien moría, los vecinos ayudaban con los
gastos, dejando una contribución, fuera mucha o poca, para pagar todo.
Kysa miraba
todo desde la entrada, había estado en varias despedidas. Cantado hasta
quedarse dormida en los brazos de su madre y se había despertado para ir de su
mano a colocar las flores o la comida que tendrían su tumba. Recordaba todo
eso, cuando le decía que morir era simplemente, dormirse y encontrarse en otro
lado, que ahora, que lo estaba viviendo por ella se sentía tan irreal. Aun le parecía
mentira estar ahí, sintiéndose en una especie de limbo, entre el malestar que tenía
en el pecho y el tener que sentirse bien para no preocupar a nadie.
—Tu madre
conocía a mucha gente— dijo Jack llamando su atención junto con Marissa y
Morgan, quienes llegaban ya listos para participar en la misa y en la
despedida. 
—¿Qué hacen
vestidos así?— pregunto Kysa sorprendida a verlos a todos de luto y eso la hizo
olvidarse un momento de todo —¿quién va a un funeral de negro?—.
—¿Quién va a
un funeral vestida de bailarina de bar cubano?— pregunto Morgan sorprendido al
verla vestida de esa manera.
Y frotando sus
sienes se preguntó exactamente cómo debería ir vestida a un funeral. No recordaba
ninguno, ninguno al que ella haya asistido donde viera a todos los concurrentes
de negro, quizás, en alguna película. Pero las películas, películas eran, esto
era la vida real y precisamente, el negro no iba a ser parte de la vestimenta
de todos.
—Creo que los
que desentonamos somos nosotros— señaló Marissa a la gente que iba llegando y
se iban saludando y dando el pésame. Nadie iba vestido del luto que ellos
acostumbraban, por el contrario, no sabían si siquiera, habían encontrado a
alguien vestido con alguna prenda oscura al menos. Los colores reinaban.
—La muerte
siempre ha sido tomada de manera excéntrica aquí. El pueblo se caracteriza por
esto de que llorar por quien se fue no soluciona nada y sólo te deprime más.
Los muertos dejan siempre sus deseos dichos. La madre de Kysa quería una fiesta
tropical si el clima era agradable o una bella Navidad si helaba— interrumpió
Karah, la abuela de Kysa contándole algunas de sus costumbres —en cambio, los
lloramos y reímos. Cantamos y agradecemos los buenos momentos que pasamos
juntos, uniendo nuestras voces para que ellos sigan su camino en el otro lado. Si
un espíritu siente la tristeza, se queda, por eso los extranjeros viven llenos
de espíritus tristes y ambientes lúgubres: no dejan ir a sus muertos y se
quedan siglos y siglos atormentándolos.
Todo era tan
natural que nunca se había preguntado por ello, sólo sabía que ellos, jamás habían
tenido un ambiente tétrico y oscuro por los muertos.
Lo cierto es
que las velas empezaban a encenderse y en aquel cálido murmullo, las oraciones
por el bienestar de la familia y por el descanso eterno se hacían eco. Algunas velas
se colocaban dentro de campanas, para que las luces de colores iluminaran a
todos. Y entre ese ambiente entre melancólico, alegre y relajado, las lágrimas
de adiós iban cantando una melodía que no entonarían de nuevo, porque cada
despedida es única, dolorosa y permanente.
Morgan abrazó
a Kysa, hasta que las luces del amanecer, fueron llevando las velas y a cada
visitante caminando hasta el cementerio, donde dejarían sus últimas palabras, y
una última vela, para que al llegar a destino, mirase atrás y supiera que había
gente que la extrañaría y que en un tiempo, lejano o cercano, volvería a ver,
aunque en otro plano. Con lágrimas más alegres y una sonrisa que les dijera:
bienvenida.

[1] Estoy en casa en sueco
[2]
¿Los ayudo con las maletas?
[3]
Estaremos bien, gracias.

<<Capítulo 15                                                                                                           Capítulo 17>>

Y esta vez no hubo caso, habrá en el siguiente, pero quería cerrar este capítulo de Kysa ya.

La verdad, esto del funeral fue una mezcla de varias culturas, que estuve leyendo sobre los funerales y entierros en diferentes culturas y la mayoría, tienen este ambiente triste  y decadente, pero algunas —son las menos, sí— lo ven como un paso a la otra vida y tal como explica la abuela de Kysa, ayudan a los muertos a encontrar sus caminos al otro lado con cánticos, fiestas y oraciones alegres, porque la tristeza sólo ata las almas a la tierra. Me gustó mucho esta interpretación y esta forma de vivir la m, junto con esto de ayudar siempre a las familias y que sean también los vecinos los que participan, por lo que quedó esta manera tan peculiar de despedir a alguien que creo que va bien con la familia de Kysa.

Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!

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2 Comments

  1. Kath Hartfiel 13 septiembre, 2016 at 12:36 pm

    ¡Oh! Que capitulo más triste… pero ha sido bonito.
    "Ella podía leerlo como un libro y él, la conocía como su novela favorita" Me ha encantado la cita… ha sido preciosa.
    Me ha encantador. <3
    Un besito

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 16 septiembre, 2016 at 2:48 am

      Me esmeré en el capítulo (?) Me alegro que te haya gustado, la verdad, esa frase también me gustó mucho XD la tenía escrita antes del capítulo, así que era esperar el momento para agregarla (?)

      ¡Un abrazo!

      Reply

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