Si perdemos el control – Capítulo 18

¡Hola! ¿Cómo están? Espero que muy bien, que anduve muy desaparecida el fin de semana y es
que, uno de mis niños, mi gatito, murió. Y bueno, no tenía muchos ánimos
de hacer nada tampoco para ser sincera. Que era una ternurita y la verdad es que su muerte fue demasiado shockeante. Como toda muerte, quizás, pero me ha quedado esa sensación terrible en el pecho de la que no me deshago. Más, como no quería tenerlos tanto tiempo abandonados, me paso a actualizar un poco las historias, que esta ya la tenía terminada desde hace unos días.

Capítulo 18
Estaban atrapados y de todas las personas con las que hubiese deseado
estar atrapados era Marissa. Si tuviera que hacer una lista, estaba seguro de
que no la colocaría si quiera entre las cien primeras, ni de última. Y era
seguro que ella pensaba lo mismo.
—¿Te sientes bien? ¿Qué debo hacer?— le preguntó preocupaba al ver a
Morgan mal.
—¿Le preguntas al inválido herido? ¡Me siento más tranquilo de estar
contigo!— se quejó arrastrándose hasta donde pudo para quedar contra la pared,
lejos del busto de la Virgen destrozado.
—Idiota—.
—Bruja—.
—Cojo—.
—Vieja—.
—Tú eres más grande que yo— refutó ella molesta intentando encontrar
un punto de escape. Con esa actitud, ninguno de los dos iba a aguantar quince
minutos más juntos.
—Mas viejo, pero me veo mejor— sonrió ladino. Bien sabía que la edad
le sentaba mejor a unos que otros —ven, ayudarme a quitarme la prótesis— le
pidió intentando hacerlo por su cuenta y fallando inútilmente.
Su pierna había quedado atrapada debajo de una viga, por suerte, era
su prótesis, de lo contrario no sabía que iba a hacer si algo le pasaba a su
pierna sana. Aunque se había lastimado la cabeza y el brazo por protegerla.
¿Por qué la había salvado? Y ahí estaba intentando encontrar la respuesta
mientras ella carraspeaba por su mala suerte.
El espacio en que habían quedado era reducido, aún así, podrían
moverse un poco. Apenas había uno o dos metros de espacio a su alredor, gracias
a la viga que había caído y se había desmoronado a partes, haciendo su pequeño
escondrijo.
Marissa se terminó por acercar a Morgan para ayudarlo. La prótesis se
había partido con el impacto y había rasgado el pantalón y lastimado la pierna
del detective. La mujer se quitó el cinto del vestido y le hizo un vendaje en
la cabeza para detener el sangrado y con esfuerzo, pues, no tenía idea de cómo
iba colocada una prótesis salvo por las instrucciones que el detective le fue
dando para que lo hiciera. Era la primera vez que estaba tan cerca de Morgan.
Los bomberos habían llegado, impidiéndoles el paso, sacando a Kysa de
allí que había estado intentando encontrar un punto para mover la cosa sin que
todo se viniera abajo. Pero tampoco tenía nada que pudiera ayudarle y ahora,
lejos de todo, se sentía mucho más inútil. Jack la contuvo apenas salió
acompañada de un bombero, que él se había encargado de los policías y el
muchacho que había atrapado.
Lo cierto es que su viaje estaba resultando mucho más animado y
movido de lo que ellos se habían esperado. Era su funeral más estresante hasta
la fecha. Y probablemente, no fueran a tener otro que pudiera superarlo o igualarlo.
—Estoy mareado. Hablame o me dormiré— dijo Morgan cerrando los ojos
al apoyar su cabeza contra la pared.
Marissa se sentó a su lado y pensó de qué podían hablar para que no
se durmiera.
—No seas tan habladora. Me aturdes—dijo con sarcasmo tanto que la
molestó a ella, diciéndole todo lo que podía decirle con su mirada.
Morgan lo ignoró.
—No sé de qué hablar. Eres tú después de todo — bufó sin saber qué
decir —¿hace cuanto usas prótesis?
Y le sorprendió escucharla preguntar eso. Sonrió de medio lado y se
rascó la barba.
—¿Jack no te lo contó? No me esperaba eso del señor bondad— se rió intentando no moverse
demasiado o se sentiría peor aún. Y con el equipo de rescate trabajando, sólo
les quedaba esperar.
—¿Por qué debería haberlo hecho?— preguntó sin entender nada.
—Porque fue por él. Fue cuando estábamos en el ejército. Salvar a mi
único amigo me costó la pierna. Y te salvé a costa de mi prótesis. Veo un
patrón en todo esto— se rió.
—¿Te arrepientes?— preguntó ella, sabiendo que había una pregunta
estúpida, pero ya no había marcha atrás.
—No. Si no lo hubiese hecho me estaría arrepintiendo ahora— dijo muy
sinceramente cuando la voz de uno de los rescatistas los sacó de su charla,
preguntándoles su situación.
Morgan se rió ¿Qué podían esperar? Se estaban montando alta fiesta
allí dentro o eso diría en el tono más sarcástico que su voz pudiera entonar.
Más, según lo que le habían dicho, iban a tardar un rato en salir de allí, así
que tenían que seguir tolerándose un rato más.
El detective suspiró profundamente y ella no le quitó la vista de
encima. Tantos años habían pasado en forjar su enervada enemistad que nunca
ninguno de los dos había tenido una charla profunda. Bueno, una vez, cuando
Morgan le había advertido sobre los peligros de herir a Jack y otra vez, justo
antes de la boda, cuando había tenido una agradable charla hablándole la
terrible locura que cometería su mejor amigo al decir sí en el registro civil y
que confirmaría en el altar ¿y es que necesitaba hacerlo dos veces? Eran las
dos ocasiones que más recordaba a lo largo de su vida y su trato mutuo. Ninguno
de los dos había si quiera disimulado por el otro y Jack optaba por ignorarlos
a ambos cuando se ponían en plan de niños berrinchudos. Más, así habían logrado
convivir durante todos esos años, incluso, cuando compartieron casa antes de
que Morgan tomara la decisión de abandonarlos y dejar que hicieran su vida de
casados sin él, algo que fue complicado, pero de lo que no se salvaban hasta la
fecha, que si no era por el trabajo, seguramente, contarían con el detective
gran parte del día en la casa.
—¿Por qué tanto esfuerzo en odiarnos?— preguntó ella tras un largo
silencio entre ambos.
—En algo tenía que ocultar mi tiempo libre— bufó él mirando hacia
arriba —¿No saldremos pronto? Me aburro aquí— dijo más alto Morgan esperando
que alguien le respondiera del otro lado.
Le habían dicho que estaban armando los colchones inflables para
levantar las vigas ya que las maquinas no serían capaz de entrar a la iglesia.
—Te sentirás un poco mejor si lo bebes— le dijo Jack extendiéndole un
vaso con café caliente —estarán bien— la intentó animar dándole un sorbo al
café. Intentaba animarse él también que al evocar los días en que los tres
convivían juntos, las discusiones constantes llegaban a su cabeza. O las bromas
que se hacían cuando él salía, una tras otra, a cual era más peligroso de los
dos.
Suspiró profundo.
—Nunca entendí por qué no se soportan—
—Imagínate a dos niños pequeños que quieren el mismo juguete y sólo
uno puede tenerlo— dijo Jack haciendo su explicación lo más simple y visual
posible.
Kysa asintió y dio un sorbo a un café. La imagen de Morgan actuando
como un niño caprichoso no era novedad, que bien poco le importaba las normas
de la agencia, la vía publica o simplemente, legales, lo que un adulto debía
hacer y todo ese protocolo social que él consideraba inútil. Y era una de las
razones por las que resultaba o terriblemente atractivo o diabólicamente
insoportable. Marissa encajaba en la segunda sin duda alguna.
Media hora más tarde, ambos salieron. Morgan fue llevado en una
camilla a la ambulancia debido a que había perdido su prótesis y se encontraba
con una contusión en la cabeza y heridas menores. Marissa estaba bien, sólo
tenía un par de raspones por el golpe, pero Morgan había amortiguado las
mayores heridas siendo él quien las recibiera.
—Deberás pagar mis cervezas por el resto de mi vida después de esto—
le dijo a Marissa mientras lo revisaban en la parte trasera de la ambulancia.
Ella rodó los ojos.
—¿No deberías decirle algo?— Jack la miró diciéndole en esas palabras
y en su mirada lo que debía hacer.
—No puedes atacar a un herido— alzó la mano Morgan al ver que ella se
acercaba con aquel rostro tan serio como inquietante.
—Gracias. Me salvaste la vida—
—Pero lo de la cerveza sigue en pie— aseguró mientras lo llevaban
dentro de la ambulancia por su pierna.
Ella volvió a rodar los ojos. Kysa se contenía las ganas de llorar y
Jack respiró aliviado completamente al verlos a ambos a salvo, que había temido
por la vida de los dos.
Los tres subieron a la ambulancia y los llevaron a casa. Morgan había
dejado claro que no iba a ir al hospital encontrándose bien, aún estaba
mareado, pero bien y si podía evitar pasar la noche en un sitio así, lo haría.
—Además, mi enfermera tiene mejor trasero que las que hay en el
hospital— dijo refiriéndose a Kysa.
El auxiliar de la ambulancia la miró con el sonrojo en las mejillas.
Se notaba que el muchacho no estaba acostumbrado a esas cosas.
—¿Estás segura, Kysa? Podrá ver más rápido a los doctores por lo de
su pierna— le insistió el conductor, el viejo Acke, como lo conocían, que había
visto crecer a Kysa y hasta ahora, volvía a encontrarla, ofreciéndole su ayuda
una vez más.
Conocía bien a su familia y había estado siempre presente por su
madre, que no podía hacer menos por la hija de ella.
—Sí, mañana iremos con el doctor—
—Te facilitaré una silla de ruedas entonces— aseguró.
Ella agradeció el gesto, sabiendo que estaba en deuda con él. Pero
las cosas sucedían así en su hogar, cuando hacía falta algo, entre los vecinos
se ayudaban. Favor con favor se paga y seguramente, si hubiese algo que él
necesitase estarían en las mismas condiciones, intentando ayudarlos. Algo que
extrañaba de su vida fuera de casa. Si no tenías conocidos, en las grandes
ciudades, básicamente, estabas solo y a tu suerte.
Los dejaron en su casa. Jack y Kysa ayudaron a bajar a Morgan y
llevarlo hasta la entrada. Era ya entrada la noche y en su casa, todos estaban
preocupados por ellos. Su padre sabia del trabajo pero aun así, lo inquietaba
que se estuvieran demorando tanto por ello ¿No deberían llamar? Más, cuando ya
estaba por hacer un surco por la vuelta alrededor de la sala, ellos entraron,
viendo su condición deplorable al llegar.
—¿Qué sucedió?— preguntó la abuela al verlos y correr hacia ellos, examinándolos
rápidamente con la mirada.
Kysa fue la que le explicó todo lo sucedido, más, su padre lo
interrumpió.
—¿Y su pierna? ¿Qué le pasó?—
—Perdí la prótesis—
—¿Prótesis?
¿Te falta una pierna? ¿Por conducir mal tal vez?— indagó su padre sin ningún
tipo de tacto, recibiendo un regaño por parte de sus hijas, pero, Morgan era
diferente: si lo atacaban, él devolvía el ataque.
—Por el
contrario de lo que piensa, que soy un irresponsable en una moto (aunque lo
soy) perdí la pierna por una bomba al combatir en Irak hace treinta años—.
Quedó en
silencio después de oír eso. No le gustaba nada aquel hombre. Saber que le
doblaba la edad a su hija no ayudaba en nada. Tampoco el hecho de que se viera
de esa manera tan informal, tampoco le gustaba su barba o ahora, el hecho de
haber participado en una guerra que lo dejara lisiado.
Pensando que
lo mejor era que ninguno de los dos siguiera con peleas inútiles y sabiendo que
Morgan necesitaba descansar a pesar de que se negara muy insistentemente, lo
llevaron a la habitación donde le pidió encarecidamente que descansara y que
evitara peleas con su padre. Luego, se encargaría de hablar con su padre, por
ahora, ella se encargaría de tratar con él. 
Jack y
Marisssa estaban en las mismas condiciones, aunque ella los invitó a que
descansaran un poco, se quedaron un rato más con la familia de Kysa, charlando
un poco en un inglés un poco torpe, pero podían manejarse bien, siendo la
abuela la que la llevaba mucho mejor ya que hablaba de maravillas idioma, tanto
que los había dejado sorprendidos a ellos de su fluidez y de que a pesar del
acento, fuera tan claro la dicción.
Kysa buscó
algo de comer y preparó todo para llevarlo a la habitación y dejarle la cena a
Morgan, que a pesar de todo, aseguraba tener hambre. Aunque tenía sus ventajas
de estar en cama, así, sería menor la tensión y los problemas entre todos, al
menos, por esa noche.
—¿Cómo te
sientes?— preguntó viéndole la venda en la cabeza.
—Estaré mejor
mañana—
—No vuelvas a
preocuparme de esa forma— le pidió abrazándolo.
Él apoyó su
barbilla en su cabeza y la abrazó. Era en vano prometer eso. El detective era
tozudo y se vivía poniendo en un peligro tras otro. Si lo prometía, más
temprano que tarde acabaría rompiendo esa promesa. 
Se quedaron
un rato así hasta acostarse. Para descansar, aunque aún con la luz apagada,
ambos seguían despiertos. Kysa abrazó a Morgan, apoyando su cabeza sobre su
pecho.
—¿Por qué la
guerra te pareció atractiva?— preguntó mientras él jugaba con su cabello entre
sus dedos, enredando sus hebras finas y observando su brillo con la escasa luz
que entraba en la habitación por la ventana. 
Se tomó unos
minutos para responderle.
—Carecía de
sueños. Tenía dieciocho años, un futuro por delante y ningún ideal por el qué
pelear. Recuerdo que entonces, fue cuando me dieron unos panfletos en el centro
comercial. Sonaba bien. A falta de sueños propios, no parecía una mala idea
luchar por los ajenos. No pienses que tenía un sentido patriota el estar en el
campo de batalla. Tampoco era por odio o el fervor de ayudar a alguien como el
de algunos de mis compañeros. Intentaba hallarme— se sonrió acariciando la
espalda de ella —y acabé perdiéndome—.
Ella le
sonrió un momento antes de incorporarse y darle un beso en los labios, rozando
su barba con sus labios hasta acabar mordiéndolo sacando una sonrisa por parte
de él.
—No te
perdiste, sólo te preparaste para encontrarme— y entre besos dulces,
apasionados y deseosos, acabaron deshaciendo la cama antes de ir a dormir.
<<Capítulo 17                                                                                            Capítulo 19>>

Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

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4 Comments

  1. Mia Lozano 24 octubre, 2016 at 5:34 pm

    No sé porque, pero a medida que iba leyendo, pensaba que iba a llegar el desenlace. xD Me ha gustado. Espero la continuación.

    Un besazo

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 25 octubre, 2016 at 3:10 am

      Pues, todavía no tengo pensado terminar la historia de Morgan que aun le falta mucho qué contar y vivir Xd

      ¡Un abrazo!

      Reply
  2. Kath Hartfiel 25 octubre, 2016 at 4:19 pm

    Lamento la pérdida de tu gatito. Ojalá te mejores pronto.
    La historia es como siempre… awwww adoro a Morgan.
    un abrazote

    Reply

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