Siete vidas de un canibal

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? Sé que hace mucho que no publico un escrito mio sin que sea participe de un reto, así que les comparto éste, uno bien retorcido y trágico como me gustan 😀 Lo hice hace un tiempo y lo tengo al protagonista en un foro de rol. Es un personaje bastante tétrico pero que me encanta, pues, tiene una mezcla de pasión, locura e inteligencia que lo hace interesante.

Siete vidas de un caníbal
               Aun
no puedes describir el momento exacto en que lo viste. Estaban molestos los
dos. Pelearon a matarse, a matarse. Tú tenías a tus bestias de tu lado, él, a
su magia oscura. Nunca habías sentido algo tan emocionante recorrer tu cuerpo.
Él te explicó que se llamaba adrenalina
y la sentías en momentos límites, tales como éste en que tu vida estaba a punto
de acabarse. Era algo maravilloso, simplemente, maravilloso. Lo adoraste desde
el primer momento que lo viste. Era un hombre magnifico, ciertamente, era magnifico.
Te perdono la vida en aquella tarde en que casi te mata. Tu último deseo era el
mismo que el de él, así que habiendo tenido tan sólo ese simple detalle en
común, decidieron conocerse un poco más. La chispa surgida en la batalla por
los dos era algo indescriptible. Ni tú mismo hubieses imaginado que existían
cosas así en el mundo humano. Era algo de lo que estabas agradecido, lo habías
pensando tantas veces, lo habías oído en tantas ocasiones sin entenderlo en lo
absoluto y ahora, ahí estabas, viviendo la vida de un humano ordinario.
               Aquel
hombre era extraordinario, lo sabías bien. Estaba ahí, frente a ti, pero
siempre había alguien diferente a pesar de ser el mismo de siempre. Descubriste
que tenía varias personalidades. Conociste a Chou en la cocina, un hombre
realmente, inigualable. Te enseñó algo que jamás pensaste posible: comer
personas. Las mataba, las maceraba y las cocinaba como  si fueran animales ¿no es algo maravilloso? Y
exquisito por sobre todo. Cada pedazo de carne, cada huesos que chupabas hasta
quitarle los excesos, era maravilloso. Chou fue quien te llevó por aquel camino
de la cocina.
Por supuesto,
convivías con seis más, pero ninguno tan excepcional como Chou. 
Estaba Ian, el
hombre que te había perdonado la vida para ir al teatro juntos. Tenía un
exquisito vocabulario y una cultura digna de admirarse. Él te enseñó tu gusto
por las artes y a reconocer a los buenos artistas. 
Dake, por el
contrario, era un tipo rudo, le gustaban las batallas. Él fue quien entró en
combate contigo y casi te liquida. Su técnica de pelea era impecable y
trabajaba conjuntamente con Chou para conseguir sus fines culinarios.  Dake se divertía matando, Chou se divertía
creando. 
Y así, nos
encontrábamos con Aetz, el artista del grupo. Usaba los huesos de las victimas
de Chou y Dake para hacer verdaderas obras de arte. Los fundía, les daba forma,
los tallaba y los rearmaba creando lo extraordinario con tan sólo huesos
humanos. 
Keu también
era un hombre digno de envidiar. Te dio el gusto por la religión, un hombre muy
creyente de dios en muchas formas, aspectos y hasta colores. La filosofía era
lo suyo ¡y qué filosofía! Había momentos en que no eras capaz de seguirle el
hilo a sus pensamientos y te perdías ¡pero qué maravilla era escucharlo! Sin
duda alguna, no había placer más grande que ése. 
Y cómo
olvidarte de Tahiel. Un encanto, el romántico del grupo de locos, aquel
lujurioso que te hizo sucumbir a los placeres carnales y disfrutar de la
llegada triunfal del orgasmo mientras te azotaba, te destruía y reconstruía
entre sus caricias torpes y sus palabras hermosas. Era capaz de tornar algo tan
bello y puro como el amor en algo sucio y vulgar, vulgar y vacio, tan vacio que
llenaba tu espíritu errante y te hacía sentir mil cosas que no podrías
describir en estas simples palabras. 
Y por último,
pero no menos importante, estaba Seti, aquel hombre reservado y sumamente
callado. Pasaba sus días sin decir mucho a menos que tuviera realmente razones
para hablar, pero cuando hablaba, sus palabras valían cada segundo que había
usado para decirlas. No era del tipo hablador, pero siempre te dejaba sin
palabras. Los amabas a todos. Te encantaban y sin darte cuenta, habías
sucumbido a los siete. Aunque Chou seguía siendo tu favorito, no te negabas a
ninguno. Eras su amante, su aprendiz y ejecutor. Todo junto por ellos. Más, te
divertías, te divertías mucho con ellos. Veías como se destruían a sí mismo de
aquella manera y eso, te llenaba el alma y te quedabas viéndolo, como primer
espectador aquel espectáculo que ellos montaban y del que eras participe
también. Mientras más se hundían en la oscuridad, más gozo te producían, más te
perdías tú también con ellos. Entre el sexo, entre la comida, entre el arte,
entre la filosofía y las palabras bonitas y hostiles. Entre todo, te ibas
fundiendo a ti mismo en él para darle una vida más interesante y para darte a
ti el espectáculo, la emoción, el amor que residía repartido entre aquellas
siete personalidades. Los amabas pero el amor para ti era algo muy oscuro e
impuro, tal y como habías aprendido de Tahiel, destruías y reconstruías lo que
tus manos tocaban. Lo sentías, él había hecho eso contigo, sólo que había sido
más fácil contigo pues, sólo eras un cascaron vacio. Fue romper el cascaron y
fundirte para hacerte lo que eres.
Pero después
de una noche de placer, una noche de lujuria, sangre y fluidos varios, no
despertó más. Dormiste entre sus brazos, mientras él tocaba tu pecho firme, con
sus dedos rugosos y con callos debido a todo lo que hacía. Te gustaba que lo
hiciera de aquella manera, se deslizaba desde tu cuello hasta tus muslos,
marcándote, dejándote la prueba de que le pertenecías a él y a nadie más. A
veces, hasta te había degustado de manera mucho más tangible y adorabas que lo
hiciera de esa forma. Te había mutilado muchas veces. El brazo, las piernas,
hasta tus genitales. Te gustaba el dolor que te producía, te gustaba, lo
adorabas y así, te consumías a ti mismo también. Habías descubierto un día de
casualidad al cortarte un dedo con un cuchillo al cocinar que podrías
regenerarte las veces que tú quisieras. Desconocías mucho de ti y ambos, desde
aquel día, supieron aprovecharlo. Tu lado masoquista y curioso exigía siempre
por más. Los orgasmos más grandes que tuviste fueron cuando te cortaban, cuando
te arrancó los genitales fue mucho, pero mucho mejor. 
Sin embargo,
eso ya no sucedería de nuevo. Ahí estaba, yacía frío en la cama, con una
sonrisa en los labios manchados con tu sangre. Lo besaste, estaba frío,
demasiado frío. Igual, recorriste todo su cuerpo con tus labios, hasta sus
zonas más intimas: el sabor había quedado en tu boca, un sabor único e
inigualable. Y querías conservarlo. Querías más, querías que estuviera junto a
ti de alguna manera. Y lo hiciste. Parte a parte. Miembro a miembro, fuiste
cortándolo y poniendo en práctica todo lo que aprendiste de él y salieron mil
recetas de su cuerpo.
Fue exquisito.
Todo y cada uno de los platos que preparaste con él fueron maravillosos. Ahora,
está contigo, está dentro de ti y está fuera de ti. Conservaste sus huesos, su
fémur es tu favorito, del cual, has hecho un hermoso bastón, así él, así Chou
estará contigo por toda la eternidad.

Espero que les haya gustado <3 ¡Se cuidan! Pasan una linda noche y un bonito día 😀

Bye!

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4 Comments

  1. Kath Hartfiel 27 mayo, 2016 at 9:13 pm

    Si, muy tétrico, pero me ha gustado. 😀
    cuídate

    Reply
  2. Yessy kan 29 abril, 2017 at 5:43 pm

    Wow, tambien me dejastes fria! Totalmente desquiciante, terrorífico y escalofriante. Magnífico texto, me encanta esta clase de lectura.
    Abrazo

    Reply
    1. Roxana B Rodriguez 2 mayo, 2017 at 4:20 am

      Describiste al personaje en el comentario. Me alegra que te gustara <3

      ¡Un abrazo!

      Reply

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