Sueños de tinta: Se fue sin decir adiós

¡Hola, hola, mis queridos soñadores! ¿Cómo los trata la vida? Espero que de maravillas realmente. He estado escribiendo un poco más, que me veo un poquito más activa por aquí, y la verdad, es que me ha estado costando un poquitín, cosas del ánimo, supongo.

Hoy les traigo un nuevo reto de Sueños de tinta, el proyecto que llevo con Berii en un servidor de Discord. Si se animan a sumarse, son más que bienvenidos <3

Y toca recordar cuentos de la infancia, y la verdad, es que no me acuerdo mucho de los clásicos. Siendo sinceros, no leía muchos cuentos infantiles cuando era niña, me gustaba leer, pero pocas veces iba por estos porque eran ‘fáciles de leer’. Así que entre que mi madre inventaba historias para mí y que yo andaba leyendo a los clásicos, poco leía de cuentos infantiles —como que leí algunos cuentos infantiles ya de adulta (?) ¡Jo!—.

Elegí Cenicienta. No es que sea de mis favoritas, pero quería darle un mejor final a esta pobre chica, que esto del príncipe azul jamás me convenció.
Escribir una historia en donde el protagonista de tu cuento infantil favorito ya es adulto.
Se fue sin despedirse

Quizás, estaba más sensible por el embarazo. Lo cierto es que se sentía sola en el castillo. Saúl apenas si le prestaba atención. Ahora, que consiguió esposa, estaba en condiciones de asumir el liderazgo del reino y por ello mismo, dedicada la mayor parte de su tiempo a ello. Más ahora que finalmente consiguió un heredero, lo que lo motivaba más aún a atender el reino.

Cenicienta se sentía sola. Ya no podía hablar con los ratones, el castillo estaba protegido contra cualquier plaga. Incluso, había visto con horror como mataban a algunos sin piedad. Las aves… apenas estaban en un jardín al que ella tenía acceso a determinadas horas. Estando embarazada, debía cuidar su salud por el futuro heredero del reino. Ni siquiera era capaz de dedicarse a sus labores cotidianas o a hacer algo que le gustase porque ella realmente no tenía la menor idea de etiqueta, modales ni todas las formalidades que eran propias de una reina.

En las noches, pasaba rutinas similares. Se quedaba sola, pocas veces Saúl iba a la habitación, salvo en contadas ocasiones. La mayor parte del tiempo, se quedaba leyendo, haciendo negocios, atendiendo a sus invitados haciendo charla de hombres hasta altas horas de la madrugada.

Entonces, su burbuja de amor se pinchaba e iba desapareciendo lentamente. A veces, se arrepentía de haber tenido tantos deseos de ir al baile, al punto de que había desperdiciado sus deseos y la oportunidad de obtener algo mejor, por un vestido y una carroza ¿en qué diablos estaba pensando? Ahora, no le faltaba ropa ni comida ni tampoco había alguien que la maltratara… al menos, no físicamente. Las miradas de desdén de la corte, aquellos que le recordaban que era sólo una pueblerina con suerte la herían. La indiferencia de su esposo era mucho peor.
Aun en ese cuchitril que llamó su hogar después de la muerte de su padre, jamás había perdido la esperanza ni experimentó la soledad como lo hacía en el palacio, rodeada de tantas personas que sólo le recordaban lo insignificante que era. Apenas llevaba un año entre ellos y deseaba haber destruido ese zapato que le cambió la vida.

Cansada de sentirse así, una noche, tomó valor y se fue a hurtadillas. Se llevó varias cosas del palacio. Algo de comida, un cambio de ropa y unas pocas monedas que pensaba usar para su niño o niña, cual fuera, ella lo recibiría feliz y rozagante, pero necesitaba primero, llevarlo a un lugar donde pudiera sentirse así. Sabía que entre la frialdad de la corte real no lo hallaría.

Equipó a un caballo, y sin decir absolutamente nada, desapareció en la penumbra de la noche. No tenía un rumbo, no tenía a nadie a quién recurrir, sin embargo, al cruzar el umbral de la entrada, se sintió libre.

Cenicienta lloró de felicidad mientras cabalgaba con el viento disipando sus lágrimas y una sonrisa floreciendo en sus labios, en su alma y en su corazón. Se tocó el vientre que ya empezaba a notarse y se sintió feliz.

Vivió a la sombra de alguien toda su vida. Y ahora, en la oscuridad más abrumadora, se sintió brillar.

Ya no existía sombra, ya no existía un yugo sobre. Ahora cuando el sol le brindara sus primeros rayos, ella brillaría, se erguiría fuerte y valerosa y haría que su propia sombra se notara.

Ya nadie la opacaría. Al fin, comenzaría a vivir su vida.

Estuve leyendo un poco, porque no tenía idea del nombre del bendito príncipe azul y me enteré que se llamaba Saúl Zatarain, la verdad, es que más allá de la versión de Disney y el cuento infantil, no leí más de este cuento, que le falta un poco de chispa, pero bueno, es lo que hay (?)

¡Un abrazo!

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10 Comments

  1. Citu 7 junio, 2019 at 10:41 pm

    Buen final una mujer no debe ser apocada por nadie.

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    1. Roxanabr 8 junio, 2019 at 11:39 pm

      Exactamente, tiene que velar por su propia felicidad también.
      ¡Un abrazo!

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  2. Yessy 8 junio, 2019 at 8:42 pm

    De nada le sirve vivir en una jaula de oro si lo que necesita es compañia y amor. Cenicienta tomó muy buena decisión, justo cuando está por traer una vida al mundo. Humildemente pero libres como los pajaritos. Una preciosidad de relato, me gusto mucho!
    Abrazo

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    1. Roxanabr 9 junio, 2019 at 6:12 pm

      Eso mismo. Cenicienta pasó de una cárcel a una más bonia y era su momento de conseguir su libertad y felicidad.
      ¡Un abrazo!

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    1. Roxanabr 9 junio, 2019 at 6:12 pm

      Muchas gracias
      ¡Un abrazo!

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  3. El Demiurgo de Hurlingham 9 junio, 2019 at 4:34 pm

    Me gustó esta visión, esta especie de secuela.
    El drama es que la protagonista no conoció el ser bien tratada, fue explotada por la madrastra y sus hermanastras. Que llegaron a borrarle el nombre, sólo se la conoce como Ceniciente, un burlón sobrenombre.
    Y se revela el desprecio de la nobleza a alguien que no debía ser tan humilde de origen, probablamente hija de alguien adinerado, aunque sin título nobiliario.

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    1. Roxanabr 9 junio, 2019 at 7:34 pm

      Me dio pena que realmente, no haya tenido felicidad ni con su familia ni con el príncipe, que no la amaba, sólo estaba con ella porque coincidía la zapatilla y era hora de que buscara un futuro donde ella estuviera primero.
      Me alegra que te gustara.
      ¡Besos!

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  4. Gisela "Bleiÿ" Brito 6 julio, 2019 at 2:22 pm

    Owww, me dio tanta ternura este final. Realmente tuvo una vida horrible para dejarse opacar por una mala decisión. Me alegra que haya huído, más allá de lo que el ahora rey y sus nobles decidan después. Lo que me lleva a pensar: ¿Qué vida tendría después con su hijo o hija? ¿Le contaría su origen? ¿Huirían a un país lejano? Me quedaré con las dudas (?), jaja.

    Que tengas una bella semana. ¡Abrazos grandes!

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    1. Roxanabr 6 julio, 2019 at 6:55 pm

      Yo creo que eventualmente le contaría su pasado. Me gusta pensar que se esforzaría lo suficiente para darle una buena vida, quizás, hasta tomaría otra identidad para seguir o comenzar una vida digna, lejos de todos.
      ¡Un abrazo!

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