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Te prometí
Si hubiese sabido que esa era la última vez que la veía, hubiese hecho más por ella. Kakashi estaba al borde de las lágrimas sosteniendo el cuerpo frío, helado de su novia.

Si hubiese sabido… le habría gustado decirle cuánto la amaba y darle un beso apasionado, de esos que a ella le encantaban y con los que nunca estaba satisfecha. Quería llegar temprano a casa y no encontrarla dormida en la mesa esperándolo con la comida fría, sino, verla despierta recibiéndolo entre sus brazos con un cálido beso, con esas prisas de deshacerse de su máscara y contemplar su rostro con esa mirada tierna y embelesada como si estuviera frente a una obra de arte.

Quería ver a su novia sonriéndole; gritándole porque llegaba tarde; frustrada porque él tenía que trabajar y ella quería una cita.

Quería, quería, quería… quería que estuviese viva y cumplir todo lo que había prometido.

Quería haber llegado a tiempo…

Había prometido tanto y había cumplido tan poco… y así, sonriendo como estaba, parecía que simplemente estaba durmiendo. Si no fuera por la herida de su pecho que había roto sus costillas y detenido su corazón, parecería un ángel durmiendo esperando por él.

Lloró contra su cuerpo abrazándola con fuerza ¡justo ella que había prometido no abandonarlo nunca! La muerte debería considerarse un tipo de abandono, uno de los más crueles y duros de enfrentar. Si él hubiese llegado un poco más antes, quizás, tan solo quizás, no le habría sido arrebatada de sus brazos tan prematuramente.

Sentía dolor en su pecho, en su garganta, en sus ojos de tanto llorar ¿Cuántas veces se había enfrentado a la muerte? ¿Por qué se empeñaba en arrebatarle todo lo que amaba? Lloró tanto que dolía y ese dolor que era emocional se volvió físico, palpable e imposible de calmar.


—Fuyuki —dijo su nombre una y otra vez, pero sus ojos seguían cerrados y sus labios no se movían en lo absoluto. Al limpiar la sangre que salía de la comisura derecha… y ella… tan pálida, tan fría, tan muerta…

Necesitaba con desesperación escucharla hablar, pero al poner sus manos en su rostro se daba cuenta de lo ridículo que era eso al sentirla tan fría como el hielo, ella que siempre había desprendido un calor tremendo. Quería escuchar la calidez en su voz cuando se ponía iracunda; las notas de alegría que había en ella cuando estaba emocionada; cuando se contenía de llorar y hablaba de manera entrecortada hasta que él la abrazaba; cuando pronunciaba su nombre en ese tono melodioso que parecía que lo reinventaba.

Kakashi la recostó en el suelo con el miedo entre los dedos. No había forma de que hiciera algo y eso, le estaba comiendo la cabeza, demasiado.

—¡Kakashi-kun! —escuchó su voz, pero su cuerpo seguía tan tieso como lo había dejado: sólo se estaba desesperando y alucinaba ¡Pero lo volvió a oír y su voz lo volvió loco!

—Calla —suplicó. La voz de ella no cesaba haciendo más doloroso ese momento, no podía echar todos esos sentimientos si ella lo seguía atormentando de esa manera.

—¡Kakashi-kun! —escuchó con más fuerza esa vez y logró abrir los ojos tocándose la cabeza.

Al ver a la mujer de verde cabellera en frente de él, la estrechó con tal fuerza entre sus brazos que podía romperla. Se sentía real: su tacto, su cuerpo, su voz, su perfume ¡Toda ella! Estaba agitado, sudando frío, con el corazón golpeándole tan fuerte en el pecho que le causaba dolor. Pero estaba bien, sólo había sido una pesadilla. Una pesadilla que casi le destruye el mundo por completo.

—Jamás me dejes —le pidió sin soltarla ni aflojar el agarre un momento. Estaba tan deseoso de sentir su cuerpo de nuevo con el suyo que no iba a dejarla ni un segundo. Aún quedaba en él la sensación de que, si la soltaba, no iba a poder recuperar su cercanía, no iba a poder volver a estar con ella.

El miedo se había apoderado de su cuerpo y la sensación de que podía perderla como había perdido a tantos en su vida se volvió real. Kakashi le tenía miedo a muy pocas cosas, salvo, a la soledad que la muerte le daba.

—Kakashi-kun, me lastimas ¿Qué fue lo que estabas soñando? —preguntó preocupada llevando sus manos hacia su espalda, girando levemente la cabeza hacia él, sin poder verlo por la postura en la que se encontraba— Kakashi-kun.

—Sólo déjame estar un rato más así contigo —le pidió intentando tranquilizarse.

Había sido una pesadilla, una maldita pesadilla. Ella estaba ahí, con él, rodeándolo con sus brazos; con su calor; con su perfume; con la suavidad de su piel rozando su cuerpo.

—Todo el tiempo que tú quieras —le dijo con una sonrisa besando su cuello y empujándolo contra la cama, quedando ella encima de él, con los brazos de su novio estrechándola contra su pecho.

Fuyuki se preocupó cuando lo vio tan agitado mientras dormía. Y en su afán de despertarlo, se puso ansiosa hasta que al fin logró que saliera del trance onírico. Ella siempre se relajaba entre sus brazos y quería que él lo hiciera también. Tenía la imperiosa necesidad de sentir que podía hacer algo más por él que simplemente estar a su lado, más en momentos así en el que no sabía qué era lo que lo atormentaba y así, no sabía exactamente cómo debía actuar con él. Quería ser quien disipara esa tristeza, los miedos y pudiera ser la causante de su alegría y todo su amor. Fuyuki quería darle todo de sí y sin duda lo haría con tal de verlo feliz.

Cuando su cuerpo se relajó por completo, Kakashi aflojó sus brazos alrededor de su mujer, acariciando su espalda con suavidad. Estaba más tranquilo, aunque todavía seguía con el miedo de cerrar los ojos y de que algo similar ocurriera. Quería verla y abrazarla y de poder hacerlo, se quedaría así siempre.

—¿Te sientes mejor? —preguntó ella rompiendo el silencio, apoyando sus brazos contra su pecho y sobre ellos, su mentón. No podía negar que estaba muy cómoda encima de él. Kakashi siempre aceptaba sus acciones como si no le molestara que ella viviera encima de él.

—Contigo aquí, no puedo estar mal —le dijo y acercó sus labios dándole un beso en la frente— perdona por despertarte.

—Está bien, mi jefe tendrá alguna consideración si llego tarde por dormir poco —bromeó con una sonrisa acariciando su mejilla izquierda. Se aprovecharía en esa ocasión de que trabaja con él.

Su dedo delineó la cicatriz que atravesaba su ojo. Él lo cerró y disfrutó de su contacto. El tacto suave de su piel lo hizo ceder a eso que no quería: cerrar los ojos con el miedo a que la pesadilla volviera, pero sólo sentía su piel de terciopelo recorrer la suya. Respiró profundo e inhaló su perfume y sonrió tontamente como si fuera un ritual que le trajera la paz que le estaba haciendo falta en su vida.

—Tienes un jefe muy comprensivo.

—Lo sé. Es una de sus pocas virtudes —volvió a bromear ella balanceando sus piernas lentamente en el aire— siempre tiene la cabeza metida en esos libros pervertidos y no me presta atención. Ni siquiera si uso un buen escote o un pantalón ajustado. Si supiera lo que se pierde —rodó los ojos y miró hacia otro lado, prestando atención por el rabillo del ojo a las expresiones de su pareja, que sabía bien que eso no iba a dejar indiferente a Kakashi.

Y dio en el clavo.

—¿Intentas seducir a tu jefe? —preguntó levantando una ceja recordando las ocasiones que veía a Fuyuki rondar su oficina con esa manera tan sensual de contonear la cadera al andar o de buscar algo en los estantes altos cuando iba con pantalones cortos, entre otras cosas que solía hacer para llamar su atención, pocas veces con éxito, pues, Kakashi era mucho más recatado y tenía un autocontrol que dejaba a cuadritos al hombre más santo.

—Un aumento me vendría bien.

Kakashi ya no aguantó y la tiró de su lado de la cama besándola con pasión.

—Creo que podemos negociar tu aumento y las horas extras.

—Lord Hokage ¿No cree que sus métodos son poco apropiados? Mi novio se pondrá celoso —dijo siguiéndole el juego rodeando su cuello.

—Tendrás que ser muy sigilosa a partir de ahora —susurró en su oído siguiéndole el juego, dándole un beso en el cuello al tiempo que su mano se posó en la espalda de ella y la hizo cambiar lugares quedando encima.

Al verse reflejado en sus ojos ámbar ya no quedaba dudas ni miedos en él. Podía sentirse de verdad feliz, amado y en buena compañía, todo gracias a ella, que había arrasado su vida como un huracán y él con gusto había dejado la ventana abierta para que pusiera su vida patas para arriba.

—Quisiera que esto jamás acabé —dijo él delineando su rostro.

Fuyuki sostuvo su mano, la besó y la entrelazó con la suya.

—Es una promesa: te amaré por siempre.

—Y yo a ti —respondió él sellando su promesa con un beso.

Se cubrieron con las sábanas y apagaron la luz de la lámpara: todavía les quedaba sellar esa promesa de otra manera.



Indice

¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Esta semana estoy participando de nuevo en mi reto, el Gym para escritores. Elegí la semana cuatro en el que el tema a tratar es el miedo (Pueden ver la consigna haciendo clic encima y leer a los demás participantes).

Venía trabajando esta idea bastante con los personajes de Kakashi y Fuyuki y me pareció interesante ponerlo en una situación como ésta, para variar. Kakashi ha sufrido mucho en su vida que a perdido a todas y cada una de las personas que le importaban, por lo que quería explotar un poquito este trauma suyo.

Aprovecho la ocasión y les recuerdo que todos los relatos que reciba hasta el 10 de diciembre, serán participes de a Antología El universo soñador, así que los invito a sumarse a la convocatoria.

Espero que lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!

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3 Comments

  1. campirela_ 26 noviembre, 2019 at 7:37 am

    Siempre Roxana es un placer leerte y no podía ser de otro modo ..tu texto siempre llega a donde tiene que lelgar al corazón .
    Un abrazo y muy feliz día.

    Reply
  2. Uuntulis 26 noviembre, 2019 at 5:45 pm

    Ains ver a Kakashi tan desesperado, tan roto, realmente me ha roto el corazón por un segundo al inicio del relato que muchas preguntas como que ha pasado, por que sucedió y cuando me atormentaban, me sumergí tanto leyendo que no pensé en algún segundo que podria ser un sueño.

    Pero te agradezco eternamente que lo fuese, por que tomar más de ahi, arrebatarle a ella a kakashi hubiera sido lo peor. Kakashi ya ha sufrido lo suficiente por toda su vida y dos más, que a él siempre le han arrebatado todo…si se sumara algo mas, él se volvería loco.

    Pensé que alguien la habia mataod e iria a cazarlo hasta destruir cada pedazo, algo interesante de ver por que siempre se le ve tan sensato, pero a hombre dolido se le justifica todo.

    Me has atrapado y más tu forma de narrar que sentí un apretón en el pecho. Sumamente hermoso.

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  3. Citu 5 diciembre, 2019 at 10:09 pm

    Uy simplemente romántico adoro a esa pareja. Te mando un beso

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